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La agricultura en Aragón experimenta una transformación tecnológica con la llegada de películas de celulosa biodegradables que revolucionan el concepto de mantillo.
Este avance, desarrollado bajo el proyecto Cellagri, sustituye al plástico convencional por materiales que imitan la estructura de las hojas. Gracias a la ciencia de materiales, los cultivos optimizan su hidratación de forma pasiva mientras eliminan los residuos contaminantes del suelo.
Aragón apuesta por mantillos de celulosa para cultivos más sostenibles
El suelo de diversos cultivos hortícolas, como el calabacín, la lechuga o el tomate, utiliza tradicionalmente mantillos para mejorar la productividad.
Estas coberturas controlan las malezas, conservan la humedad y calientan la tierra al inicio de la temporada. Sin embargo, la iniciativa Cellagri introduce una mejora sustancial: guía el agua de lluvia o riego directamente hacia los orificios donde reside la planta.
Esta gestión hídrica pasiva se inspira en la biomímesis, concretamente en la morfología de las hojas vegetales.
Según describe Susana Castelar, técnica de materiales en el Instituto Tecnológico de Aragón (ITA), en declaraciones recogidas por Heraldo de Aragón, «el sistema emplea canales minúsculos que aprovechan la capilaridad para mover las gotas de agua hacia el tallo».
De este modo, los agricultores aragoneses cuentan con una herramienta que maximiza cada gota de agua de forma natural.
¿Cómo funciona la tecnología que guía el agua hacia los cultivos?
La fabricación de estas películas requiere procesos de alta precisión para replicar las estructuras microfluídicas de la naturaleza. El equipo de investigación utiliza una técnica de nano y microimpresión mediante un rodillo maestro que estampa dibujos a escala microscópica sobre el material.
Posteriormente, aplican energía para soportar el diseño de forma instantánea, permitiendo una producción industrial eficiente. Otro pilar fundamental de esta tecnología reside en la sintonización atmosférica por plasma.
Este proceso químico, que evita el uso de líquidos agresivos, modifica la superficie de la celulosa para crear zonas diferenciadas. El tratamiento genera áreas hidrófilas cerca de la planta para absorber humedad y zonas hidrófobas en el resto del manto que repelen el agua y dirigen el flujo.
Además, el uso de plasma atmosférico ofrece una protección adicional contra la formación de moho en condiciones de alta humedad.
Ventajas de la celulosa biodegradable frente al plástico agrícola tradicional
Actualmente, la mayoría de los mantillos agrícolas emplean polietileno, un derivado del petróleo que genera problemas graves de contaminación por microplásticos.
Su retirada del campo resulta costosa y laboriosa para el productor. En contraste, las películas de Cellagri utilizan una mezcla de celulosa vegetal y bacteriana que desaparece de forma segura y completa en el suelo.
Al finalizar la temporada, el agricultor puede arar el manto junto con la tierra, ya que el material se convierte en biomasa. Esta solución responde a la necesidad de una economía circular y de residuo cero, con el objetivo de reducir el impacto ambiental y económico en un 30% respecto a los métodos tradicionales.
La combinación de distintos tipos de celulosa garantiza que el producto posea la resistencia al desgarro y la elasticidad necesaria para las exigencias del trabajo en el campo.
El proyecto Cellagri y el papel del Instituto Tecnológico de Aragón
El Consejo Europeo de Innovación financia esta ambiciosa investigación, que cuenta con un presupuesto de 3,6 millones de euros. El consorcio internacional, coordinado por la organización alemana Fraunhofer-Gesellschaft, agrupa a nueve socios de siete países europeos, entre los que destaca la participación española a través del ITA.
El instituto aragonés lidera la evaluación de sostenibilidad y las pruebas de biodegradabilidad para validar el ciclo de vida del producto. El proyecto, que comenzó en 2025 y tiene una duración prevista de cuatro años, busca escalar la producción a velocidades de 100 metros por minuto.
Este avance tecnológico no solo beneficia a los cultivadores de hortalizas, sino que ofrece a las empresas productoras de papel una nueva gama de aplicaciones industriales sostenibles.
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