Radiografía del comprador

Renta alta, varón y piso en Madrid: así es la radiografía del comprador de coche eléctrico en España

Un estudio, realizado con datos reales de la DGT, demuestra que el acceso al eléctrico es desigual

Barcelona y Madrid concentran la mayoría de propietarios de coches eléctricos en España en 2026

Las subvenciones MOVES benefician sobre todo a quienes podrían pagar el eléctrico sin ellas

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El comprador de coche eléctrico en España ya tiene nombre, apellidos y código postal: percibe ingresos muy por encima de la media, atesora un título universitario y vive en una gran ciudad.

Un estudio de la Universidad del País Vasco (EHU) y el centro de investigación BC3 ha trazado, por primera vez con datos reales del parque automovilístico, la radiografía exacta de quién conduce un eléctrico en España y por qué las ayudas públicas no están acelerando la transición.

El transporte por carretera es el único sector de la economía española cuyas emisiones de gases de efecto invernadero siguen creciendo. España se ha fijado el objetivo de alcanzar 5,5 millones de coches eléctricos en 2030, pero hoy apenas circulan 600.000, según datos de la DGT. La brecha entre meta y realidad es enorme, y la investigadora Mercè Amich, de la Facultad de Economía y Empresa de la EHU, ha querido entender por qué.

Renta y estudios mandan

Los resultados del estudio realizado por la investigadora de la EHU, Mercè Amich, son concluyentes: los tres factores que más determinan si alguien comprará un coche eléctrico en España son los ingresos económicos, el nivel educativo y el lugar de residencia.

A mayor renta, mayor probabilidad de tener un eléctrico en el garaje. La investigación confirma que la mayoría de propietarios de coches eléctricos tienen estudios universitarios y residen en grandes ciudades, con Barcelona y Madrid a la cabeza.

Lo que distingue a este estudio de los anteriores es la calidad de la fuente: hasta 2021 sólo se disponía de encuestas sobre intención de compra, que no reflejaban el comportamiento real. Ahora, por primera vez, se analizan datos reales de titularidad de vehículos, lo que convierte al trabajo en la primera radiografía fidedigna del comprador de coche eléctrico en España.

Las subvenciones MOVES fallan

El análisis no se detiene en el perfil del comprador. Amich y su equipo han cruzado esos datos de propiedad con la distribución territorial de las ayudas de los planes MOVES del Ministerio para la Transición Ecológica, y el diagnóstico es severo: los recursos públicos no están llegando a quienes más los necesitan ni están impulsando una renovación efectiva del parque de coches.

«Vemos que las ayudas se están dando a personas que se podrían permitir un coche eléctrico sin ellas. Esto significa que no están cambiando el comportamiento de compra, que es precisamente el objetivo de este tipo de políticas públicas», señala Amich. En otras palabras, el dinero público subvenciona decisiones que ya estaban tomadas, sin mover un solo comprador desde el coche de gasolina hacia el eléctrico.

El Tesla y el tope de renta

El ejemplo que utiliza la investigadora lo ilustra sin rodeos: una persona con gran fortuna en Madrid que quiere un Tesla recibe la misma ayuda que alguien con recursos mucho más limitados.

«Se está destinando mucho dinero público para subvencionar coches bastante exclusivos y caros a segmentos de la población muy pequeños que ya tienen la capacidad económica para hacer la inversión», critica. La solución que propone el estudio es directa: introducir un límite de renta para acceder a las subvenciones, igual que ocurre con otras ayudas públicas.

El problema tiene otra dimensión ambiental que agrava el diagnóstico. Muchos compradores de coches eléctricos no retiran su antiguo vehículo de combustión: sencillamente añaden el eléctrico a su flota familiar. El resultado es que el parque total de coches crece, el coche más contaminante sigue circulando y el efecto ambiental de las ayudas se diluye. Algunas convocatorias de los planes MOVES exigían llevar el vehículo antiguo al desguace, pero ese requisito fue suprimido.

Portugal como espejo

La investigadora no duda en señalar a Portugal como referente al que España debería mirar. El país vecino ha logrado una adopción del coche eléctrico notablemente superior a la de España sin necesidad de recurrir a los países nórdicos, históricamente los líderes europeos en electrificación. La clave, según Amich, está en diseñar políticas más equitativas que amplíen el acceso a esta tecnología más allá de las rentas altas.

El parque de coches español es uno de los más envejecidos de Europa, lo que supone un doble problema: más emisiones y menos renovación. Si los compradores de coches eléctricos siguen concentrándose en hogares ya acomodados, la electrificación seguirá siendo un privilegio de clase antes que una herramienta de descarbonización.

Más allá de la brecha social

La investigación, publicada en la revista Energy Economics y elaborada en colaboración entre la EHU y el BC3, apunta que sin una corrección en el diseño de las subvenciones los objetivos climáticos no se cumplirán. El comprador tipo de coche eléctrico en España —urbano, con estudios superiores y renta elevada— no necesita que el Estado le ayude a comprar un segundo o tercer coche.

El estudio propone, además, revisar los criterios medioambientales: que la ayuda quede ligada a la retirada efectiva del coche de combustión más antiguo, de modo que cada eléctrico que entre al mercado suponga la salida de un contaminante. Sin esa condición, las subvenciones financian flotas más grandes en hogares que ya tienen recursos, en lugar de acelerar la transición ecológica que justifica el gasto público.