El Barcelona da el golpe en la mesa del Atlético
Los rojiblancos comenzaron con buen pie, pero los azulgranas fueron fundiéndoles a negro
Un doblete de Fermín neutralizó el tanto inicial de Giuliano y hace al Barcelona más líder
Los de Flick pasaron de ser agobiados a ni siquiera sufrir en el tramo final
Se las prometían felices en el Metropolitano cuando Giuliano Simeone, sospechoso habitual en este tipo de funciones, volvía a ganar la espalda a la defensa azulgrana y adelantar al Atlético. Caía Flick en la trampa tendida por Simeone, la misma que la temporada pasada y la que se veía venir desde el hotel de concentración. No aprovechó el Atlético su momento para ganar más oxígeno —Pubill se topó con el larguero y Julián consigo mismo— y al final quedó asfixiado (1-2) con el doblete de Fermín, que cambia el escenario para el parón. Los rojiblancos pasan de haber sido líderes virtuales a quedarse a cinco puntos de un Barcelona que fue de menos a más y acabó con tanta superioridad que ni sufrió al final del partido. El Atlético, por su parte, salió valiente en los primeros 20 minutos y el resto fue un progresivo fundido a negro.
La etapa más contemporánea de los careos entre Atlético y Barcelona amaga con ser más inflamable de la serie histórica, tanto en el terreno de juego como en los despachos. Precisamente, el segundo escenario es el que ha hecho saltar por los aires el primero. El sueño de una noche de verano en la que Julián Álvarez, con su país imbuido en pleno Mundial, decidió que era buena idea vociferar al públicamente que «lo mejor es una transferencia» y que quería «cumplir mi sueño» hizo saltar todo por los aires.
Presiones, rumorología y crispación. Tres meses después de aquello, Juliá tenía que jugar un Atlético-Barcelona con las franjas de las que pretendía huir. La lupa sobre él y el rock and roll sobre todos sus compañeros. «El Atlético sabe cómo iniciar este tipo de partido», predijo Moyá en OKDIARIO. Y vaya si conoce el camino. Simeone alineó un once con Koke a los mandos junto a Barrios; Grimaldo y Giuliano como puntales por los costados y Kang-in Lee actuando de acompañante sobre el controvertido Julián. Once perros de presa que fueron mutando en cachorros.
Dos personalidades en una. Dr. Jekyll y Mr. Hyde. La primera fue vigorosa e imponente; la segunda, más mansa. De todo había pasado cuando Alberola Rojas detuvo el partido en el minuto nueve para recordar a Jesús de Miguel. Julián había fallado una mano a mano en el que se le hizo eterno el camino del centro del campo al área, tanto que cuando llegó a los dominios de Joan García, se quedó sin ideas. Después, Pubill se topó con el larguero, Fermín también, y Giuliano castigó un error en cadena del Barcelona. No bascularon ni Cancelo, ni Fariñas y si se preguntan dónde estaba Gerard Martín en el gol… Observando los toros desde la barrera. Un desastre azulgrana.
El Atlético derrochaba adrenalina, la testosterona demandada por la grada y toque. Ya saben, este Atlético se siente más cómodo con balón que sin él. Los rojiblancos transmitían peligro cada vez que realizaban alguna transición ofensiva, pero de sensaciones no se vive en el fútbol. Conviene materializar porque es un deporte de estado de ánimo y el Barcelona, que estaba como un boxeador golpeado, fue recuperándose poco a poco. Metro a metro. Y cuando el descanso ya llamaba a la puerta, una carrera de Pedri desembocó en gol de Fermín, que no perdonó como Julián.
Gol psicológico porque lo que salió del vestuario poco y nada tuvo que ver con lo que entró. Flick retiró a Fariñas y Cancelo, sus dos peones más maltrechos y el Barcelona se reencontró con su presión alta. El agobio se cernió sobre el Atlético, que, no obstante, tuvo la posibilidad de quitarse la soga antes de que apretara demasiado. Julián Álvarez volvió a tener un mano a mano y volvió a resolverlo infructuosamente. Y de otro perdón se pasó a otra ejecución porque recuerden que Fermín no pide permiso ni disculpas. Recibió entre líneas de Lamine y batió a Oblak. Simeone envidó con Sorloth y Joanthan David junto a un Julián Álvarez echado a banda. Pero fue un espejismo porque ni atacaron ni controlaron el partido. El Metropolitano despidió a los suyos con pitidos y a cinco puntos del Barcelona, que acaba la noche como la empezó, líder de Liga.
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