Sánchez, esa inigualable vida de superlujo
Lo de Sánchez no tiene parangón en el mundo. Con el país patas arriba, con una ciudad entera desesperada ante la agresión marroquí y con millones de familias que llegan con dificultad todos los meses, el galgo de Ceuta ha decidido que tiene que descansar de un mes entero de vacaciones en Lanzarote… Y pensaba haber puesto rumbo a Andorra, esto es, compaginar mar y luego montaña… Todo a cuerpo de rey y a expensas de los esquilmados contribuyentes. Eso sí, erigiéndose falsariamente en defensor de los pobres y más necesitados.
Este sujeto no está bien de sus cabales. Imposible. Hasta el más lerdo contribuyente del reino se daría cuenta de que preside (sic) un gobierno inexistente de tal nombre, ahogado por la corrupción y a bofetada limpia entre sus miembros desde que sale el sol hasta el ocaso. Sánchez, consciente de que ya está en tiempo de descuento, decide no enterarse de nada y, en cambio, aprovechar hasta el último día las increíbles e intolerables prebendas y sinecuras que conlleva «estar» en la presidencia del Gobierno.
Este hombre que venía de las saunas gays, que llegó al poder a lomos de una moción de censura engañando a todos, no es que resulte en sí mismo un meme irreproducible en cualquier país limpio del mundo, que lo es, sino que con sus comportamientos se ríe y desprecia al conjunto del Estado, el mismo que le permite con sus impuestos llevar una vida de derroche de dinero público como jamás hubiera soñado con sus cualidades personales y técnicas.
Un mes largo de vacaciones, aislado por completo de lo que ocurre a su alrededor, no se lo permiten ni aquellos empresarios que tienen a sus espaldas más de cinco mil trabajadores. Incompetente quedó claro desde el primer momento que lo era, exactamente el día que se descubrió que no había escrito su tesis doctoral y que aquellos que la escribieron la plagiaron. Cabalgando desde hace ocho años en el detritus amarillo en sus comportamientos personales y políticos, embutido permanentemente en la mentira y el engaño, el yerno del proxeneta ha terminado por creerse no sólo que es de verdad, sino que puede hacer con España lo que le venga en gana.
En las horas que ha pasado en Moncloa, tras sus bokassianas vacaciones lanzaroteñas, no ha tenido más remedio que tragarse su estrategia anterior en relación a temas inmigratorios con la invasión magrebí de Ceuta. Ha tenido que poner en práctica, asustado y cobarde como tiene acreditado, todo lo que le sugirieron desde el primer momento la oposición y los técnicos; mientras el cachondeo de Marruecos a su costa y el desprecio del rey alauita son de los que pasaron a los libros negros de Historia.
Sus desprecios al rey Felipe VI, sus ninguneos a los ministros, el ciscarse en las instituciones del Estado, sólo pueden entenderse en un ser con el equilibrio mental muy mermado, aunque los encargados de hacerle los panegíricos (léase Cintora, la estrella de la Televisión Espantosa, o López, el cerrillesco edecán en el Pirulí) tengan que presentarle como un coloso. La enormidad de la soldada, también por cuenta del contribuyente, no les deja otra salida a todos esos ganapanes.
¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¡Pues eso! A Ceuta sólo le salva el pueblo ceutí y el resto del pueblo español, que en eso están.
PD. Del pasotismo absoluto en inmigración a la dureza en la aplicación del Pacto Europeo de Migración y Asilo. Este es Sánchez, un pollo sin cabeza en acción u omisión… Siempre a lo suyo…
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