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El vídeo que conmociona a Reino Unido: un joven blanco muere esposado por la Policía tras ser apuñalado por un sij

La Policía le esposó creyendo que era el agresor a pesar de que él repitió varias veces que estaba herido y no podía respirar

  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

Un joven británico blanco de 18 años, Henry Nowak, intenta hablar con los agentes que acaban de llegar. Les dice hasta nueve veces que no puede respirar. Trata de explicar lo que ha ocurrido. Apenas puede mantenerse en pie. Los policías le colocan las esposas, le leen sus derechos y le tratan como al principal sospechoso de una agresión racista. Sólo después descubren que el hombre está gravemente herido y que quien tienen delante no es el agresor, sino la víctima.

Las imágenes grabadas por las cámaras corporales de los agentes y difundidas ahora por la Policía de Hampshire han provocado una auténtica conmoción en Reino Unido y han abierto un debate especialmente delicado sobre Policía, inmigración, racismo y la doble vara de medir que muchos británicos perciben en instituciones y medios de comunicación.

Nowak, estudiante universitario de Finanzas de apenas 18 años, murió tras ser apuñalado durante un altercado la noche del pasado 3 de diciembre en Southampton. Su agresor, Vickrum Digwa, un sij de 23 años, acaba de ser condenado a cadena perpetua (21 años de pena efectiva).

Pero el escándalo no está en el apuñalamiento mortal, una tragedia a la que desgraciadamente se ha acostumbrado el ciudadano británico, sino en la negligencia crimimal y racista de la Policía, que defiende al criminal y castiga a la víctima. Cuando los primeros agentes llegaron al lugar de los hechos, Digwa les aseguró que había sido víctima de una agresión racista. Según su relato inicial, Nowak le había atacado primero y él se había defendido.

Las imágenes difundidas ahora muestran cómo los policías aceptan inicialmente esa versión. Mientras Digwa permanece relativamente tranquilo, a Nowak se le ve debilitado, intentando explicar lo ocurrido y repitiendo una frase que se escucha hasta nueve veces a lo largo de la grabación y que, curiosamente, hizo famosa la muerte de George Floyd en 2020: «No puedo respirar».

La secuencia se vuelve cada vez más angustiosa. Los agentes esposan al estudiante, le leen sus derechos y lo tratan como sospechoso mientras el joven pierde fuerzas progresivamente. Sólo después empiezan a darse cuenta de que algo no encaja. Nowak había advertido de su heridas a los agentes, una de las cuales respondió con un despectivo: «No lo creo, colega».

La actitud de los agentes cambia al darse cuenta de que Kowak dice la verdad. Pero cuando comienzan los intentos de auxilio es demasiado tarde. Henry Nowak muere poco después.

La publicación íntegra del vídeo ha provocado una oleada de indignación por la descarada «prioridad extranjera» que aplica la Policía, al igual que los tribunales y todo el estamento público británico en sus actuaciones, una realidad que se arrastra al menos desde el escándalo de las niñas violadas durante décadas en Rotherham por bandas paquistaníes.

Durante el juicio quedó acreditado que fue Digwa quien apuñaló mortalmente al estudiante. La defensa intentó presentar el ataque como una reacción a insultos raciales y agresiones previas, pero el jurado rechazó esa versión y declaró culpable al acusado de asesinato. Para acabar de agravar el escándalo, la investigación reveló intentos de ocultar pruebas relacionadas con el arma utilizada, la daga tradicional sij. En Gran Bretaña está prohibido llevar un arma blanca por la calle, salvo que dicha arma, como es el caso forme parte de tu religión o cultura étnica. Lo que, en la práctica, significa que un sij puede ir armado a todas partes y un británico nativo, no.

La familia de Henry reacciona a la difusión de las imágenes

Su padre calificó el trato recibido por su hijo como «inhumano» y aseguró que resulta imposible contemplar la grabación sin sentir rabia al observar cómo un joven gravemente herido intenta pedir ayuda sin que los agentes comprendan inicialmente la gravedad de la situación.

La Policía de Hampshire ha pedido disculpas públicamente por lo ocurrido y ha reconocido errores significativos durante la intervención. Al mismo tiempo, el organismo independiente encargado de supervisar la conducta policial mantiene abierta una investigación para determinar si existieron responsabilidades disciplinarias.

Pero el caso se ha desbordado en el debate público. La difusión del vídeo ha dado lugar a comparaciones cada vez más frecuentes con el caso George Floyd, aunque en sentido inverso. Numerosos comentaristas, activistas y usuarios de redes sociales sostienen que si la víctima hubiera pertenecido a una minoría étnica y el agresor hubiera sido blanco, las imágenes habrían provocado una reacción política, mediática e institucional incomparablemente mayor.

La muerte de Henry Nowak llega en una Gran Bretaña profundamente dividida por los debates sobre inmigración, multiculturalismo, identidad nacional y confianza en las instituciones. Para muchos, las imágenes muestran algo más inquietante que un mero error policial con consecuencias mortales: muestra también una predisposición institucional a interpretar determinados conflictos a través de categorías raciales preconcebidas, incluso cuando los hechos apuntan en otra dirección.

Nigel Farage, líder del partido en auge Reform UK, aseguró tras ver las imágenes que «el miedo a ser llamado racista fue mayor que la voluntad de afrontar el asesinato de Henry Nowak», una acusación demoledora que resume buena parte del debate que empieza a extenderse por Reino Unido.

El asesino ya ha sido condenado. Lo que queda ahora por ver es si la publicación del vídeo se limita a cerrar una investigación policial o termina convirtiéndose en uno de esos episodios capaces de alterar la conversación nacional sobre inmigración, identidad y confianza en las instituciones. La cuestión es si podrán seguir silenciando a la opinión pública ahora que millones de británicos pueden ver con sus propios ojos cómo un joven moribundo repetía que no podía respirar mientras quienes debían ayudarle le colocaban unas esposas.