En cohete van la deuda y los precios
Los psiquiatras lo tienen protocolizado de forma fehaciente: tras la depresión suele venir el subidón. Es lo que, al parecer, le ha ocurrido a Sánchez, que ha vuelto de sus vacaciones retribuidas inflado como un sapo terrero en celo subido en un cohete que regresa victorioso de Cataluña. Una cosa es una cosa y otra bien distinta es otra, señor presidente.
La economía va como un cohete para usted mismo, su familia y sus conmilitones agraciados. El resto tengo mis dudas, aunque las macrocifras sean las que son. Gracias a sus auto y exageradas medallas hemos comprobado, en efecto, que usted no coge el carrito de la compra, ni lo llena usted con su dinero. Ya sabemos que eso es para los mortales y el señor jefe del Gabinete es inmortal o está en vías.
Lo que va como un cohete es la deuda pública y el déficit. La deuda alcanza el 120 por cien del PIB, sobrepasando ya el billón seiscientos mil millones de euros. Si la economía española (exclusivamente los datos macroeconómicos, que en nada se compadecen con las economías domésticas) son esperanzadoras lo son por la sociedad civil profesional y por los empresarios a los que el Gobierno ayuda poco o nada, y en muchos casos sólo opera a la contra. En determinados supuestos atacando sectores concretos y ad hominem, en otros generalizando y criminalizando.
Los datos oficiales (precisamente) no dejan lugar a dudas. Un tercio de los hogares españoles tienen serias dificultades para llegar a final de mes. Millones de desempleados sobreviven a duras penas a cuenta de las paguitas. Una realidad que se puede tocar con los dedos. No es algo de lo que un jefe de gobierno que se precie pueda sacar pecho, doblando la tasa de paro de los países europeos. Sánchez, si. Ahí está pareja su credibilidad personal. Bajo cero.
Seis años en el poder han embotado la personalidad de un dirigente político que se cree lo que no es. Ni hace milagros ni los propicia. Simplemente se trata de un ciudadano arrojado, temerario y con una miaja de suerte para él, no para los intereses generales de su país ni de sus ciudadanos.
Pedro encapsulado en la denominación Sánchez navega rumbo a lo desconocido en un cohete. Ahora quizá comprendemos la razón por la que no se baja del Falcon. Está preparando su cuerpo para la presurización espacial. ¡Vivir para ver!
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