Curiosidades
Arturo Pérez-Reverte

La reflexión de Arturo Pérez-Reverte, periodista y escritor (74 años): «La felicidad es cosa de imbéciles, no se puede ser inteligente, lúcido y feliz al mismo tiempo»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La concepción que Arturo Pérez-Reverte tiene de la felicidad se encuentra muy lejos de los discursos de autoayuda. En una de sus columnas de «Patente de corso», el escritor ironiza precisamente con el conocido lema «si no eres feliz es porque no quieres», cuestionando la idea de que para poder sobreponerse a cualquier desgracia basta con cambiar la actitud.

Su crítica, sin embargo, no está dirigida contra la felicidad en sí, sino contra quienes la convierten en una obligación y hacen recaer toda la responsabilidad sobre el individuo. Bajo su punto de vista, la enfermedad, la pérdida, la mala suerte o el sufrimiento forman parte de la vida y no desaparecen simplemente adoptando una actitud positiva. Por eso considera que transformar la felicidad en un deber puede terminar generando frustración, presión y hasta sentimiento de culpa.

«La felicidad es cosa de imbéciles, no se puede ser inteligente, lúcido y feliz al mismo tiempo»

Esta frase de Arturo Pérez-Reverte surgió durante una conversación en redes sociales y, con el paso del tiempo, terminó convirtiéndose en una de las citas más conocidas del escritor.

Pensar mucho no significa necesariamente pensar bien. En determinadas situaciones, darle vueltas a lo ocurrido puede ayudarnos a entenderlo mejor o a encontrar una solución. Pero también puede suceder lo contrario: que la mente quede atrapada en el mismo problema y repita los mismos pensamientos sin avanzar. Este patrón recibe el nombre de rumiación y hace referencia a un pensamiento repetitivo centrado en nuestras emociones, sus motivos y las posibles consecuencias.

Desde la perspectiva psicológica, el problema no es pensar, sino qué hacemos con esos pensamientos: si nos ayudan a comprender, aprender y avanzar, o si simplemente nos hacen regresar una y otra vez al mismo punto. La segunda parte de la cita de Pérez-Reverte resulta más contundente: «Un hombre inteligente es un hombre atormentado». Sin embargo, cuando esta idea se compara con la evidencia científica, la relación entre inteligencia y felicidad resulta mucho más compleja.

Una investigación publicada en Psychological Medicine analizó los datos de 6.870 adultos de Inglaterra y encontró una asociación significativa entre el coeficiente intelectual y la felicidad. Según sus conclusiones, las personas con un coeficiente intelectual más bajo presentaban menores niveles de felicidad que aquellas con un coeficiente intelectual más elevado.

La inteligencia, además, no se limita a la capacidad de analizar racionalmente lo que nos sucede. Otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de Extremadura con 646 adolescentes encontró que, a medida aumentaban tanto la capacidad para comprender las emociones como la habilidad para regularlas, también aumentaba la felicidad percibida.

La psicología plantea una interpretación muy interesante a la frase de Pérez-Reverte: quizá no sea aquello que somos capaces de comprender lo que más nos atormenta, sino aquello que nuestra mente no consigue dejar atrás.

«Tengo 65 años. Quieras que no, la vida te hace ver cosas que con 20, 30, 40 o incluso con 50 años no ves. La vida me ha despojado de muchas cosas y me ha dejado una forma escéptica de mirar. Necesito creer en cosas para vivir y, como no tengo fe, me invento las mías: mi fe son mis amigos, mis lealtades, mis libros, los perros, el mar, el respeto por el valor, la coherencia y la dignidad», comentó el escritor durante una entrevista con Infobae.

Para Pérez-Reverte, vivir bien implica construir una ética propia cuando las grandes certezas dejan de existir; ser leal, cuidar las amistades, leer, trabajar con honestidad, disfrutar del mar, querer a los perros y, por encima de todo, mantenerse fiel a los propios principios, incluso cuando las circunstancias parecen empujarnos en la dirección contraria.

Citas de Arturo Pérez-Reverte