Opinión

Movilidad ferroviaria «insostenible» con Sánchez y Puente

El lunes pasado la tragedia ferroviaria de Urda todavía no se había producido, y la precampaña del PSOE sanchista recordamos que estaba centrada en la «Fuerza del Amor». Previamente, habían ido sucediéndose diversas etapas de la misma, desde la convocatoria electoral efectuada el 6 de octubre, que se había precipitado por el rechazo del Congreso a la convalidación de dos Reales Decretos Ley sobre la vivienda.

La invasión de Ceuta del 30 de julio copaba toda la información nacional desgastando intensamente al gobierno. Y por eso se la quiso marginar del foco informativo, precisamente con la vivienda. Convirtiendo en un icono de la misma a la anciana Maricarmen desahuciada, y fallecida poco después. Que precisamente dio nombre a esos RDL. Informaciones publicadas provocaron la retirada política de la portavoz de Ferraz por la vinculación de su pareja con la gestión de un fondo buitre. Así como afectaron a la memoria auténtica de Maricarmen, ante lo que la vivienda desapareció de la campaña «progresista». Fue protagonizada además en clara vinculación con los acampados en la Puerta del Sol madrileña, en una abusiva aplicación de la ley reguladora del derecho de reunión, en evidente connivencia gubernamental como decimos.

La dimisión del Delegado del Gobierno y la desaparición de la vivienda del escenario político, tal parece que ha impulsado a los acampados a levantarla tras más de un mes instalados en Sol. Siendo sucedidos por la alta velocidad ferroviaria en el foco informativo, tras la tragedia del pasado miércoles en la localidad toledana de Urda.

Desde entonces, el ministro de Transportes, Óscar Puente, que simultanea esa responsabilidad ministerial con una intensa presencia en las redes sociales, se ha convertido en el principal protagonista político sanchista del momento. No precisamente a causa de una eficaz gestión del Transporte y la Movilidad Sostenible, sino todo lo contrario. Con los dos trágicos accidentes ocurridos en Adamuz y ahora en Urda en apenas 9 meses, y en la misma línea férrea de Madrid a Sevilla, ocasionando el de Urda 69 víctimas mortales, además de decenas de heridos que, junto a las 46 de Adamuz suponen un trágico balance de 115 fallecidos.

Se trata de una gestión que ha supuesto también una gran caída de la confianza de la población sobre un medio de transporte del que España era un referente de calidad a nivel internacional. El mismo Óscar Puente, el 27 de noviembre del pasado año en una comparecencia pública, había alardeado de que España vivía «un momento histórico» en ese ámbito. Liderándolo a nivel occidental y asegurando que la velocidad máxima de 300 kilómetros / hora en diversos tramos de la red, subiría muy pronto hasta los 350 km/hora. Y menos de dos meses después, el 18 de enero, sucedía el trágico accidente de Adamuz en Córdoba. Con unas características muy similares al actual de Urda, al suceder en la misma línea y por un impacto de un Alvia de Renfe que cubría el trayecto de Madrid a Huelva, con otro de Iryo que circulaba de Málaga a Madrid, descarrilando e invadiendo la vía del primero.

Una situación que acredita una clara falta de atención hacia el mantenimiento de una red ferroviaria que ha multiplicado el número de viajeros y reducido el de la inversión para mantenerla . Que exige «un ministro más pendiente del estado de las redes viarias, y menos de las redes sociales». Afirmando que no se plantea dimitir porque sería reconocer que «él es el responsable de lo sucedido» e ignorando voluntariamente que su responsabilidad es política, no penal, y que esa exigencia forma parte de una democracia digna de ser considerada como tal.

Por cierto, convendría que repasara la lista de ministros de Transportes, que han dimitido a lo largo del tiempo ante situaciones parecidas. Entre otros, sus colegas de Grecia en 2023 con 57 fallecidos; el de Serbia por la caída de la marquesina de una estación con 15 muertos; en 2021 en Taiwán con 50 fallecidos, etc.

Sanchez dice que van a recuperar la confianza de la gente- en la red ferroviaria-, «cueste lo que cueste». Desde luego el precio de ese coste lo pagan los españoles con sus impuestos. Y algunos incluso con sus vidas. Pero Puente sigue.