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Descubrimiento

Honda decepción entre los arqueólogos: los 43 cascos encontrados en Castellón en 1990 no son del Imperio romano, sino del siglo XV

Lo que parecía ser uno de los hallazgos del Imperio Romano más singulares encontrados en aguas españolas ha resultado pertenecer a una época completamente distinta. Los 43 cascos descubiertos en 1990 frente a la costa de Benicarló (Castellón) han sido fechados ahora entre finales del siglo XIV y comienzos del XV.

El estudio, publicado en la revista Antiquity y coordinado por el doctorando Manuel Frallicciardi junto a especialistas de la Universidad de Alicante y la Universidad de Salerno, sitúa el origen de estas piezas entre finales del siglo XIV y comienzos del XV.

La investigación desmonta así la atribución romana que acompañó al hallazgo desde su recuperación y abre una nueva ventana para entender el comercio de armamento en el Mediterráneo medieval.

El mayor conjunto de cascos medievales hallado en el Mediterráneo occidental

La historia comenzó de forma accidental cuando unos pescadores extrajeron con sus redes dos grandes bloques metálicos compactados por la corrosión marina. En su interior apareció un conjunto excepcional de yelmos de hierro cuyo verdadero valor histórico solo ahora ha podido determinarse.

Los investigadores consideran que la concentración de 43 cascos medievales formaba parte de un cargamento que originalmente pudo haber sido mucho más amplio. Aun así, el número de piezas recuperadas convierte este descubrimiento en el mayor lote de armamento defensivo medieval documentado hasta la fecha en el Mediterráneo occidental.

Según explica Raimon Graells, profesor de la Universidad de Alicante, codirector del proyecto y coautor del estudio, el hallazgo va mucho más allá de la arqueología. En su opinión, constituye una evidencia directa del comercio de armamento a gran escala y demuestra la existencia de redes de intercambio y comunicación más complejas de lo que se creía hasta ahora.

Una ruta comercial entre la costa valenciana y Génova

La investigación apunta a la existencia de circuitos comerciales consolidados entre la costa de la actual Comunitat Valenciana y algunos de los principales centros mercantiles de la época, especialmente Génova, una de las grandes potencias económicas del Mediterráneo medieval.

La presencia de un cargamento tan numeroso de equipamiento militar sugiere que el transporte de armas formaba parte de redes logísticas perfectamente organizadas, capaces de abastecer territorios alejados mediante rutas marítimas especializadas.

Un accidente marítimo conservó el cargamento durante siglos

Los especialistas consideran que todas las piezas formaban parte de una única remesa transportada por vía marítima. La hipótesis más aceptada señala que el cargamento estaba embalado cuando se produjo algún incidente durante las operaciones de carga o descarga.

El conjunto apareció a apenas seis metros de profundidad, junto a una zona utilizada históricamente como embarcadero. Según los investigadores, una parte de la mercancía habría quedado atrapada bajo la arena sin posibilidad de ser recuperada en aquel momento.

Ese accidente fortuito permitió que los cascos permanecieran ocultos durante siglos, protegidos por los sedimentos marinos y alejados de cualquier alteración significativa.

Los tejidos ocultos en el interior fueron decisivos

La excepcional conservación de las piezas se debe a la acción conjunta de las concreciones marinas y los sedimentos acumulados durante siglos. En varios ejemplares, estos depósitos sellaron los tejidos que recubrían el interior de los cascos, creando microambientes estables capaces de preservar materiales orgánicos que normalmente desaparecen con el paso del tiempo.

Precisamente esos fragmentos textiles se convirtieron en una prueba fundamental para reconstruir la historia del conjunto y fechar con precisión el momento en que el cargamento terminó en el fondo marino.