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En 1954 alguien pensó que lo más fácil para unir dos países era construir un puente: años más tarde y tras una inversión de 1.700 millones de euros 25 km de carretera lo han hecho realidad

Unir dos países con una carretera sobre el mar suena sencillo hasta que se intenta de verdad. Y eso fue exactamente lo que alguien planteó en los años 50 para poder conectar Arabia Saudí y Baréin con una vía directa, sin rodeos. La idea estaba clara, pero lo complicado vino después con todo lo que se tardó tardado en que el proyecto se pudiera llevar a cabo aunque ya lleva varios años siendo una realidad.

Cuando se pensó, no existía una solución rápida ni barata ya que había que cruzar kilómetros de agua, levantar estructuras en medio del golfo y convertir una idea en algo que pudiera usarse a diario. Durante mucho tiempo, aquello quedó más cerca de una intención que de un proyecto real pero con los años, la situación cambió. Lo que parecía lejano empezó a tener sentido y hoy ya se puede decir que esa conexión existe y permite pasar de un país a otro en coche en menos de una hora. Son unos 25 kilómetros sobre el mar que, vistos ahora, parecen casi evidentes.

En 1954 alguien pensó que lo más fácil para unir dos países era construir un puente

El origen de este proyecto que parecía imposible se remonta a 1954. Tras una visita a Baréin, el rey Saud bin Abdulaziz Al Saud planteó que era necesario crear una conexión directa entre ambos territorios. Y no se trataba de una ocurrencia sin más ya que había motivos prácticos detrás, como el hecho de facilitar el movimiento de personas y mercancías. Aun así, durante años no hubo avances reales sino que el proyecto estaba sobre la mesa, pero no terminaba de arrancar. El contexto tampoco ayudaba, dado que la tecnología, los costes y la complejidad de la obra hacían difícil dar el paso, de modo que la idea seguía ahí, pero sin fecha.

La construcción empezó en 1981 y no se alargó tanto como parecía

Todo cambió en los años 80 y en concreto en 1981, cuando comenzaron las obras y, cinco años después, en 1986, la infraestructura ya estaba terminada. Se conocía como Calzada Rey Fahd y no se trató de un único puente, sino una combinación de tramos elevados y zonas ganadas al mar que, en conjunto, permiten cubrir todo el recorrido. En total, incluye cinco puentes y varios terraplenes. Desde su apertura, el cambio fue inmediato. El trayecto pasó a hacerse en coche, con un tiempo que suele moverse entre los 20 y los 45 minutos. Lo que antes era más limitado, de repente se volvió directo.

A mitad de camino hay islas artificiales con servicios

Hay un detalle que llama la atención ya que no es sólo una carretera sin interrupciones, sino que lo largo del recorrido podemos encontrar varias islas artificiales. La más conocida es Passport Island, donde se concentran controles y servicios. Allí podemos encontrar restaurantes, edificios administrativos, zonas verdes y también otros espacios pensados para quienes cruzan de un país a otro. Y no se trata tan sólo de un punto técnico, sino que también funciona como lugar de paso y de parada en medio del mar, pero con todo lo necesario.

La inversión fue millonaria y tenía fecha de caducidad

El coste del proyecto rondó los 1.700 millones de euros. Una cifra alta, pero lógica si se tiene en cuenta lo que implicaba construir una infraestructura de este tipo sobre el agua. Desde el principio se pensó para durar con una vida útil estimada era de unos 75 años, lo que sitúa su horizonte en torno a 2061. Aun así, ya se plantean medidas para mantenerla en funcionamiento más allá. Con el tiempo, también se ha adaptado a cambios sociales. Uno de los más claros llegó en 2018, cuando las mujeres empezaron a poder conducir en Arabia Saudí. Desde entonces, esta vía también forma parte de ese cambio.

Incluso obligó a cambiar cómo se circula en uno de los países

No todo fue construir y abrir. La conexión también obligó a tomar decisiones prácticas y una de las más importantes tuvo que ver con el sentido de la circulación. En Arabia Saudí se conduce por la derecha, mientras que en Baréin se hacía por la izquierda así que para evitar problemas, Baréin acabó adaptando su sistema. Es un cambio que no suele destacarse, pero que muestra el impacto real que tuvo la infraestructura más allá del propio puente.

De idea complicada a ruta habitual

Hoy, la Calzada Rey Fahd es una vía más para miles de personas. Se usa a diario, sin pensar demasiado en todo lo que hay detrás. Pero su origen cuenta otra historia con muchos años en los que fue una idea difícil de llevar a cabo, aunquje con el tiempo, acabara convirtiéndose en una de las conexiones más importantes de la zona. En definitiva a veces, lo que parece simple, como unir dos puntos con una carretera, es lo que más tarda en hacerse realidad. Y cuando finalmente ocurre, cambia por completo la forma de moverse.