Los vecinos del Portillo (Zaragoza) claman contra las habitaciones prostíbulo: «¡Sin puteros no hay trata!»
En los últimos años, ha aumentado el número de pisos clandestinos destinados a la prostitución
Sánchez y su mujer acumulan 5 viviendas, 2 de ellas pagadas con dinero de los prostíbulos de su suegro
Los prostíbulos camuflados en pisos son un negocio en auge en toda España, gracias a las aplicaciones digitales, que genera a los arrendadores abundantes ingresos económicos sin control alguno, lo que fomenta que muchas personas se interesen en poner en alquiler sus pisos para que el inquilino realquile las habitaciones a trabajadores sexuales. El vacío legal convierte estos pisos en un refugio de proxenetas, prostitutas y clientes. Esto lo conocen a la perfección los vecinos de la Plaza Portillo en Zaragoza, que conviven día a día con un burdel clandestino en el edificio.
Los precios económicos, la cercanía con el cliente y la discreción son factores que fomentan el consumo de este tipo de prostitución. Sobre todo, entre los jóvenes: «Doy fe que a nuestro edificio vienen al burdel muchos jóvenes en busca de estos servicios», comenta una vecina a OKDIARIO. «Han encontrado un chollo. Los precios son muy asequibles. Acuden clientes muy jóvenes porque por 30 euros tienen un servicio», explica la vecina Paca Artal a OKDIARIO, quien advierte que «si los pisos turísticos limitan la oferta de viviendas para familias, con esto puede suceder igual».
La publicación de los servicios se realiza a través de plataformas digitales como Atrápame, una web que facilita que todos los agentes implicados en el negocio puedan coordinarse online para ofrecer y alquilar la habitación burdel, así como para que las personas anuncien sus servicios sexuales y los clientes puedan contratarlos sin tener que verse entrando en un establecimiento.
El precio de las habitaciones suele estar en 200 euros a la semana. De esta manera, el arrendador puede llegar a ganar al mes unos 800 euros por habitación. Las descripciones más frecuentes de las habitaciones son como la siguiente: «Se alquila habitación para escort en zona acomodada. Barrio seguro, comunicado y discreto; confluencia de varias líneas de autobús y tranvía. Hay farmacias, bancos, supermercados, cines, centros comerciales y parques».
Esta agilidad para gestionar los contactos y los servicios sexuales está favoreciendo un contexto de mayor opacidad en la prostitución, conllevando que las prostitutas también sufran una situación de precariedad mayor, y también se facilita la trata de personas, porque no hay manera de controlar lo que sucede dentro del burdel clandestino.
Los efectos de la pandemia
A raíz de la pandemia, el ejercicio de la prostitución empezó a cambiar de forma radical: se volvió casi imposible trabajar, debido a las restricciones en la hostelería y en el ocio nocturno. Fue en ese momento cuando las habitaciones burdel se convirtieron en una alternativa atractiva para este sector. Ahora es un negocio que no para de crecer gracias a hacerse con los clientes habituales de los clubes de alterne.
La razón por la que el alquiler es semanal se debe a que así la rotación de las prostitutas es continua, de forma que es muy difícil demostrar quién y para qué está habitando una habitación. Además, el marco jurídico actual hace casi imposible que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado puedan realizar controles e intervenir. «Están atados de pies y manos», explican fuentes próximas a la Policía a OKDIARIO, «saben dónde están, pero no pueden hacer nada, porque es una propiedad privada».
Es por esto que estas habitaciones burdel están acarreando un grave problema de convivencia entre las comunidades de vecinos, que se ven desamparados ante la justicia cuando un piso lo gestiona un proxeneta. Además de los problemas de droga e inseguridad que suelen arrastrar estas actividades no reguladas sobre las que no se ejerce ningún tipo de control por la situación expuesta.
La única herramienta legal de nuestro ordenamiento jurídico que se ofrece como una solución, cuando los propietarios se encuentran con esta situación, es recurrir al arbitraje, porque difícilmente los afectados van a obtener la mayoría absoluta de la junta vecinal, porque, al menos, uno de los propietarios o es el proxeneta o alquila el inmueble a este.
La prostitución en España
Las personas que se anuncian en estas web no sólo son mujeres como se suele describir. También hay hombres, travestis y transexuales. Sin embargo, respecto a lo que se refiere al alquiler de las habitaciones, son continuas las especificaciones que requieren «chicas tranquilas», incluso llegando a especificar «abstenerse trans», así como el anunciante llega a advertir al futuro inquilino que no es una habitación 24 horas, aunque en muchas ocasiones no se cumple.
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