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La psicología confirma que las personas que no se hacen las uñas no se están rindiendo, sino que prefieren la autenticidad por encima de la aprobación

  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.

Cada vez parece más difícil encontrar a una mujer que no lleve las uñas perfectamente hechas. La influencia de las redes sociales y de determinadas personas ha convertido la manicura en una parte casi imprescindible de la imagen personal. Uñas largas, semipermanentes, manicuras francesas, cutículas perfectas y manos hidratadas aparecen constantemente como el ideal de unas manos cuidadas.

Sin embargo, la realidad de la mayoría es bastante diferente. Hay mujeres que llevan las uñas cortas y sin pintar, otras que se las muerden, algunas tienen padrastros o la cutícula visible y muchas muestran unas manos secas o con pequeñas marcas que delatan que trabajan con ellas.

Y eso no significa que se hayan dejado o no se cuiden. No hacerse las uñas no implica no quererse, tener baja autoestima ni descuidar la higiene. En muchos casos, simplemente significa que la manicura no es una prioridad, que no se dispone de tiempo para acudir a un centro de belleza o que no existe ningún interés por llevar las manos permanentemente perfectas.

Dejar de confundir cuidado con perfección

La presión estética ha conseguido que algunas mujeres sientan que unas uñas mordidas, una cutícula visible o un padrastro son defectos que deberían esconder.

Pero estar cuidada y parecer perfectamente arreglada no son necesariamente lo mismo.

Una mujer puede tener las uñas sin hacer y cuidar su higiene. Puede tener las manos secas porque trabaja con ellas y sentirse cómoda con su aspecto. También puede llevar las uñas al natural simplemente porque prefiere emplear su tiempo y su dinero en otras cosas.

La apariencia no permite saber cuánto se cuida una persona.

Las manos reales también tienen marcas

Cocinar, limpiar, trabajar, cuidar de otras personas o realizar cualquier tarea manual deja huella. Las manos no están diseñadas para permanecer impecables, sino para utilizarse. 

Por eso, unas uñas cortas, desiguales o mordidas pueden formar parte de la vida cotidiana sin que exista detrás una historia de abandono.

Las redes sociales muestran constantemente unas manos preparadas para la fotografía, pero la vida real tiene padrastros, cutículas, pequeñas heridas, uñas rotas y piel seca. 

No todas necesitan llevar las uñas perfectas

Hacerse la manicura puede ser una forma de cuidarse y también una manera de expresarse, pero no debería convertirse en una obligación para sentirse bien con una misma.

Una mujer puede hacerse las uñas cada dos semanas porque le encanta y otra puede no hacerlo nunca. Ambas opciones son igual de válidas.

Al final, llevar las uñas al natural también puede significar haber dejado de exigirse perfección en cada detalle. Porque unas manos no tienen que estar siempre impecables para demostrar que detrás de ellas hay una mujer que se cuida y se quiere.