La impunidad de Mapi León
La impunidad de Mapi León es la misma de la que goza el Barça desde que me alcanza la memoria, cuando no le cerraron el campo tras el linchamiento contra Luis Figo en la famosa jornada del cochinillo y del lanzamiento de botellas de whisky, el partido del gazpacho contra el Sevilla pasada la medianoche o cuándo plantó al Atlético de Madrid en el encuentro de vuelta de unas semifinales de la Copa del Rey. Es la misma impunidad que provoca que el Gobierno de Sánchez use al Consejo Superior de Deporte para inscribir, por narices, a Dani Olmo aplicando un escandaloso doble rasero.
Por supuesto, será Daniela Caracas – la jugadora del Espanyol que fue agredida -, la que tendrá que decidir si quiere tomar algún tipo de medidas legales por la doble humillación a la que fue sometida por la altanera Mapi León. Y digo «doble», porque aparte de la agresión moral a la que le sometió, luego se añadió la chulería de la barcelonista de no reconocer lo que había hecho y demostrar algún tipo de arrepentimiento sincero. Pero pedir modestia y juego limpio al club de Negreira es pedir peras al olmo. El Barça se ha salido tantas veces con la suya de manera injusta que no es de extrañar que esa actitud se extienda a todos los estamentos del club culé.
Lo reconozco. Estoy muy enfadado. Y más por la reacción posterior de Mapi León que por su actitud sobre el terreno de juego. Hubiera bastado que la jugadora azulgrana hubiera dicho, de forma sincera, un «lo siento mucho, no volverá a ocurrir, son cosas que pasan durante un partido, y no me siento nada orgullosa de haber sido un mal ejemplo». Habría sido un gesto noble que creo que hubiera sido bien acogido no solo por la jugadora, también por toda la afición que la arropa. Me cabrea y por esta razón querría ver a Mapi León ante un tribunal, y que demuestre allá la inocencia que predica. Pero insisto en que es Daniela la que tiene que tomar esa decisión. Y la tentación de pasar página y no entrar en una vorágine que no se sabe cómo puede acabar es muy fuerte. Y es que el poder del Barça es omnímodo, y volvemos a citar a Negreira para demostrarlo.
Pero esta sensación de asco que tengo por la impunidad con la que los poderosos imponen su ley en el fútbol español no me la puedo quitar de encima. Y más después de escuchar a la presidenta de la Liga F, Beatriz Álvarez, decir que «no hay que sacar de contexto» el tocamiento de la zona genital de Daniela Caracas. Me hubiera gustado conocer cuál hubiera sido el «contexto» si hubiera sido al revés y hubiera sido una jugadora del Barça la que hubiera sido violentada. Por supuesto, el «contexto» depende mucho del poder que tenga el agresor y el agredido. Y en el fútbol español, tanto en el masculino como en el femenino, ya sabemos mucho de «contexto». Llevamos 126 años de «contexto». Tantos como años tiene el Barça. Por cierto, el Rayo Vallecano comprobó este pasado lunes las virtudes del «contexto». Y me temo que no será la última demostración de poderío culé que veremos esta temporada.
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