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En 2005 estaba en peligro de extinción: 20 años después, la especie resucita en Bolivia y bate cifras récord

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La paraba barba azul (Ara glaucogularis), un ave endémica del departamento del Beni, llegó a situarse en situación crítica con apenas unos cientos de ejemplares en libertad, pero dos décadas de trabajo sostenido han revertido de forma notable su tendencia poblacional.

Este guacamayo de unos 85 centímetros de longitud, destaca por su cuello azul, pecho anaranjado y su dependencia casi exclusiva de la palmera Attalea phalerata para su alimentación y reproducción.

Su vulnerabilidad histórica se explica por dos factores principales: la pérdida de hábitat y la presión del tráfico ilegal, que redujeron la población silvestre a cifras cercanas a los 350 individuos, situándola en categoría de «Peligro Crítico de Extinción».

Programa de cajas nido de la paraba barba azul: la clave del éxito de la recuperación de esta especie

El punto de inflexión del guacamayo de barba azul comenzó en 2005 con el lanzamiento del programa de cajas nido impulsado por la organización Armonía. Los primeros resultados fueron desalentadores: solo una caja fue ocupada y ninguna cría logró sobrevivir. La especie, monógama y dependiente de cavidades naturales en palmeras, carecía de espacios adecuados para reproducirse de forma segura.

Sin embargo, la estrategia evolucionó con el tiempo. La instalación de nidos artificiales permitió suplir la escasez de cavidades naturales, uno de los principales cuellos de botella para la reproducción de la especie. Este enfoque, respaldado por un seguimiento constante, ha sido clave en la recuperación observada en la última década.

Los datos recientes reflejan un cambio estructural. En la temporada reproductiva de 2025, 19 pichones lograron completar su desarrollo y emprender el vuelo, superando registros anteriores de 15 en 2023 y 17 en 2024. Desde el inicio del programa, un total de 164 crías han volado con éxito, según cifras difundidas por Armonía.

Reserva Laney Rickman y paraba barba azul: el epicentro de su recuperación en Bolivia

Según Noticias Ambientales, gran parte de este avance se concentra en la Reserva Laney Rickman, creada en 2018 en los Llanos de Moxos con el objetivo de proteger el hábitat de la especie. En este espacio se han instalado más de un centenar de cajas nido, que han permitido monitorizar y mejorar las condiciones reproductivas de los guacamayos de barba azul.

Durante la campaña más reciente, los resultados han sido especialmente positivos. De 32 huevos contabilizados, 24 lograron eclosionar, lo que supone una tasa del 75%, mientras que el 79% de los pichones alcanzó la fase de vuelo. El nido identificado como PBA15 destacó por su productividad, logrando que tres crías completaran su desarrollo con éxito.

Conservación de la paraba barba azul: comportamientos inéditos y retos detectados

El uso de cámaras trampa ha permitido observar comportamientos inéditos en la especie. Entre los hallazgos más relevantes se encuentra la intensificación de las disputas territoriales entre individuos de la misma especie, así como episodios en los que los progenitores priorizaron la defensa del nido sobre la alimentación de las crías.

En algunos casos, la intervención humana ha sido determinante para asegurar la supervivencia de los polluelos de parabas de barba azul, ya sea mediante alimentación suplementaria o facilitando la salida de los nidos cuando las condiciones lo han requerido.

Futuro de la paraba barba azul en Bolivia: previsión de nuevos récords de conservación

Los avances registrados en los últimos años han permitido a los especialistas proyectar un escenario más estable para el guacamayo de barba azul. Si se mantiene la tendencia actual, los expertos estiman que podría superarse la barrera de los 200 pichones voladores antes de 2027.

Aunque la especie sigue catalogada en riesgo de extinción, los resultados obtenidos demuestran que la combinación de ciencia, gestión activa del hábitat y colaboración institucional puede revertir situaciones críticas.