Ciencia

Científicos alertan de un monstruo de río de dos metros que está devorando carpas y barbos en un pantano de Andalucía

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Los pescadores llevan tiempo advirtiendo de una situación cada vez más preocupante en el pantano de Iznájar, ubicado en las provincias de Córdoba, Málaga y Granada, debido a la presencia del siluro, un depredador que puede alcanzar los dos metros de longitud y los 100 kilos de peso. Ahora, un estudio realizado por Carlos Fernández, catedrático emérito de Zoología de la Universidad de Córdoba, y publicado en la revista Fisheries Management and Ecology, revela que las capturas de carpas y barbos han disminuido un 76% entre 2008 y 2025.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los datos de 175 concursos oficiales en los que participaron 1.877 pescadores. Todas las competiciones seguían unas condiciones similares, con una caña por participante, cuatro horas de duración, pesaje controlado y devolución de los peces vivos al embalse. Los resultados muestran un deterioro considerable de las capturas; el peso medio conseguido por cada pescador pasó de 4,6 kilos por hora a sólo 1,1 kilos. Asimismo, mientras en 2008 sólo el 2,7% de los participantes se marchaba sin pescar nada, en 2025 ese porcentaje alcanzó el 39,5%

Preocupación por el siluro en el pantano de Iznájar

Carlos Fernández analizó las condiciones ambientales y la calidad del agua del embalse para comprobar si existían otros factores que pudieran explicar la reducción de las capturas. Sin embargo, sus conclusiones señalan directamente al siluro, una especie cuya presencia quedó documentada científicamente en Iznájar en 2011. Algunos pescadores de la zona sostienen que ya habían observado ejemplares pequeños, de alrededor de medio kilo, desde 2003. Los datos reflejan que el mayor desplome de las capturas tuvo lugar durante los primeros años del periodo estudiado, a partir de 2008. Desde 2012, los resultados permanecen estancados en cifras muy reducidas.

El investigador utiliza una comparación bastante gráfica para explicar las consecuencias de introducir este animal en el ecosistema: «imagine que se soltaran leones por el campo». Además de alimentarse de otros peces, su presencia cambia los hábitos de las especies autóctonas y dificulta su captura por parte de los aficionados. «Su sola presencia hace que carpas y barbos cambien de comportamiento y se dejen pescar menos, y altera el funcionamiento de todo el embalse», detalla a Diario Córdoba.

Fernández también advierte de las posibles repercusiones económicas que puede tener esta situación. Una menor afluencia de pescadores podría traducirse en menos clientes para bares, restaurantes y comercios de Rute, Iznájar y otros municipios cercanos. «La pesca recreativa no es solo un pasatiempo. En los municipios que rodean Iznájar es una tradición, un punto de encuentro entre vecinos y una fuente de visitantes durante todo el año. El embalse también abastece de agua, riega cultivos, produce electricidad y acoge actividades de ocio y restauración», asegura.

En cuanto a las posibles soluciones, la Asociación Medioambiental de Pescadores del Pantano de Iznájar (Amapila) ya tiene autorización para capturar siluros. Sin embargo, los resultados están siendo limitados: durante este año apenas han conseguido retirar unos 500 ejemplares. La asociación considera que los recursos y medios disponibles son insuficientes para hacer frente a la proliferación de esta especie.

Resultados del estudio

El siluro europeo, originario de los grandes ríos de Europa Central, es una especie invasora que lleva varias décadas instalada en el sur de España. Su introducción estuvo relacionada con la pesca deportiva, pero su expansión ha tenido consecuencias negativas para los ecosistemas acuáticos. La Universidad de Córdoba (UCO) lo define como un animal «oportunista, voraz y agresivo» que puede vivir más de 100 años y alimentarse de una gran variedad de especies. Su dieta incluye peces, anfibios, pequeños mamíferos e incluso aves acuáticas, lo que lo convierte en una amenaza para la biodiversidad de los ríos y embalses donde consigue establecerse.

Al estudiar la evolución de los resultados de las competiciones, Fernández-Delgado identifica 2012 como el año que marca el principal punto de inflexión, de acuerdo con los modelos estadísticos empleados. En 2008, la probabilidad estimada de finalizar un concurso de pesca sin capturar ningún ejemplar era de apenas un 2,72%. Sin embargo, en 2025 ese porcentaje había aumentado hasta el 39,47%, lo que refleja un cambio muy significativo.

Introducción en España

La llegada del siluro a España se sitúa en el año 1974, cuando «un biólogo alemán con intención de tener un pez atractivo hacia la pesca deportiva, lo introdujo en un río cerca de Mequinenza (Zaragoza)», aunque también existen otras hipótesis sobre los motivos de aquella decisión. Una de ellas sostiene que se pretendía utilizar esta especie para reducir las poblaciones de carpas, que eran muy numerosas en algunos embalses de la cuenca del Ebro.

Décadas después, en 2011, se identificó el primer ejemplar en el embalse de Iznájar, en la provincia de Córdoba. Sin embargo, «fue una introducción secundaria, es decir, alguien los trajo y los liberó en ese río», según explica el investigador de la Estación Biológica de Doñana-CSIC Sergio Bedmar a Europa Press. Desde entonces, el siluro ha ido ampliando progresivamente su presencia por diferentes tramos de la cuenca.