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75 torres y 10 puertas de acceso: la muralla romana mejor conservada del mundo está en España y es Patrimonio de la Humanidad

La muralla, declarada Patrimonio de la Humanidad, dibuja más de dos kilómetros de recorrido continuo (exactamente 2.266 metros) que abrazan el casco histórico a una altura de 10 metros

Hay ciudades donde no hace falta consultar un plano ni un mapa; es llegar y dejarse llevar por sus calles. Este rincón dentro de Lugo, Galicia, es uno de esos lugares en los que el viajero descubre, casi sin proponérselo, una forma distinta de viajar, aquella en la que avanzas sobre los restos vivos de un imperio. En España tenemos un patrimonio protegido que nos convierte en un auténtico tesoro para los amantes de la historia: la muralla romana de Lugo.

Además, prácticamente ninguna ciudad en el mundo conserva una fortificación militar romana completamente intacta, lo que convierte a esta muralla en una experiencia excepcional. Éste es un lugar que invita a escuchar sus leyendas, a revivir sus antiguas batallas y a probar los sabores de su cocina tradicional. Más de 2.000 años después de su construcción esta muralla sigue en pie, rodeando el casco histórico de una ciudad del norte de la península ibérica que atrae a cientos de turistas cada año.

Esta ciudad es la más antigua de Galicia y, entre sus atractivos, destaca esta muralla romana que conserva todo su perímetro intacto, declarado Patrimonio de la Humanidad. A este perímetro se le conoce popularmente como la Muralla de Lugo, y su éxito se debe al extraordinario grado de conservación de sus muros; de las 85 torres originales, aún se mantienen 71, más del 80 %, y por si fuera poco, la mitad de sus puertas siguen siendo las mismas por las que entraban legionarios, comerciantes y ciudadanos romanos.

La muralla, declarada Patrimonio de la Humanidad, dibuja más de dos kilómetros de recorrido continuo (exactamente 2.266 metros) que abrazan el casco histórico a una altura de 10 metros. Su parte superior, el adarve, es completamente transitable y se ha convertido en uno de los paseos más queridos por todos aquellos que lo transitan. Caminar a ocho o doce metros de altura permite observar el contraste entre la Lugo antigua, con sus tejados nobles, y la ciudad contemporánea que se abre más allá.

En su origen, su función fue, en parte, defensiva, aunque los romanos también la concibieron como un gesto de prestigio frente a otras ciudades del territorio. La tradición local sostiene que los romanos no levantaron esta defensa para proteger una ciudad, sino un bosque sagrado: el Bosque de Augusto, el Lucus Augusti del que deriva el nombre de Lugo. Aunque ese bosque se ha desvanecido en la historia, la muralla permanece, desafiando siglos y transmitiendo su legado.

A los pies de la muralla se despliega la Catedral de Santa María, célebre por mantener expuesto el Santísimo Sacramento de manera permanente. La Plaza Mayor, corazón cívico de la ciudad, añade otro punto de referencia para el visitante. Y no hay viaje completo sin sumergirse en su tradición gastronómica: bares y tabernas donde el pulpo, los vinos locales y la cocina sencilla son la recompensa de cualquier ruta.

En el interior de la muralla se concentran los principales monumentos, cuyo patrimonio se completa con el Museo Provincial, situado en el antiguo Convento de San Francisco, donde se exhiben notables hallazgos arqueológicos, incluidos mosaicos rescatados del subsuelo urbano. La Plaza Mayor, presidida por el Palacio Municipal y el edificio del Círculo das Artes, es uno de los centros de la vida social. Desde ella se accede al entramado de calles del casco histórico, con plazas y soportales acogedores, entre los que destaca la Praza do Campo, punto de encuentro ideal para disfrutar del ambiente de la ciudad.