El mundo es suyo
El mundo es suyo. No hay duda. Es un mundo Real, un mundo Real Madrid y es un mundo Cristiano, un mundo Cristiano Ronaldo. Un gol del crack portugués dio a los blancos su sexto Mundial de Clubes al ganar al Gremio en la final. Los brasileños propusieron un partido duro y callejero, pero el equipo de Zidane monopolizó la pelota y las ocasiones. El Madrid, fiel a su estilo de siempre, conquistó el mundo. Otra vez.
Como en las corbatas de Florentino Pérez, no había sorpresas en el once del Real Madrid. Jugaban los de Cardiff, los once que más le gustan a Zidane a falta de que Bale adquiera, si Dios quiere, la velocidad de crucero. Era un equipo de gala, garantizado que dice Matías Prats en el anuncio, quizá el mejor que puede presentar Zidane a día de hoy.
Sé que se lo saben pero se lo repito: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric, Isco; Cristiano Ronaldo y Benzema. Y con esos once comenzó el Real Madrid dominando el partido. El Gremio se pertrechaba atrás con oficio y también se atrevía a presionar la salida de balón del equipo blanco. Una cornada de Geromel a Cristiano en el primer minuto fue el aviso de que los brasileños habían salido a repartir palos para hacer un fuerte. Debió ser roja, pero el árbitro no sacó ni amarilla.
El Real Madrid cogió miedo como Curro Romero y empezó a distraer la posesión pero sin asomarse al área del Gremio. Era comprensible porque los brasileños repartían unos mamporros como Steven Seagal en esas películas en las que siempre hace de cocinero. La cocción lenta del duelo favorecía los intereses del Gremio, empeñado en resistir igual que un costalero.
Fútbol callejero
Un par de centros al área dieron noticia de la presencia del Real Madrid en la final. El juego era espeso y el Gremio no paraba de llevárselo a lo callejero, convirtiendo el mediocampo en una sucesión de emboscadas. Era más difícil encontrar caminos en la zaga brasileña que una bandera española en Vic. Pero los blancos no perdían la paciencia y se afanaban en buscar la salida del laberinto gremial.
En el 19 llegó la primera ocasión del Real Madrid. Una volea de Carvajal dentro del área la despejó el repartidor Geromel casi bajo los palos. Y en el córner subsiguiente acarició Varane el tanto en un remate que se le quedó algo corto. Los blancos empezaban a cortejar a la dama del gol.
Se creció el Real Madrid, pero empezó a ser víctima de su propia falta de puntería. Un disparo cruzado de Modric en el 23 se marchó a la izquierda de la meta de Grohe, que tiene nombre de grifería más que de portero. Tres minutos después Casemiro vio una amarilla justa, pero le recordó al mexicano que su compatriota se había ido de rositas por su entradón a Cristiano Ronaldo. La falta, casi en el mediocampo, la ejecutó Edilson con fuerza, el madridismo contuvo la respiración y el disparo se marchó alto.
Manda el Madrid… y Cristiano
Eran fuegos de artificio porque el partido ya era del Real Madrid. Marcelo y Carvajal anchos y profundos, Modric y Kroos al comando, Cristiano e Isco moviéndose bien… y Benzema haciendo de Benzema, ya saben: más bien poca cosa. Ronaldo pidió penalti en el 37, pero el brasileño de turno primero tocó el balón y luego cobró pieza. Y un minuto después el propio CR7 pudo marcar con un tremendo disparo de falta que se marchó arriba por muy poco. Y con esa ocasión y los futbolistas del Madrid tocándose si volvían con las dos piernas al vestuario nos fuimos al descanso.
Reanudóse el duelo en el mismo escenario como si fuera La que se avecina. El Real Madrid trataba de atacar y el Gremio se afanaba en defenderse. Monopolizaban la bola los de Zidane, pero los brasileños bailaban una samba defensiva fea pero efectiva. Un disparo de Cristiano en el 50 sumó otra ocasión a la nómina de su equipo.
Ramiro pidió un penalti de Sergio Ramos en el 52, pero el mexicano no pitó nada. Para ser sinceros, la jugada estaba al filo. Y en la contra siguiente llegó el gol del Real Madrid. Lo marcó, cómo no, Cristiano Ronaldo. Lo hizo en una de las 50.000 faltas del Gremio. Alguien se abrió en la barrera y por ahí encontró el luso el hueco para marcar. Se lo merecían ambos, CR7 y el Madrid.
¿Dónde está el VAR?
Y el Real Madrid se desató con un golazo que marcó Cristiano tras asistencia de Benzema. Sin embargo, el asistente tenía levantada la bandera –por error, porque Karim estaba en línea–, así que el mexicano dejó a Ronaldo sin doblete. Pero los blancos ya estaban lanzados: presionaban, atacaban, habían perdido el miedo a la final y se iban a vengar de todas las patadas del Gremio.
En el 64 el gol de Modric se estrelló contra el poste después de que Grohe tocara con las punta de los dedos. Zidane ponía a calentar a Bale, Lucas y Asensio por si era necesario buscar una contra para cerrar la final. Entró Lucas Vázquez por un desdibujado Isco en el 72. El malagueño parece fundido en el último mes.
Benzema tuvo el 2-0 en el 75, pero su disparo fue muy blandito y al centro. Vamos, que el debate del 9 sigue abierto, abierto, abierto. El Real Madrid empezó a cantar una nana a la pelota para dormir el partido. Lo consiguió y a la vez siguió dominando al Gremio y evitando pasar apuros. El portero brasileño volvió a salvar a su equipo en un cabezazo de Cristiano Ronaldo, justo un minuto después de que Bale supliera a Benzema.
El galés dejó un detallazo que demuestra que debe tener sitio en el equipo para el Clásico. Sentó a un rival y disparó de exterior. Su remate, plástico y espectacular, se marchó arriba. Con esa jugada casi se murió el partido y la final que proclamó al Real Madrid, de forma indiscutible y merecida, campeón del Mundo de clubes por sexta vez, que se dice pronto, pero que no lo puede decir nadie más.
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