El sencillo truco para limpiar tu vitrocerámica y que quede como nueva: todos te van a preguntar
El truco definitivo para que tu vitrocerámica parezca nueva
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La vitrocerámica es uno de los lugares que más se manchan de la cocina, y también uno de lo que más pereza nos da limpiar. Sin embargo, poniendo en práctica este truco que se ha hecho viral en redes sociales no nos va a costar nada quitar los restos de comida quemados y las manchas de la vitrocerámica. De esta manera, alargaremos su vida útil y conseguiremos mantener a raya los gérmenes y bacterias.
El truco para limpiar la vitrocerámica
Los materiales que necesitamos son muy simples: jabón para la vajilla, trapo, limpiacristales, estropajo suave y rascador con cuchilla.
Comenzamos aplicando un poco de jabón obre toda la superficie. Frotamos con el estropajo y limpiamos los restos más superficiales con el trapo. Una vez tengamos la vitrocerámica relativamente limpia, aplicamos un poco de limpiacristales y jabón y hacemos movimientos circulares con el estropajo para eliminar las manchas.
Dejamos que la mezcla repose durante cinco minutos y, una vez transcurrido el tiempo, retiramos con el trapo. Si continúa haciendo manchas, podemos usar con mucho cuidado para no rayar la vitrocerámica el rascador con cuchilla. Es muy importante que las manchas estén reblandecidas.
Volvemos a limpiar la suciedad con el estropajo y el trapo. Una vez la vitrocerámica esté limpia y sin manchas, cogemos otro trapo y pasamos un poco de limpiacristales para devolverle su brillo original.
Solución casera con limón
Gracias a las propiedades ácidas del limón, también podemos limpiar la vitrocerámica con esta solución casera para disolver la grasa y la suciedad. Los materiales que necesitamos son: limones, bicarbonato de sodio, un trapo, agua y espátula de plástico.
Empezamos exprimiendo el zumo de uno o dos limones en un recipiente. A continuación, espolvoreamos bicarbonato de sodio sobre la vitrocerámica y vertemos el zumo de limón. La reacción efervescente ayudará a aflojar la suciedad.
Dejamos que la mezcla repose sobe la superficie durante unos minutos. Con un paño suave, frotamos suavemente la superficie, asegurándonos de e eliminar la suciedad incrustada. Si hay manchas difíciles, podemos utilizar la espátula de plástico para raspar suavemente la suciedad, teniendo cuidado de no rayar la vitrocerámica.
Enjuagamos la superficie con agua para eliminar cualquier residuo de limón y bicarbonato de sodio. Y, para terminar, secamos con un paño limpio y seco. ¡La vitrocerámica queda como nueva!
Este método es muy útil para la limpieza básica de la vitrocerámica, así que podemos ponerlo en práctica a diario después de cocinar.
Consejos prácticos
Para alargar la vida útil de la vitrocerámica, la limpieza es clave. Debemos eliminar los derrames o salpicaduras inmediatamente con un paño suave o esponja no abrasiva para evitar que se quemen y se adhieran a la superficie.
Además, tenemos que evitar deslizar o arrastrar ollas y sartenes sobre la superficie, ya que esto podría rayar la vitrocerámica. Lo ideal es usar utensilios de madera, plástico o silicona. Por supuesto, debemos tener cuidado al colocar objetos para evitar golpes que puedan dañar la superficie.
A esto hay que sumar la importancia de que las ollas y sartenes tengan bases planas y sean proporcionales al tamaño de la zona de cocción. Esto asegura una distribución uniforme del calor y previene la formación de zonas con temperaturas demasiado elevadas que podrían ocasionar daños en la vitrocerámica.
Es fundamental dejar que la superficie de la vitrocerámica se enfríe por completo antes de proceder a limpiarla después de cocinar. Los cambios bruscos de temperatura podrían ocasionar daños en la superficie.
Y, por último, debemos llevar a cabo un mantenimiento regular de las juntas que rodean la vitrocerámica con el fin de prevenir la acumulación de suciedad y humedad.
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