Opinión

Los Pili y Mili de la corrupción

  • María Ruiz
  • Portadista. Especialista en 'breaking news' y noticias de nacional e internacional. Nací al periodismo en Abc, ayudé a fundar La Razón y viví en Las Provincias.

Pili y Mili fueron dos gemelas de Zaragoza que formaron un dúo musical que tuvo su éxito allá por los años sesenta y setenta del pasado siglo. Tras ese nombre artístico, protagonizaron películas de éxito que le valieron reconocimiento y recuerdo. Desde entonces, siempre que hemos querido emparejar a dos personas de condición similar en lo físico o moral, lo estético y espiritual, lo terrenal y lo místico, acudíamos a llamarlos Pili y Mili. Faltaba ponerle nombre a dos almas corruptas unidas por el sentimiento del trinque: un tipo con cejas y otro con mentón prominente, un leonés y otro gato, un mentiroso fetén y otro a ratos. Ahora ya sabemos que uno hipoteca su destino al otro. Pedro y José Luis, tanto trinca, trinca tanto.

De esto no se sale. No hablo sólo de la corrupción, por lo general poco castigada en una España acostumbrada a palpitar en el pesebre que asfalta las cuentas corrientes de millones de estómagos agradecidos. No se sale de esa sensación percibida de cártel con impunidad con el que caminaban Zapatero y Sánchez hasta antes de ayer. Ni de la constatación de que estamos ante un gobierno de mafiosos sacacuartos con auténtica vocación por el crimen. Lo de Zapatero es un jaque político que debe acabar con Sánchez fuera de Moncloa.

Que el tipo al que Alfonso Guerra llamaba Bambi, con su habitual sarcasmo, y que fue el presidente más nefasto que ha dado España hasta la llegada de su delfín, haya sido imputado por la Audiencia Nacional minutos antes de huir del país a su retiro narco paradisíaco, dice todo del nivel de putrefacción del sistema político y de un partido consagrado al crimen y a la delincuencia sistemática.

Zapatero fue retenido cuando pensaba escaparse cogiendo un avión a Venezuela, el país donde ejerció su influencia como lobista, enriqueciendo su patrimonio a costa del hambre de los venezolanos y donde la justicia de Estados Unidos lo encuadra como líder internacional de blanqueo de capitales de la sangrienta y aún vigente narcodictadura. En la España que presidió y contribuyó a dividir, a empobrecer y a corromper, lleva dirigiendo los hilos malolientes del socialismo ladrón desde que salió de Moncloa. Y se ha instituido como vértice probado de una trama de malhechores donde el tráfico de influencias, la financiación ilegal, los trapicheos de amiguetes y las llamadas a ministerios y presidencia para que hagan lo que José Luis deseaba eran una constante irrefrenable.

Si la derecha política es inteligente, la legislatura ominosa acaba aquí y ahora. Con la obligada moción de censura o con la deseable presión social y mediática. Conciliando apoyos parlamentarios o liderando una rebelión civil y cívica. Porque Zapatero no se entiende sin Sánchez, Sánchez sin Zapatero y ambos sin el PSOE, una organización creada por y para el saqueo estratégico y el robo a ley armada. Su extinción es una necesidad nacional, y sobre sus cenizas no debe crecer nada, salvo erigir un monumento al olvido. Los socialdemócratas que ahí queden no deben preocuparse, porque en Génova 13 tienen su nueva casa del pueblo.