Frío en Madrid

Madrid reduce casi un 90% la mortalidad por frío en 130 años aunque el riesgo por calor extremo persiste

Investigadores del CSIC analizan 130 años de muertes vinculadas a temperaturas extremas en Madrid

El calor extremo sigue causando en torno al 1% de fallecimientos desde principios de los 2000

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El frío en Madrid ha dejado de ser una de las principales causas de mortandad que ha marcado el invierno en la capital durante el siglo XIX. Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que las muertes asociadas a las bajas temperaturas en la ciudad han descendido casi un 90% en los últimos 130 años.

La caída se atribuye a mejoras en las condiciones de vida, los sistemas de calefacción y la atención sanitaria. Los resultados acaban de publicarse en Scientific Reports.

El trabajo, liderado desde el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC (IEGD-CSIC), analiza el impacto de la temperatura en 1,9 millones de fallecimientos registrados en la capital entre 1890 y 2019. Se trata del análisis más extenso realizado hasta la fecha sobre la relación entre clima y mortalidad en una ciudad española, y sus conclusiones dibujan una transformación histórica sin precedentes.

El gran descenso del frío

Las cifras son contundentes: las muertes atribuibles al frío extremo pasaron del 2,2% en la década de 1890 al 0,3% entre 2010 y 2019, una reducción de siete puntos. Las asociadas al frío moderado cayeron aún más, del 10,8% al 1%, lo que supone una reducción cercana a diez veces. En conjunto, la vulnerabilidad de los madrileños ante las bajas temperaturas se ha transformado radicalmente.

«Este descenso fue especialmente evidente a lo largo del siglo XX. En las primeras décadas analizadas, la exposición al frío generaba efectos prolongados, con incrementos de mortalidad que podían extenderse durante varias semanas», explica Dariya Ordanovich, investigadora del IEGD-CSIC y autora del estudio. En las décadas más recientes, en cambio, esos efectos son más breves y de menor magnitud.

Más allá del clima

El calentamiento global ha contribuido a este proceso: desde finales del siglo XIX, la temperatura media en Madrid ha aumentado unos 2,2 °C, reduciendo la frecuencia de días extremadamente fríos. Sin embargo, los investigadores advierten de que el cambio climático no explica por sí solo la caída del 90% en la mortalidad por frío moderado.

Según el sector científico, este descenso coincide con transformaciones estructurales profundas: la expansión de las infraestructuras urbanas, la generalización de la calefacción doméstica, las mejoras sanitarias y el aumento general de la esperanza de vida. Madrid pasó de unos 470.000 habitantes a finales del siglo XIX a más de 3,5 millones en la actualidad, con todo lo que eso implica en términos de desarrollo urbano y social.

El calor, una amenaza que persiste

La situación es muy distinta cuando se analiza la mortalidad vinculada al calor. Aunque las muertes por calor moderado también disminuyeron —del 1,8% al 0,6% en 130 años—, las asociadas al calor extremo apenas se redujeron a la mitad, pasando del 1,2% al 0,8%. Más llamativo aún: esta cifra lleva estabilizada en torno al 1% desde principios de los años 2000, sin mostrar la tendencia descendente que sí se observa en el frío.

«A diferencia del frío, cuyos efectos pueden prolongarse hasta tres semanas, el calor presenta un impacto más inmediato: el incremento del riesgo se concentra en los primeros días tras la exposición», precisa Diego Ramiro Fariñas, investigador del IEGD-CSIC y coautor del trabajo. Este patrón diferenciado tiene implicaciones directas para las políticas de salud pública.

Envejecimiento y vulnerabilidad

El envejecimiento de la población madrileña aparece como un factor determinante para entender por qué el calor extremo no sigue la misma trayectoria que el frío. En la actualidad, el 20% de los habitantes de Madrid supera los 65 años, y las personas mayores de 60 han sido históricamente más vulnerables a ambos extremos térmicos.

«El progresivo envejecimiento de la población madrileña constituye un factor clave para interpretar la persistencia del riesgo asociado al calor extremo», señala Ordanovich. En un contexto de mayor frecuencia de olas de calor derivado del cambio climático, esta vulnerabilidad adquiere una dimensión sanitaria cada vez más urgente.

Metodología avanzada

Para cuantificar estos efectos, el estudio aplica Modelos No Lineales de Retardo Distribuido (DLNM), una técnica estadística que analiza simultáneamente la intensidad de la exposición térmica y su distribución temporal en los días posteriores. Este enfoque permite calcular la «temperatura de mínima mortalidad» —el umbral donde el riesgo es más bajo— para cada década analizada, lo que hace posible rastrear cómo ha evolucionado históricamente la vulnerabilidad de los madrileños ante el clima.

Los resultados subrayan que, aunque Madrid ha reducido notablemente su exposición al frío letal, el calor extremo sigue representando un riesgo sanitario real en una ciudad más envejecida y más cálida que nunca.