Investigación científica

Descubrimiento mundial en Loro Parque: los delfines distinguen plástico, aluminio y acero sólo con su sonar

Achille y Clara, dos delfines mulares del centro ubicado en Tenerife, eligieron el material correcto sólo con el oído

El hallazgo, publicado en una revista de referencia mundial, ayuda a proteger a los cetáceos del ruido

Mucho más que un simple zoo: Loro Parque muestra su modelo de bienestar animal para acoger más orcas

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los delfines pueden reconocer de qué está hecho un objeto sin verlo, guiándose sólo por el sonido y mientras nadan. Un equipo internacional lo ha demostrado por primera vez en Loro Parque, en Tenerife. El hallazgo abre una vía inédita para entender a los cetáceos y protegerlos del ruido que invade los océanos.

Un equipo internacional de científicos ha aportado nuevas claves sobre cómo los delfines mulares (Tursiops truncatus) combinan la ecolocalización y el movimiento para distinguir objetos de distintos materiales. La investigación se ha desarrollado íntegramente en las instalaciones de Loro Parque.

El estudio, publicado en The Journal of the Acoustical Society of America, es el primer trabajo que combina cognición y acústica con los animales del centro tinerfeño. Un hito que lo sitúa en la vanguardia mundial de la investigación con cetáceos.

Qué dice el estudio

El trabajo, firmado por investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca y Loro Parque Fundación, demuestra que los delfines distinguen esferas de plástico, aluminio, latón o acero usando exclusivamente su biosonar. Lo logran aunque los objetos sean visualmente idénticos.

La gran novedad es que lo hacen en movimiento. Hasta ahora, la mayoría de experimentos se realizaban con el animal quieto en una estación; aquí, Achille y Clara resolvían la tarea nadando, en una situación mucho más parecida a la caza real en mar abierto.

Para ver con el oído, el delfín emite ráfagas de ‘clics’ ultrasónicos y escucha el eco que rebota en cada objeto. Con esa información construye en tiempo real una representación mental de su entorno, como un ecógrafo que dibuja una imagen a partir del sonido.

Un sonar afinado al milímetro

Ese sonar natural es extraordinariamente potente. Los clics del delfín mular duran millonésimas de segundo, rondan los 130 kilohercios —muy por encima del oído humano— y alcanzan hasta 228 decibelios, una intensidad que supera a cualquier sonar fabricado por el hombre a corta distancia.

Su alcance impresiona: un delfín mular puede localizar una esfera metálica de apenas unos centímetros a decenas de metros de distancia. En trabajos previos de este mismo equipo llegaron a diferenciar objetos separados por el grosor de un cabello: hasta 0,1 y 0,3 milímetros.

El reto añadido es la velocidad. Bajo el agua el sonido viaja a unos 1.500 metros por segundo, casi cinco veces más rápido que en el aire. El delfín separa ecos que distan millonésimas de segundo; por debajo de ese umbral, los sonidos se funden en uno solo.

Achille y Clara, voluntarios

El equipo entrenó a Achille y Clara, dos delfines mulares residentes en Loro Parque, para que aproximaran nadando a un par de esferas suspendidas en el agua. Debían seleccionar, sólo con el sonido, la que estaba hecha del material correcto.

Con hidrófonos de alta sensibilidad y cámaras subacuáticas sincronizadas, los investigadores registraron cada gesto. Observaron cómo orientaban la cabeza, corregían la trayectoria y ajustaban sus clics en los instantes previos a decidir.

Los dos delfines participaron de forma completamente voluntaria en todas las sesiones. Un hecho que refleja el alto nivel de bienestar animal y el vínculo de confianza construido con sus cuidadores tras años de entrenamiento en positivo.

Un entorno difícil de replicar

Esta investigación no habría sido posible sin el entorno único de Loro Parque. La calidad de los cuidados veterinarios, la experiencia de los entrenadores y las infraestructuras especializadas resultan muy difíciles de reproducir en otros contextos.

Esos factores han permitido obtener datos de un rigor y una precisión excepcionales. El presidente del Grupo Loro Parque, Wolfgang Kiessling, subrayó que el estudio reafirma su «compromiso inquebrantable con la ciencia y con la protección de la biodiversidad».

«No sólo cuidamos de nuestros animales con los más altos estándares de bienestar, sino que abrimos nuestras puertas a la comunidad científica internacional para generar conocimiento vital para salvar los océanos», afirmó. Sin esa colaboración, añadió, hallazgos así no podrían producirse.

Delfines frente a marsopas

El estudio pone además el rendimiento de los delfines mulares en relación con el de las marsopas comunes, otro cetáceo dotado de ecolocalización. Ambas especies exploran el objetivo de forma parecida: giran la cabeza y varían su nado para «barrerlo» con el sonido.

La diferencia está en la señal. El delfín usa clics de banda ancha, mientras que la marsopa emplea un sonido más estrecho y de frecuencia muy alta. Esas distintas «voces» les otorgan capacidades de discriminación diferentes.

El hallazgo aporta pistas valiosas sobre cómo la evolución ha moldeado el sonar de cada especie. Un ajuste fino a sus necesidades biológicas y al entorno acústico concreto en el que vive cada una.

Un escudo frente al ruido

Entender con este detalle cómo perciben su entorno tiene una aplicación directa en la conservación. Permite anticipar cómo el ruido submarino de origen humano —barcos, obras, prospecciones— interfiere en su capacidad para localizar alimento, orientarse o comunicarse.

Sara Torres, científica responsable del proyecto, lo resume así: los delfines «ajustan activamente sus movimientos y la producción de sonido para ‘ver’ la composición de los objetos mientras nadan». Un conocimiento básico para proteger mejor a la especie.

«Es fascinante comprobar cómo Achille y Clara utilizan sus clics para obtener información detallada de lo que les rodea», destaca la investigadora. Ese saber, señala, permite diseñar medidas de conservación más eficaces y adaptadas a cada especie.

Ciencia de referencia mundial

El artículo, titulado Target discrimination during active swimming in bottlenose dolphins, se ha publicado en The Journal of the Acoustical Society of America (JASA), una de las revistas de referencia mundial en acústica. Lo firma un equipo encabezado por Sara Torres Ortiz, con participación de Loro Parque Fundación.

La investigación ha sido financiada por la Office of Naval Research, el Human Frontiers Science Program y la Fundación Carlsberg. Un respaldo que amplía la frontera del conocimiento sobre la cognición animal.

Con estos apoyos, el trabajo trasciende el delfinario y se convierte en una herramienta para la gestión y protección de las poblaciones silvestres de cetáceos en todo el mundo.

Conclusiones

El estudio confirma que los delfines mulares no sólo detectan objetos, sino que reconocen de qué están hechos usando sólo el eco, y lo hacen en pleno nado. Es la primera evidencia mundial de esta capacidad en movimiento.

También demuestra que delfines y marsopas comparten estrategia pero no herramienta: cada especie ha afinado su sonar de un modo distinto. Una lección sobre cómo la evolución resuelve un mismo problema por caminos diferentes.

Para la ciencia y la conservación, el mensaje es claro: proteger a los cetáceos pasa por preservar el silencio de su hábitat. En el océano, escuchar bien puede ser la mejor forma de ver.