¿A qué esperáis Sánchez y Marlaska para ir a Barcelona a apoyar a vuestros policías?
Dice el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, «¡Válgame Dios!», que se puede visitar Barcelona «con total normalidad». Si la «total normalidad» se refiere a las cinco noches de violencia extrema desatada por la ira separatista habrá que darle la razón: total normalidad, señor ministro. Centenares de heridos, una población atemorizada, carreteras cortadas, barricadas incendiarias, mobiliario urbano destrozado y una sensación de indefensión que se intensifica cada día. El escenario ideal para visitar Barcelona.
Mientras las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se enfrentan sin descanso desde hace días a los violentos radicales separatistas, el ministro del Interior, a 625 kilómetros de distancia, contempla desde su despacho -cabe suponer- lo ocurrido para concluir que no hay ningún problema en visitar Barcelona «con total normalidad». Pues la pregunta es obvia: ¿Y por qué no visitan el ministro y el presidente Sánchez la ciudad para comprobar sobre el terreno lo tranquilo que se puede caminar por sus calles? Muy probablemente, los agentes podrían ilustrarle sobre qué lugares visitar sin temor ninguno.
El ministro del Interior no pasa por sus mejores momentos. Las críticas de la Policía desplegada en Barcelona por no haber encontrado un hueco en su agenda para viajar a la Ciudad Condal y expresar su apoyo y solidaridad con los agentes que se están jugando la vida en los enfrentamientos contra los separatistas no son otra cosa que la expresión de la indignación creciente entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Tienen razón.
En situaciones de excepcionalidad como las que se están viviendo en Barcelona y otras ciudades de Cataluña, Sánchez y Marlaska deberían estar allí donde la Policía se enfrenta a un escenario de violencia extrema, allí donde la vida de millones de personas se está viendo gravemente alterada por la radicalidad de los separatistas.
Horas después de decir que «se puede visitar Barcelona con total normalidad», Marlaska matizó y dijo que «Barcelona vive una realidad complicada». Realidad complicada: ¡Válgame Dios!
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