Historia
Descubrimientos arqueológicos

Las obras de un jardín argentino pueden reescribir la historia de América: aparecen huesos humanos de más de 10.000 años

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En octubre de 2020, unas obras de nivelación en un jardín argentino radicado en Camarones (Chubut), un pequeño pueblo costero de la Patagonia, sacaron a la luz fragmentos de hueso humano enterrados bajo tierra. Lo que parecía un hallazgo aislado durante unos trabajos domésticos terminó despertando el interés de los especialistas y abrió la puerta a una investigación arqueológica.

A medida que avanzaron las excavaciones, los investigadores comprobaron que aquellos restos llevaban más de diez mil años ocultos bajo una terraza costera frente al Atlántico. Desde luego, la excepcional conservación del yacimiento no fue casual. El terreno se asentaba sobre una formación rocosa resistente que logró proteger las evidencias humanas del avance del mar.

La historia de los huesos hallados en este jardín argentino: se trata de dos niños enterrados hace 10.800 años

Tal como se puede leer en este subtítulo, los restos corresponden a dos individuos jóvenes: uno de entre doce y quince años de edad y otro de entre ocho y nueve. Aparecieron en dos fosas funerarias separadas pero adyacentes.

El datado por radiocarbono, realizado por dos laboratorios independientes, confirmó que el individuo mayor fue enterrado hace 10.798 años calibrados antes del presente, y el menor, hace 10.210 años. Entre los dos enterramientos hay una diferencia de unos 400 años.

El estudio fue publicado por el equipo de la investigadora argentina Julieta Gómez Otero, junto a Ariadna Svoboda, Anahí Banegas, Ana Gabriela Millán y Hernán Ariel Marani, en la revista arqueológica Journal of Archaeological Science: Reports.

Otros objetos que se hallaron en este jardín argentino: 50 cuentas de hueso, ocre rojo y un vínculo territorial de 400 años

Junto a los propios restos, los investigadores recuperaron 50 cuentas cilíndricas de hueso (probablemente elaboradas con huesos de cormorán), con perforaciones precisas y superficies pulidas. Gómez Otero calcula que podrían haber formado «un collar de aproximadamente un metro y medio».

Los huesos y el sedimento circundante estaban cubiertos de ocre rojo en abundancia. «El pigmento rojo, el ocre, es una costumbre funeraria distribuida en todo el mundo desde hace por lo menos 15.000 años», explicó la investigadora.

Se encontró también una estructura de piedra con evidencias de combustión: cenizas, suelo quemado y grava.

El análisis isotópico de los huesos reveló que ambos individuos consumían principalmente alimentos del mar (pescado y marisco), lo que apunta a una ocupación estable de la costa.

Que los mismos grupos regresaran al mismo lugar 400 años después para enterrar al segundo niño indica, según Gómez Otero, que «quienes enterraron a estos niños conocían su entorno con una profundidad que va mucho más allá de la exploración casual».

¿Por qué este hallazgo puede reescribir la historia del poblamiento de América?

Los debates sobre cómo llegaron los primeros humanos a América del Sur llevan décadas sin cerrarse. Las hipótesis dominantes plantean rutas por el interior del continente y una vía costera por el Pacífico.

Hace más de veinte años, las arqueólogas Laura Miotti y Mónica Salemme propusieron una tercera: una ruta costera por el Atlántico. Hasta ahora, esa hipótesis carecía de evidencia directa.

El jardín de Camarones cambia eso. «Esto nos da una evidencia, un indicio de que la gente se movió por el Atlántico», señaló Gómez Otero. El yacimiento ofrece, por primera vez, pruebas físicas de grupos humanos viviendo de forma estable junto a la costa atlántica patagónica hace más de diez mil años.

La comparación con los yacimientos de Chile

La comparación con el yacimiento de Baño Nuevo 1, en la región de Aysén (Chile), situado a unos 400 kilómetros al oeste a la misma latitud, refuerza esa interpretación. Ese sitio contiene restos de similar antigüedad con los mismos linajes mitocondriales (haplogrupos B y C).

La coexistencia de esos grupos genéticos en ambas costas de la Patagonia sugiere que estas poblaciones no vivían aisladas, sino en contacto regular a través de un continente que ya conocían mejor de lo que los arqueólogos habían supuesto.

Y la razón por la que este tipo de hallazgos es tan infrecuente tiene una explicación geológica.

Hace once mil años, el nivel del mar estaba entre 40 y 60 metros por debajo del actual y la línea de costa original quedaba a unos 170 kilómetros al este. El ascenso del océano durante el deshielo posglacial sumergió la mayoría de los asentamientos costeros de esa era.

La roca dura de Camarones resistió. El jardín argentino de Mario Arriagada resultó ser una ventana a un mundo que el océano se había tragado.