Según la psicología, devolver el carrito de la compra a su lugar designado en el supermercado no sólo es una muestra de organización, sino también de un fuerte sentido de responsabilidad colectiva
La psicología analiza qué se esconde detrás de una acción que en teoría nos obliga a hacer algo
Los expertos en mecánica avisan: «Si vives en una gran ciudad o en clima seco debes cambiar el filtro del aire acondicionado cada año»
Un experto en neurociencia afirma que para evitar el declive cognitivo no basta con hacer crucigramas: también hay que dormir de 7 a 9 horas diarias
María Zambrano, filósofa española: "Sólo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece"
Cada vez que vamos a hacer la compra al supermercado, hay un elemento que nunca nos falta: el carrito. Y cuando acabamos, toca devolverlo al lugar de dónde lo hemos cogido o a la zona dispuesta para ellos, si por ejemplo estamos en el parking de un gran centro comercial y ya hemos dejado las bolsas en el maletero. Hay quien precisamente lo lleva hasta esta zona, pero también quien lo deja en cualquier hueco del aparcamiento. A priori, no parece una decisión demasiado importante. Sin embargo, este gesto tan cotidiano ha terminado despertando el interés de la psicología en torno al comportamiento que mantenemos cuando nadie nos obliga a hacer algo.
Y es que lo de devolver el carrito no suele tener premio. Tampoco dejarlo fuera de su sitio implica necesariamente una sanción. Y precisamente ahí está la cuestión ya que en la mayoría de los casos depende de una decisión personal y de cómo entendemos nuestra responsabilidad dentro de un espacio que utilizan muchas más personas, algo que revela entonces mucho de nuestro carácter según nos explica la psicología.
Qué dice la psicología sobre devolver el carrito de la compra
En Internet lleva años circulando la denominada Shopping Cart Theory o Teoría del Carrito de la Compra. Se hizo especialmente popular a partir de 2020 y plantea una situación muy sencilla: si una persona puede devolver el carro sin obtener nada a cambio y también puede abandonarlo sin sufrir consecuencias, ¿qué determina su elección?
La respuesta, según esta teoría popular, estaría en la responsabilidad individual. Quien devuelve el carrito lo hace porque considera que es lo correcto, no porque alguien esté pendiente de su comportamiento. Eso no significa que estemos ante un test psicológico. La llamada Teoría del Carrito no es una herramienta científica que permita clasificar a las personas entre buenas y malas. Su interés está más bien en la pregunta que plantea y en cómo conecta con conceptos que sí han sido estudiados por la psicología social, como el comportamiento prosocial y que son aquellas acciones que, de una manera u otra, favorecen a otras personas o al conjunto de la comunidad.
Un gesto relacionado con la responsabilidad
Entre los rasgos que pueden entrar en juego aparece la responsabilidad o escrupulosidad, una de las dimensiones que forman parte del modelo de los Cinco Grandes rasgos de personalidad. Este concepto incluye aspectos como la organización, el cumplimiento de obligaciones o la tendencia a terminar correctamente una tarea. Visto así, devolver el carrito sería simplemente el último paso de la compra: se ha utilizado algo y se deja de nuevo donde corresponde.
Pero también existe un componente colectivo. Dejar un carro en mitad del aparcamiento puede ocupar una plaza, dificultar el paso de otros clientes o acabar provocando algún golpe si se desplaza. Además, obliga a otra persona a recogerlo. Quien lo devuelve evita esos pequeños inconvenientes aunque probablemente nunca llegue a saber a quién ha beneficiado con su decisión.
Lo que hacemos cuando nadie está mirando
Buena parte de nuestra conducta está condicionada por lo que ocurre alrededor. No actuamos exactamente igual cuando sabemos que alguien nos observa que cuando creemos que nadie está pendiente de nosotros. Las normas, la posibilidad de recibir una reprimenda o incluso el deseo de causar una buena impresión pueden influir en nuestras decisiones. Pero con el carrito del supermercado buena parte de esa presión desaparece.
Nadie tiene por qué saber quién lo ha devuelto. Tampoco quién lo dejó entre dos coches. Por eso el ejemplo resulta curioso desde el punto de vista psicológico: permite pensar en esas pequeñas normas de convivencia que cumplimos sin necesidad de que exista una obligación expresa. Y es algo que hacemos constantemente. Tiramos un papel a la papelera, recogemos una bandeja después de comer o cerramos una puerta que encontramos abierta. Son acciones pequeñas, pero ayudan a que los espacios compartidos funcionen mejor.
No devolver el carrito no significa ser irresponsable
Ahora bien, tampoco tendría sentido sacar conclusiones sobre una persona por una escena aislada. El contexto importa, y mucho. Puede haber alguien con dificultades de movilidad, una madre o un padre pendiente de un niño pequeño, una urgencia o simplemente tenemos el coche en una zona del aparcamiento enorme con los puntos de recogida demasiado alejados. En cualquiera de esas situaciones, dejar el carrito fuera de su lugar tiene una explicación que poco dice sobre la personalidad.
Por eso, si se quiere utilizar este ejemplo para hablar de comportamiento, resulta más interesante fijarse en los hábitos que en una acción concreta. Una persona que normalmente devuelve aquello que utiliza y procura no generar molestias a los demás muestra un patrón diferente al de quien, pudiendo evitarlo fácilmente, deja de manera habitual esa responsabilidad en manos de otros.
Por qué un carrito puede convertirse en una cuestión colectiva
Un carro abandonado apenas cambia nada. El problema aparece cuando muchas personas toman exactamente la misma decisión. Es decir, que si diez o veinte clientes los dejan repartidos por un aparcamiento, empiezan a desaparecer plazas libres, se crean obstáculos y los empleados deben dedicar más tiempo a recogerlos. Llegamos entonces a la conclusión de que una decisión individual muy pequeña termina teniendo un efecto visible cuando se repite, y ahí está probablemente la parte más interesante de la famosa Teoría del Carrito. No demuestra quién es mejor persona ni sirve para juzgar el carácter de nadie. Lo que hace es poner un ejemplo extremadamente cotidiano de cómo funciona la responsabilidad compartida.
Lo último en Curiosidades
-
Los expertos en mecánica avisan: «Si vives en una gran ciudad o en clima seco debes cambiar el filtro del aire acondicionado cada año»
-
Un experto en neurociencia afirma que para evitar el declive cognitivo no basta con hacer crucigramas: también hay que dormir de 7 a 9 horas diarias
-
María Zambrano, filósofa española: «Sólo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece»
-
Según la psicología, devolver el carrito de la compra a su lugar designado en el supermercado no sólo es una muestra de organización, sino también de un fuerte sentido de responsabilidad colectiva
-
André Alonso, experto en plantas: «La espatifilium es la planta que más daño ha sufrido por estar en los listado de plantas para pisos oscuros»
Últimas noticias
-
Los expertos en mecánica avisan: «Si vives en una gran ciudad o en clima seco debes cambiar el filtro del aire acondicionado cada año»
-
Bertín Osborne desvela lo que le pasó tras la vasectomía: «Coges un buen tamaño, pero el médico me dijo que no se iba a quedar así»
-
Trump promete a los estadounidenses un pago de 4.300 euros si su partido gana las ‘midterms’
-
El delegado del Gobierno en Ceuta dice que la llamada de alerta de 11 minutos del CNI fue una «comunicación informal»
-
GP de España de F1: a qué hora es y dónde ver en directo y por televisión gratis en vivo online la carrera del Mundial de Fórmula 1