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Los expertos en coches coinciden: los sensores de presión de los neumáticos podrían ser una trampa con GPS

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Comprobar la presión de los neumáticos es especialmente importante para la seguridad vial y el rendimiento del vehículo. «Por nuestra seguridad, es conveniente revisar el estado de nuestros neumáticos al menos una vez al mes y siempre antes de realizar un viaje largo. Esto significa que hay que comprobar que cada uno de los neumáticos dispone de la presión adecuada establecida por el fabricante y que puede variar si se va a cargar el vehículo», señala la DGT.

Aunque muchos coches modernos tienen sensores que miden la presión y alertan a de cualquier incidencia, estos sistemas no son completamente infalibles. Un estudio del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados IMDEA Networks reveló que los sensores de los neumáticos también pueden enviar un número de identificación (ID), de manera que cualquier persona cercana con un receptor de radio puede capturar la señal. Durante 10 semanas, se recopilaron datos de más de 20.000 turismos, lo que permitió demostrar que las señales emitidas por los sensores se podrían utilizar para rastrear vehículos y analizar patrones de desplazamiento.

Sistema de monitorización de la presión de neumáticos

El estudio, titulado «Tus pasos no se pueden ocultar: Inferencia de patrones de movimiento de automóviles a partir de mediciones de TPMS pasivo», y realizado por científicos del Instituto de la Red IMDEA (Madrid, España), advierte que, a diferencia de las cámaras de vigilancia, las señales del TPMS pueden atravesar paredes y otros obstáculos.

El TPMS, o sistema de monitorización de la presión de neumáticos, puede ser directo o indirecto. El TPMS directo incorpora un sensor en cada válvula que mide presión y temperatura, enviando los datos a la centralita del vehículo. El TPMS indirecto utiliza la velocidad de giro de las ruedas a través del ABS para detectar pérdidas de presión. En ambos casos, la información se transmite por radio, y «sin cifrado ni autenticación,  estos sistemas quedan vulnerables a la vigilancia pasiva», alertan los investigadores.

El estudio demostró que las señales se pueden capturar de vehículos en movimiento y desde distancias superiores a 50 metros, incluso cuando los sensores se encuentran en el interior de edificios o lugares ocultos. Además, las señales del TPMS incluyen lecturas de la presión, que podrían revelar el tipo de vehículo o si un turismo o camión transporta cargas pesadas.

El inconveniente, señalan los expertos, es que el TPMS se diseñó con el objetivo de garantizar la seguridad vial, no la protección frente a riesgos cibernéticos. La normativa vigente no obliga a incluir cifrado ni sistemas de autenticación en estos dispositivos, lo que deja una vulnerabilidad que podría ser explotada por delincuentes o utilizada en programas de vigilancia masiva.

Además de la identificación del vehículo, las señales también transmiten información sobre la presión de los neumáticos, lo que podría indicar si el coche transporta una carga pesada, aportando así más detalles al posible seguimiento del vehículo.

Recomendaciones de la DGT

La vida útil de los neumáticos suele situarse entre 40.000 y 50.000 kilómetros, aunque la cifra concreta depende de un amplio abanico de factores, como el tipo de neumático, el uso que se le dé, el cuidado que reciba y las características del mismo. Existen compuestos más duros y resistentes, y otros más blandos y menos duraderos. Un mal mantenimiento, el desgaste irregular o los golpes contra bordillos y baches pueden desalinear las ruedas, afectar al comportamiento del vehículo y reducir la vida del neumático. Además, la calidad influye: los neumáticos «low cost» ofrecen menor agarre y durabilidad, por lo que ahorrar en ellos no es una inversión recomendable.

Llevar los neumáticos con una presión inadecuada supone un gasto extra de combustible y más emisiones de CO2 a la atmósfera, al tiempo que provocan un mayor desgaste de la goma y su envejecimiento prematuro. Circular con los neumáticos a una presión incorrecta reduce la superficie de contacto con el asfalto y disminuye el agarre, comprometiendo la seguridad del vehículo y de sus ocupantes. Cuando la presión es demasiado alta, se acelera el desgaste en la zona central del neumático, mientras que si es demasiado baja, el desgaste se vuelve irregular, afectando principalmente los bordes externos de la goma.

Como explica Pedro Álvarez, director de marketing de Michelin, «el neumático es el nexo de unión entre el coche y la carretera, por lo que tiene que ser seguro, duradero y sostenible. Por ello, este elemento de alta tecnología tiene que estar siempre en buen estado y con las presiones recomendadas por el fabricante».

Entre los errores más comunes se encuentra una alineación defectuosa, por la cual sólo se desgasta un lateral de la banda de rodadura, reduciendo hasta un 20 % la vida útil y aumentando el consumo en un 16 %. «Por nuestra seguridad, es conveniente revisar el estado de nuestros neumáticos al menos una vez al mes y siempre antes de realizar un viaje largo», concluye el organismo dirigido por Pere Navarro.