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Ni ejércitos ni espadas: el peligro real según Santo Tomás de Aquino se esconde en este tipo de personas

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

«Temo al hombre de un solo libro». Esta frase de Santo Tomás de Aquino nos invita a reflexionar acerca del peligro de la intolerancia y la incapacidad de dialogar con diferentes perspectivas, el cuyal continúa muy presente en la sociedad actual. Santo Tomás de Aquino, nacido en 1225 en Aquino, Italia, dedicó su vida al estudio de la fe, la razón y la ética. Su obra magna, la «Summa Theologica», ofrece lecciones universales acerca de la naturaleza humana.

Hoy, en una sociedad hiperconectada y saturada de información, el riesgo está más latente que nunca. Hay quienes se aferran a sus principios y creencias sin dejar espacio para el debate. En este contexto, el «hombre de un solo libro» representa a aquellos que no toleran la diversidad de pensamiento e ignoran la importancia de la virtud.

La poderosa reflexión de Santo Tomás de Aquino sobre el conocimiento

Más allá de señalar el problema, Santo Tomás de Aquino también proponía soluciones. La educación integral, basada en la razón y la fe, la lectura de múltiples autores y el análisis crítico son herramientas que fortalecen la mente y permiten discernir entre lo verdadero y lo falso. «El príncipe prudente debe instruirse en la ciencia que enseña cómo se gobiernan los hombres; el conocimiento y la sabiduría son armas más fuertes que la fuerza de los ejércitos», (Santo Tomás de Aquino, De Regimine Principum, Libro I, Capítulo 1)

La psicología moderna respalda estas ideas. Estudios recientes muestran que quienes rechazan nuevas ideas muestran mayor agresividad cognitiva y menor capacidad de cooperación. En la prácticas, un grupo de personas con esta mentalidad puede sabotear la toma de decisiones colectivas y perpetuar prejuicios que afectan a comunidades enteras.

Santo Tomás de Aquino también señala la importancia de la virtud en la conducta intelectual; el acto de acumular información no produce ningún efecto si no se aplica con justicia, prudencia y caridad. En este sentido, la virtud actúa como un escudo contra la arrogancia del pensamiento único. «Todas las virtudes perfeccionan la facultad que poseen y dirigen sus actos hacia el bien; la virtud es una disposición habitual que inclina al hombre a obrar correctamente». (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, Cuestión 55, Artículo 1)

En definitiva, el filósofo italiano nos recuerda que la educación es un proceso continuo en todas las etapas de la vida. La riqueza del pensamiento humano se construye con múltiples fuentes, experiencias y reflexiones. Más allá de ejércitos, espadas y guerras, el verdadero peligro se encuentra en la mente cerrada y en la incapacidad de dialogar.

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