Opinión
Editorial

Un Gobierno que ni se digna a mirar a los ojos a los ceutíes

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha sido recibida este lunes con abucheos y gritos de «dimisión» a su llegada al Palacio de la Asamblea de Ceuta, en su primera visita a la ciudad autónoma desde la entrada masiva de 80.000 inmigrantes ilegales el pasado 30 de julio. «Sois los causantes de tantas muertes en el Estrecho por la política migratoria», le ha reprochado una ciudadana ceutí a las puertas del edificio. Saiz ni se ha dignado a mirarla a la cara.

El desprecio de la ministra no es un gesto aislado: es ya un patrón. Antes que ella, Marlaska entró riéndose en la Delegación del Gobierno entre pitadas de «cobarde» y «traidor». Luego vino Margarita Robles, que al menos se cogió del brazo de una ceutí y se la llevó de paseo, como si llevaran toda la vida siendo amigas. Este domingo, Mónica García negó el colapso sanitario que los propios médicos de Ceuta denuncian a diario. Y ahora le toca el turno a Elma Saiz para completar el trío, ignorando a quienes le gritan en la calle como si su dolor no mereciera ni una mirada. No es que este Gobierno esté desaparecido en Ceuta: es que, cuando aparece, lo hace para despreciar a los españoles.

El patrón siempre es el mismo: comportarse como una secta de fanáticos que sólo sabe repartir consignas, propaganda e insultos, porque de gestión real, la que exige mando, decisiones y sacrificio personal, no tienen ni idea. Ninguno de ellos ha dirigido nunca nada fuera del aparato del partido, y eso se nota cada vez que la realidad les exige algo más que un titular. Mientras Ceuta se ahoga, Mónica García sueña con un puestazo en la OMS, y Yolanda Díaz ya se ha comprado su sillón en la OIT a golpe de 2,3 millones de euros de dinero público. Lo demás, sencillamente, se la pela.

Lejos queda ya la imagen de una Elma Saiz eufórica anunciando 25 millones de euros para la atención de menores extranjeros no acompañados. Ni un euro, en cambio, para los ceutíes que hoy no pueden salir de su propia casa por la inseguridad que reina en sus calles. Esa es la verdadera jerarquía de prioridades de este Gobierno: silencio y desprecio para los españoles de a pie que solo piden que alguien, por fin, les mire a la cara.