Sánchez, la imposible y enfermiza supervivencia
Debo confesar y confieso que en muchos años de visualizar día a día, semana a semana, el Parlamento español, jamás había visto recibir una mano de obleas xacobeas tan formidable como la que le proporcionó Alberto Núñez Feijóo a Pedro Sánchez. Para que luego digan que es un timorato…
En efecto. La sesión del pasado miércoles en el Congreso de los Diputados viene a confirmar lo que cualquier mínimo observador de la realidad nacional intuye desde hace mucho tiempo: los intentos desesperados de Pedro Sánchez por sobrevivir políticamente no tienen ya ningún recorrido. Pero ojo a la desesperación presidencial; hay que estar muy atentos y en prevengan.
Unas horas después, una mayoría absoluta parlamentaria pedía que se sometiera a la «cuestión de confianza» o, lo que es lo mismo, la dimisión. Salvo sorpresa de última hora, todo el que conozca mínimamente a la persona que lleva ocho años al frente de los destinos de la nación sabe que todos los requiebros político/parlamentarios que haga la oposición, por muy mayoritaria que sea en estos momentos, no serán capaces de rendir la voluntad de un primer ministro dispuesto a mantenerse en el poder. Hay otro corolario aún más grave: acorralado y con todo el poder dispuesto para el uso, Sánchez es un personaje muy peligroso.
Cierto es que todas las iniciativas de sus distintas cloacas se han estrellado contra la fortaleza del Estado de Derecho, aunque tampoco hay que exagerar al respecto. Son unos cuantos agentes de la UCO, media docena de jueces y una docena de periodistas los que han tirado de un carro extremadamente crudo.
Toda la población española conoce hoy el impasse criminal en el que ha metido a la nación Sánchez. También esa población conoce que el todavía jefe de gobierno teme que, al abandonar el poder, la justicia le eche el lazo. Fechorías no faltan. Han sido ocho años de abuso extremo de poder, mentiras, falsedad y uso ilegítimo en muchos casos de sus prerrogativas constitucionales.
De modo y manera que, llegado a este punto y a esta situación, la resistencia numantina en la que se ha instalado resultará vacua, pero sí deja un matiz enfermizo en la persona responsable de este desbarajuste democrático.
Si los ciudadanos han sido capaces de aguantar, cierto es que con un notable desaliento; la esperanza es lo último que se pierde. Esa esperanza abre un nuevo horizonte. El columnista cree que pronto.
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