Mascotas
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Expertos en adiestramiento canino coinciden: «Saludar a tu perro cuando entras en casa es la semilla de la mala educación»

  • Carmen Ruiz
  • Carmen Ruiz Rodríguez (Madrid, 2005) es estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) desde el año 2023. Es especialista en periodismo de SEO y en información de actualidad. Con experiencia en comunicación empresarial y radio.

Tras un largo día fuera de casa, encontrar a tu mascota esperándote al otro lado de la puerta es uno de esos pequeños momentos que alegran a numerosos dueños. Saltos, lametones, ladridos son su forma de celebrar el reencuentro. Aunque la manera de interactuar con el animal al llegar a casa puede influir notablemente en su comportamiento. El adiestrador canino, Víctor Mareño, expone cuál es el error más común y qué hacer para que un perro aprenda a recibir con más calma a su dueño.

El problema principal: la excitación

En el momento en que un perro salta, ladra o reclama atención al reencontrarse con su dueño, recibiendo caricias o palabras, le dicta que ese comportamiento tiene recompensa. Así que es importante no reforzar la excitación del animal al entrar en casa, señala Mareño. Un comportamiento que no se debe ignorar, ni tampoco se debe dejar de mostrar afecto, sino esperar a que recupere la calma antes de prestarle atención. La calma es un aprendizaje esencial, ya que les permite conseguir aquello que buscan.

La mejor manera de saludar

Los expertos recomiendan que, al entrar en casa, el dueño tiene que mostrar una actitud tranquila y evitar responder con la misma intensidad a la emoción del perro. Por lo tanto, si el animal se excita con su llegada, se debe esperar unos instantes o pedirle que se siente, conducta que ya conoce y que sabe que trae consigo un premio si la realiza correctamente. La esencia está en la constancia, es decir, si un día se ignoran esos saltos y al siguiente se premian con caricias, al perro le costará más entender qué es lo que su dueño le está pidiendo.

El verdadero significado

Esta actitud no significa eliminar el contacto físico, sino que las caricias y la atención sean importantes para el perro cuando se encuentre en ese momento, sin afectar a su salud. Por eso, el simple hecho de seguir este aprendizaje ayuda a que el perro gestione la emoción del reencuentro y desemboque en una convivencia más tranquila, evitando que determinadas conductas se conviertan en un hábito perjudicial para la salud de la mascota. Así que, el consejo principal de Víctor Mareño es no premiar la «excitación», sino esperar a la calma y entonces «llega el cariño».