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No hay que echar las campanas al vuelo, pero 2025 ha batido el récord histórico de nivel de vegetación en la Tierra

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Un análisis global reunió y comparó grandes volúmenes de datos obtenidos gracias a la bondadosa tecnología satelital. Los mapas mostraron un aumento inusual y extendido del nivel de vegetación en distintos continentes, lo que refuerza una tendencia que ya viene observándose desde hace varias décadas.

Esta sorpresiva expansión de color sobre la geografía se entrelaza fuerte con la intermitencia en los patrones de lluvias y por la saturación de gases pesados retenidos. Pese a las «lindas» postales originadas por estos registros, las zonas de naturaleza salvaje primaria enseñaron un comportamiento opuesto, encendiendo luces y serias alertas ecológicas a los principales investigadores.

¿Por qué afirman que el nivel de vegetación ha alcanzado un inédito máximo durante 2025?

Datos recientes publicados en la revista científica Nature Reviews Earth & Environment confirman que el año posterior a El Niño (que se dio a comienzos de 2024) rompió todos los registros previos: el 68,2% de la superficie terrestre mostró un nivel alto y visible de vegetación.

Este fuerte aumento aceleró todavía más la tendencia de reverdecimiento global que se viene observando de forma sostenida desde comienzos de los años 2000. Según las observaciones satelitales, los principales focos de este crecimiento se concentraron, sobre todo, en regiones que recibieron abundantes lluvias.

Al analizar con detalle los datos de MODIS y VIIRS, se observa que las zonas que más aumentan el crecimiento de la vegetación están siempre en los mismos lugares.

El reverdecimiento global no ocurre de manera uniforme en toda la superficie continental, y eso ayuda a identificar dónde están las causas de este cambio en el paisaje terrestre.

¿Qué zonas han demostrado un aumento en el nivel de vegetación?

Si se dejan de lado las proyecciones previas sobre la humedad ambiental, los lugares que mostraron los aumentos más rápidos de vegetación no estuvieron en las grandes selvas ni en las zonas de bosque más cerrado.

El mayor impulso apareció, sobre todo, en las sabanas cálidas, los pastizales de ciclo corto (que aportaron un 72,1%) y las tierras agrícolas destinadas al cultivo, con un 77,6%. En conjunto, estos ambientes explican gran parte del aumento de vegetación observado a escala global y concentran los datos más destacados del fenómeno.

Entre las regiones más favorecidas aparecen zonas del sur de África, la mitad norte de Australia, partes de Europa y la franja agrícola central de Estados Unidos.

Aquí hay un punto importante a destacar: que la vegetación aumente en áreas dominadas por cultivos o coberturas de corta duración no significa, por sí sola, que ese crecimiento pueda absorber contaminación o retener carbono de manera sostenida en el tiempo.

No hay que festejar antes de tiempo: la advertencia científica y señales de retroceso

Aunque las cifras de reverdecimiento pueden parecer alentadoras, los investigadores piden cautela antes de interpretarlas como una mejora ambiental profunda. Apenas el 60% de las zonas dominadas por grandes masas de árboles mostró un reverdecimiento estable, un dato que resulta preocupante al compararlo con evaluaciones recientes.

Además, el exceso de dióxido de carbono, que durante mucho tiempo funcionó como un estímulo para el crecimiento de las hojas, parece estar perdiendo eficacia.

Ese efecto se debilita cuando no viene acompañado por una mayor disponibilidad de agua subterránea, nitrógeno y otros minerales esenciales para sostener los procesos biológicos de la vegetación.

¿Y qué ocurre con los lugares en los que hay climas extremos?

Más allá de las tendencias positivas en algunas regiones, los eventos climáticos extremos también dejaron huellas claras. En varias áreas expuestas a condiciones atmosféricas severas, el crecimiento vegetal se frenó y, en algunos casos, retrocedió con fuerza.

Un ejemplo claro es el de Siberia oriental, donde amplias superficies perdieron verdor como consecuencia de fuertes episodios de frío durante el verano.

Estas caídas de temperatura alteraron la respuesta estacional esperada de la vegetación y detuvieron buena parte del avance que se proyectaba en esas zonas.

El futuro de los ecosistemas: no todo se trata de ver la vegetación crecer

No todo lo que brilla es verde para la ecología. El informe también plantea dudas importantes sobre el futuro de ecosistemas como la Amazonia, afectada en los últimos años por eventos de El Niño y por un contexto climático cada vez más exigente.

Aunque el reverdecimiento temporal de llanuras y pastizales puede verse con claridad desde los satélites, ese crecimiento no tiene la misma capacidad de almacenamiento que la madera de un árbol grande y longevo.

Se trata, en muchos casos, de vegetación más superficial y de vida corta, que desaparece rápido o devuelve al ambiente el carbono acumulado a través de la descomposición.

Por eso, incluso si las imágenes muestran más superficie verde, ese avance no alcanza para compensar la pérdida continua de bosques.

En ese sentido, el panorama sigue siendo preocupante. Sin frenar la deforestación y la degradación de los grandes sistemas forestales de Sudamérica, el aumento intermitente de vegetación en praderas o tierras abiertas no podrá reparar la pérdida de ecosistemas clave que hoy están desapareciendo.