Curiosidades
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¿Por qué la calidad del oro se mide en quilates, y qué significa realmente que una pieza sea de 24 quilates?

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Comprar una joya de oro implica enfrentarse a una terminología técnica que, a menudo, genera confusión entre los consumidores. El término «quilate» aparece siempre como el indicador definitivo de valor, pero pocos conocen su verdadera naturaleza.

Desde las antiguas rutas comerciales hasta la alta joyería actual, esta unidad de medida determina si una pieza es de inversión o de uso cotidiano.

El origen histórico y el significado de los quilates en la pureza del oro

Para comprender este sistema, debemos viajar a la Antigua Roma. El emperador Constantino I instauró en el siglo IV d.C. el Solidus aureus. Esta moneda pesaba exactamente 24 sílicuas, una unidad basada en las semillas del algarrobo (Ceratonia siliqua), conocidas por la uniformidad de su peso.

Con el tiempo, esta división en 24 partes se convirtió en el estándar para medir la pureza del metal. Un quilate representa, por tanto, una veinticuatroava parte de la masa total de la aleación.

Históricamente, cuando las monedas comenzaban a perder pureza debido a técnicas de refinamiento deficientes o devaluaciones monetarias, surgió la necesidad de una unidad objetiva que indicara qué fracción de la pieza era realmente oro fino.

¿Qué diferencia al oro de 24 quilates de otras aleaciones comerciales?

Cuando decimos que una pieza es de 24 quilates (24K), nos referimos a oro puro en un 99,9%. Expertos de la casa Celinni explican que este metal, en su estado más puro, presenta un color amarillo intenso y un brillo excepcional. Sin embargo, posee una limitación física crítica para la joyería: es extremadamente maleable y blanda.

Una joya fabricada íntegramente en 24K se deformaría o rayaría con facilidad ante el uso diario. Por esta razón, el oro puro se reserva mayoritariamente para la inversión en lingotes o monedas.

En la fabricación de joyas, el metal se mezcla con otros componentes como plata, cobre o paladio para ganar dureza. Esta mezcla da lugar a las purezas más comunes en el mercado español. Éstas son algunas de ellas:

Los punzones de garantía y la medición de pureza en joyería

Identificar la calidad de una pieza no depende solo de la confianza en el vendedor. La legislación y los usos industriales exigen métodos de verificación rigurosos. El sistema de milésimas está sustituyendo progresivamente al de quilates en entornos técnicos, estableciendo el oro puro como «1000 milésimas» (o 999,9 en términos prácticos).

Para que el consumidor reconozca la pureza a simple vista, las joyas incluyen puntos de garantía. Según la información técnica de Celinni, en algunos mercados se utilizan símbolos específicos: el «Hippocampo» identifica las piezas de 24 quilates, mientras que la «Cabeza de águila» certifica las de 18 quilates.

Además de estas marcas, los profesionales emplean pruebas de ácido, conductividad electrónica o espectrometría de rayos X para confirmar que la proporción de oro coincide con lo declarado, garantizando así la transparencia en una industria donde la pureza dicta el precio final.