Cambio climático

El vino español busca más altitud para afrontar el cambio climático en Rioja y Ribera del Duero

Grupo Barón de Ley reúne a expertos para analizar el impacto del cambio climático en el vino español

La vendimia se ha adelantado un mes desde 1990 y 2025 fue la más corta y cara de los últimos años

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las viñas que producen el vino español más valorado llevan años mirando hacia arriba. El cambio climático ha convertido la altitud en el recurso más preciado de bodegas como El Coto de Rioja y Coto de Caleruega, que ven cómo las temperaturas extremas amenazan la calidad de la uva y, con ella, el perfil de los caldos que llegan al consumidor.

Esta semana, Grupo Barón de Ley celebró en Madrid una jornada con expertos de la D.O.Ca Rioja y la D.O. Ribera del Duero para analizar el impacto del cambio climático en la viticultura y la respuesta que el sector está articulando. Víctor Fuentes, director general del grupo, abrió el encuentro poniendo el foco en la adaptación: no ya como opción, sino como necesidad.

La uva bloqueada por el calor

Por encima de los 33 grados centígrados, la planta deja de funcionar con normalidad. Lluís Laso, director técnico de Coto de Caleruega, lo explicó sin rodeos: «la uva se bloquea y los vinos tienen taninos más duros porque la piel no ha madurado lo suficiente». Es un problema de fondo que afecta directamente al perfil organoléptico de los caldos.

Los datos presentados en la jornada ilustran la magnitud del fenómeno. En Peñafiel, uno de los grandes núcleos de producción de la Ribera del Duero, se registraron 30 días con temperaturas superiores a los 30 grados en 2024; en 2025, esa cifra se disparó hasta los 45. En Caleruega, los registros se mantuvieron en 15 días ambos años, lo que confirma el papel protector de la altitud frente al calor extremo.

Viñedos en Coto de Caleruega en la D.O. Ribera del Duero.

Un mes menos para vendimiar

El cambio climático también ha comprimido el calendario vitícola de forma drástica. Si en 1990 la vendimia se realizaba habitualmente en torno al 15 de octubre, hoy se ha adelantado a la primera quincena de septiembre. Un mes entero perdido en tres décadas que obliga a repensar toda la cadena de producción.

La cosecha de 2025 fue descrita como la más corta y cara de los últimos años. Una primavera lluviosa seguida de un verano muy caluroso redujo la producción de forma notable, disparando el precio de la uva. La combinación de menor volumen y mayor coste está forzando a toda la cadena del vino a replantearse estrategias.

Granizo y escorrentía

La Ribera del Duero, además del calor extremo, enfrenta otro problema creciente: la inestabilidad climática. Laso describió la climatología de la zona como «más traicionera», con un incremento notable de las tormentas de granizo y una mayor pérdida de suelo por escorrentía. Dos factores que dañan directamente la vid y comprometen la regularidad de las cosechas.

El aumento de las temperaturas está redefiniendo el comportamiento del viñedo en la D.O. Ribera del Duero.

La respuesta adoptada pasa por regular el desplazamiento de la tierra mediante cubierta vegetal y por un control más exhaustivo de la meteorología. Anticipar el comportamiento del clima, aunque sea con horas de margen, permite tomar decisiones en el viñedo que reducen los daños. La información ya es, en sí misma, una herramienta de adaptación.

Viticultura de montaña

Ante este escenario, los ponentes llegaro a decir que el sector vitivinícola practica cada vez más «una viticultura de montaña». No se trata de una tendencia marginal: productores y bodegas de toda España buscan zonas más elevadas para garantizar la estabilidad en el cultivo y en la producción de vino. La altura ofrece temperaturas más suaves, ciclos vegetativos más largos y una maduración más equilibrada de la uva.

Junto al cambio de localización, las bodegas han adoptado medidas agronómicas concretas. El sombreado de las parras y la orientación norte-sur de los viñedos, con cierta tendencia al noroeste, permiten reducir la exposición directa al sol en las horas de mayor calor. Pequeños ajustes que, sumados, marcan la diferencia en la calidad final del vino.

Finca Carbonera, el viñedo más alto de Rioja

En la D.O.Ca Rioja, El Coto de Rioja lleva casi dos décadas apostando por la altura. César Fernández, director técnico de la bodega, presentó Finca Carbonera como el ejemplo más claro de adaptación climática dentro de la denominación. El proyecto arrancó en 2008 con un objetivo claro: elaborar vinos blancos de calidad en un escenario de calentamiento progresivo.

La finca supera las 500 hectáreas, de las cuales 180 están plantadas de viñedo. Sus altitudes oscilan entre los 737 y los 997 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en el viñedo a mayor altitud de toda la denominación. El clima continental y los suelos pedregosos de alta capacidad drenante favorecen una maduración más pausada de la uva y preservan su frescura, un valor en alza en un mercado que rechaza los vinos planos y excesivamente alcohólicos.

Hacia la viticultura del futuro

Las experiencias de Grupo Barón de Ley en Coto de Caleruega en la Ribera del Duero y de El Coto de Rioja en la Rioja apuntan en la misma dirección: la altitud se ha convertido en una estrategia activa frente al cambio climático. Zonas que hace décadas se consideraban demasiado frías para la correcta maduración de la uva son hoy las más cotizadas por ofrecer precisamente esa frescura que el mercado demanda.

El cambio climático ha reescrito el mapa del vino español, y las bodegas que antes lo vieron como una amenaza lo gestionan ahora como una palanca para redefinir la calidad de lo que producen.