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Economía
Cesta básica

Las ventas en supermercados sufren su peor caída desde la guerra de Ucrania mientras el Gobierno se niega a bajar el IVA

La facturación del sector cayó un 2,7% en agosto debido al menor consumo

El Partido Popular, Vox, la patronal del gran consumo y hasta Mercadona. En las últimas semanas, son muchas las organizaciones sectoriales, empresas y partidos que han pedido al Gobierno que rebaje o elimine -en algunos casos- el IVA de los alimentos para paliar la subida de precios causada por la guerra en Irán o, más concretamente, por el encarecimiento del transporte y la producción debido a la crisis energética.

Hasta ahora el Ejecutivo se ha negado a tomar esa decisión, supuestamente porque no lo ve necesario -durante la espiral inflacionaria de 2022 la rebaja tributaria de la cesta de la compra no entró en vigor hasta enero de 2023-, aunque a nadie escapa que el Fisco difícilmente puede permitirse el lujo de aplicar una minoración impositiva que podría costarle más de 1.000 millones de euros en recaudación, más aún después de que el pasado mes de julio la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) avisara de que a nuestro país ya no le queda margen fiscal para tomar más medidas de largo alcance sin comprometer el déficit.

Sea como fuere, el caso es que la no-bajada del IVA ya está empezando a tener consecuencias sobre el consumo, que es precisamente lo que temían las empresas de la distribución. Así se desprende de la última oleada del Índice de Comercio al por Menor publicada por el INE, que revela que el pasado mes de agosto la facturación de los comercios alimentarios -léase, supermercados, colmados, carnicerías, pescaderías, etc.- experimentó su mayor descenso desde febrero de 2023 (un año después de la invasión rusa de Ucrania), con una caída del 2,7% en comparación con el resultado del mismo mes de 2025.

De hecho, la estadística acumula cinco meses de retrocesos continuados, una evolución que no se observaba desde el período comprendido entre el final de 2022 y el arranque de 2023; de nuevo, coincidiendo con la peor fase de la crisis energética que siguió al estallido de la guerra en el este de Europa. Concretamente, entre enero y agosto de este año la cifra de negocios del sector cayó un 1% interanual de media, un desplome mayor al registrado en el mismo período de 2023 (-0,5%) y solo superado por el -3,3% de 2022.

Todos estos datos corresponden al índice a precios constantes, una métrica del INE que elimina el efecto de la inflación y por ello es el más adecuado para analizar el efecto que la guerra está teniendo sobre el consumo; naturalmente, a euros corrientes la estadística puede caer menos, pero solo porque todo se encarece mes a mes.

Los carritos de la compra lucen cada vez menos llenos. Tanto es así que si se toma el indicador a precios corrientes y se elimina la distorsión causada por el calendario y la estación (en Semana Santa, por ejemplo, se gasta más), resulta que en agosto las ventas de supermercados y demás tiendas de alimentación cedieron un 0,7% interanual y en julio lo hicieron un 1,2%, el mayor desplome desde febrero de 2021, cuando nuestro país estaba sumido en lo peor de la pandemia de Covid-19.

La guerra de Irán ha mermado el consumo, y esto afecta no solamente a la alimentación, pues el índice general de la estadística de comercio del INE, que mide la evolución de todos los sectores, se aminoró un 1,1% a precios constantes.

Sin embargo, la contracción registrada en el sector de la alimentación es preocupante por lo que dice sobre el efecto que la crisis inflacionaria está teniendo sobre los hábitos de consumo alimentario, una métrica que es importante observar porque las familias con menores ingresos son más vulnerables frente a los encarecimientos de la cesta de la compra.

Bien es cierto que el paquete alimentos en la estadística de IPC del INE se anotó un alza interanual del 2,7% en septiembre -una subida contenida comparada con el índice general-, pero algunos productos experimentaron incrementos sensacionales; es el caso de los huevos, con un +12,3%, el pescado (+4,5%), las legumbres (+6,7%) o la carne de vacuno (+7,9%). Además, la mayor parte de los análisis apuntan a que la cesta de la compra no dejará de encarecerse a medida que pasen las semanas y el tiempo vaya trasladando del campo a la mesa la creciente inflación de los fertilizantes y el gasóleo agrícola.

Precisamente por ello, y porque esta contracción del gasto puede afectar a la cifra de negocios del comercio minorista, el pasado miércoles la principal patronal del sector exigió al Gobierno que aplicara una rebaja temporal en el IVA de algunos alimentos e incluso una minoración hasta el 0% en el caso de la cesta básica. Según explica a OKDIARIO Ignacio González, el presidente de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc) -la principal asociación empresarial del gran consumo-, la inflación «no le interesa a nadie» porque esos supuestos mayores ingresos se van en costes y el volumen de ventas se ve afectado (como demuestran los datos).

Sobre la supuesta falta de margen fiscal del Ejecutivo para bajar los impuestos, González nos recuerda que la recaudación de Hacienda ha crecido un 50% en siete años. «Hay recursos para mejorar el poder adquisitivo de los consumidores», zanja.