España se cae a pedazos
No hay lugar en el cuerpo de la nación que no haya devenido putrefacto por Sánchez y sus cuates. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, las instituciones económicas, las grandes infraestructuras de los años 90 y posteriores, las empresas públicas repletas de incompetentes y corruptos, el Servicio Exterior… ¡Todo!
Unas cosas decididamente no funcionan; otras se han quedado obsoletas y, finalmente, en otras la falta de ética y capacidad son tan grandes que todo está abocado al fracaso. Ahí está como botón de muestra la otrora orgullosa Alta Velocidad Española (AVE), hoy convertida en pasto de memes para el trote de borriquillos. Y qué decir de aquellas autovías que se emprendieron e inauguraron a finales del siglo pasado, que se levantaron y asfaltaron con ayuda de la UE y hoy parecen quesos de gruyere por los agujeros que lucen.
Esto no funciona. Se pongan como quieran. Ministros que no tienen idea de lo que se traen entre manos; asesores por precio; amigos y compañeros de pupitre por doquier. Los antiguos técnicos que habitaban en las administraciones eran tipos que sabían de lo suyo y han sido sustituidos por políticos de parte que, si pueden, arramplan con lo que no les pertenece.
El tapón, tras ocho años, se apellida Sánchez. Sus deudos, amigos y colocados han imitado al jefe y han asumido como propio el estilo de un villano indigno de dirigir la nación más antigua del mundo. Su objetivo es el control de todo y de todos, pasando por la infumable y delictiva RTVE hoy en manos de un repugnante edecán que reparte lo que no es suyo y que se cree un Walter Cronkite revivido en malagueño. Sánchez dice presidir un consejo de ministros tan podrido como caro. Los intereses generales les importan tanto como una higa. Lo suyo es lo importante; lo de su mujer; lo de su hermano y, ahora mismo, lo de un tal Borja Cabezón, que es antes cabezón que Borjita. Apesta a podrido.
Por si faltaba poco en esta orgía de incompetencia y sinvergonzonería, anuncia su «regreso» otro personaje deleznable que tiene mucha culpa sobre todo lo que está ocurriendo en este país. Iván Redondo, mitad lerdo, mitad soldado mercenario, sólo puede hacer fortuna en medio de un país sumido en el detritus y la descomposición.
¡Pues eso!
PD. En lo político, ahí tienen a los grandes estadistas del momento: Una tal Pérez y un tal Rufián que se ha creído que es de verdad.
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