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Los pescadores acusan a la eléctrica Ocean Winds de manipular estudios para blanquear la eólica marina

Los trabajadores del mar aseguran que contradice a "la literatura científica independiente"

Los pescadores exigen a Aagesen que pare la eólica marina: «Ya ha admitido que no conoce su impacto»

  • Benjamín Santamaría
  • Economista, analista, conferenciante y máster de educación con especialidad en Economía. Redactor de economía y empresas en OKDIARIO y autor de 'La economía a través del tiempo' en el Instituto Juan de Mariana. Miembro de la junta directiva del Centro Diego de Covarrubias.

Los pescadores acusan a la energética Ocean Winds, de la mano de la consultora Blue Grid, de elaborar un estudio que, según mantienen, contradice a «la literatura científica independiente» con el fin de blanquear los efectos secundarios de la eólica marina. En concreto, la Plataforma en Defensa de la Pesca y de los Ecosistemas Marinos ha denunciado un informe presentado por la energética en el WindEurope Annual Event 2026, cuyo título es Floating Offshore Wind & Biodiversity Coexistence.

Este documento trata sobre el parque eólico flotante WindFloat Atlantic, situado en Viana do Castelo, Portugal. Según ellos, este estudio «constituye un ejercicio de propaganda empresarial disfrazado de ciencia».

En concreto, el informe ha sido encargado y financiado por Ocean Wins «y elaborado por una consultora contratada a tal efecto», Blue Grid. Este estudio concluye que el parque actúa como «refugio para peces y pulpos» y que no ha alterado el equilibrio del ecosistema.

Sin embargo, los pescadores consideran «que no ha sido sometido a revisión por pares» y que contiene una serie de conclusiones que «no resisten el contraste con la literatura científica independiente».

Según ellos, nadie «discute que una estructura sumergida atraiga fauna marina», pues «eso ocurre con cualquier objeto hundido, desde un pecio hasta un espigón portuario».

Por ello, los trabajadores del mar creen que «resulta demagógico y científicamente inaceptable extrapolar ese fenómeno para afirmar que un parque eólico industrial es beneficioso para el ecosistema marino».

Los representantes del sector explican que el documento sobre la eólica marina reconoce que «la variabilidad natural estacional e interanual es el principal factor que condiciona la evolución de las comunidades marinas». Para ellos, esto «invalida la atribución causal al parque de los cambios observados».

«Se pretende convertir una correlación débil, en un proyecto piloto de apenas 25 MW y tres aerogeneradores, en una verdad científica universal aplicable a despliegues de miles de MW», argumentan.

Por ello, califican este informe de «operación de marketing» y lo confrontan con «la mejor ciencia disponible» que, según mantienen, «dice exactamente lo contrario».

Estudios sobre la eólica marina

Para ello, los pescadores recuerdan al investigador Josep Lloret del Instituto de las Ciencias del Mar (ICM-CSIC), el cual publicó un trabajo en Marine Pollution Bulletin que advierte que los parques eólicos marinos no deben considerarse, como regla general, una herramienta de conservación de la biodiversidad ni un «área marina protegida de facto».

Este estudio, al contrario del presentado por Ocean Wins, sí se hizo en una «revista indexada con revisión por pares». Además, «propone el principio NIMPA (Not In Marine Protected Areas)» y «concluye indicando que los posibles efectos positivos locales dependen mucho del contexto y que los impactos netos sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos siguen siendo inciertos, especialmente en el caso de la tecnología flotante».

Unos pescadores faenando.

«Trabajos anteriores del mismo equipo, publicados en Science of the Total Environment (2022) e ICES Journal of Marine Science (2025), refuerzan esta conclusión», aseguran: «Los parques eólicos marinos plantean riesgos ambientales serios y los modelos del Mar del Norte no son trasladables a otras cuencas».

«La diferencia entre ambos trabajos es abismal», sentencian. De esta forma, los trabajadores del mar consideran que «uno es un estudio pagado por quien tiene interés comercial directo en el resultado; el otro, investigación pública, independiente y sometida al escrutinio de la comunidad científica internacional».

«Cuando una empresa paga un estudio para concluir que su negocio es bueno para la naturaleza, eso no es ciencia: es publicidad, y si las administraciones lo asumen acríticamente, eso no es planificación, es sencillamente complicidad», declaran. «Los pescadores exigimos que las decisiones sobre nuestro mar se tomen con ciencia real, no con informes a medida», lamentan.