Historia
Descubrimientos arqueológicos

Conmoción entre los arqueólogos: encuentran en Marruecos la fortaleza más antigua de África fuera del Valle del Nilo con 3.500 años de antigüedad

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El hallazgo del que nos ocupamos en esta noticia se produjo en la provincia de Khémisset, en el noroeste de Marruecos, donde un equipo de arqueólogos italianos, marroquíes y británicos llevaba varios años excavando. Lo que empezaron a documentar terminó confirmándose como la fortaleza más antigua de África fuera del valle del Nilo, un descubrimiento que reescribe varias cuestiones que hasta ahora se daban por asumidas.

Y en este mismo sentido, la noticia ha generado conmoción entre la comunidad científica porque resuelve una incógnita que se arrastraba desde los años treinta del siglo pasado, cuando los primeros exploradores de la zona intuyeron restos de una posible fortificación sin poder demostrarlo.

Oued Beht, el yacimiento marroquí que esconde la fortaleza más antigua de África

El yacimiento responde al nombre de Oued Beht y se encuentra en la meseta del Zemmour, en la provincia de Khémisset, a unos 100 kilómetros de la costa atlántica marroquí.

Allí, sobre una cresta rocosa de entre 170 y 211 metros de altitud, los arqueólogos han identificado un sistema defensivo compuesto por un foso, un terraplén y, en una fase posterior, un muro de piedra que cerraba el extremo sur del asentamiento aprovechando la topografía del terreno.

El estudio, publicado en la revista ‘Libyan Studies, está firmado por Giulio Lucarini (Consejo Nacional de Investigaciones de Italia e ISMEO), Cyprian Broodbank y Toby C. Wilkinson (Universidad de Cambridge) y Youssef Bokbot (Instituto Nacional de Ciencias de la Arqueología y del Patrimonio de Marruecos), codirectores del proyecto Oued Beht.

Y como dato interesante, para fechar la estructura, el equipo recurrió a diecisiete dataciones por radiocarbono sobre semillas y restos de carbón, que sitúan su construcción entre 3.500 y 4.000 años atrás.

Miles de hachas de piedra y cerámica: así era la vida junto a la fortaleza más antigua de África

Antes de que se levantara esta fortificación, en Oued Beht ya existía una comunidad estable desde mediados del cuarto milenio antes de Cristo. Se trataba de agricultores que cultivaban cebada y trigo, criaban ganado y aprovechaban los recursos silvestres del entorno.

Hoy, sus restos ocupan una superficie de entre diez y once hectáreas sobre la cresta que domina el río que da nombre al yacimiento, lo que confirma la entidad del asentamiento para la época.

En la misma línea, los arqueólogos también han recuperado miles de hachas de piedra pulida y fragmentos de cerámica decorada con gran detalle, lo que apunta a una sociedad con capacidad artesanal ya bastante desarrollada para su tiempo.

Además, diversos hallazgos sugieren contactos con comunidades de la península ibérica, algo que hasta ahora resultaba difícil de sostener con pruebas materiales tan claras y que sitúa a esta zona del Magreb dentro de redes de intercambio más amplias.

A partir del segundo milenio antes de Cristo, la actividad del poblado se desplazó hacia el sur del promontorio, donde el terreno ofrecía defensas naturales más sólidas.

Fue precisamente allí donde, siglos después, se levantó el sistema de foso y terraplén que hoy se considera la fortaleza más antigua de África fuera del valle del Nilo.

El mismo instinto defensivo que en el sur de España: el paralelismo de Oued Beht con la cultura de El Argar

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención de investigadores es la coincidencia cronológica con la cultura de El Argar, que por las mismas fechas levantaba poblados fortificados en el sureste de la península ibérica, entre los años 2200 y 1550 antes de Cristo.

A ambos lados del Mediterráneo occidental, sociedades diferentes llegaron de forma independiente a soluciones defensivas muy parecidas, sin que exista, de momento, ninguna prueba de contacto directo entre ellas.

Este paralelismo obliga a revisar la idea de que el Magreb permaneció aislado durante la Edad del Bronce. Según los responsables del proyecto, levantar una obra de esta envergadura exigía coordinar a un número considerable de personas, lo que implica algún tipo de liderazgo organizado dentro de la comunidad.

A su vez, el hallazgo confirma que el norte de África participaba de procesos mucho más amplios que configuraban el Mediterráneo occidental de la época.

Un muro que se reutilizó siglos después, ya en plena Edad Media

La historia de esta fortificación no terminó en la Edad del Bronce. Siglos más tarde, entre los siglos XI y XIII después de Cristo, la misma línea defensiva fue reconstruida con un robusto muro de piedra, coincidiendo con el establecimiento de una pequeña aldea o granja en una colina cercana.

Inclusive, entre ambos asentamientos, los arqueólogos han identificado además un cementerio de la época.

Así, el foso y el terraplén originales, ocultos durante casi cuatro milenios bajo la meseta del Zemmour, cortaban por completo la única vía de acceso natural a la cresta: la misma ruta que, siglos después, volvería a recorrerse hasta la aldea medieval y su cementerio.

Cabe cerrar este artículo mencionando que los datos proceden de la tercera campaña del Oued Beht Archaeological Project, en marcha desde 2021 gracias a la colaboración entre Italia, Marruecos y Reino Unido.