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José Saramago, premio Nobel de Literatura afincado en Lanzarote: «Soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

José Saramago fue uno de los grandes narradores del siglo XX y el único escritor en lengua portuguesa que ha recibido el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca se lo concedió en 1998, cuando ya llevaba cinco años viviendo en Lanzarote, la isla canaria donde eligió establecerse en 1993 y donde murió en 2010. Desde allí, siguió publicando y manteniendo una visión del mundo que nunca renunció a llamar pesimista.

Ante quienes le preguntaban por esa postura, Saramago respondió en diversas ocasiones con variaciones de la misma idea: «Soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es». La frase, en sí, resume un principio que recorre su vida y su obra, que es la honestidad de mirar lo que hay, sin suavizarlo.

¿Quién fue José Saramago, el escritor portugués afincado en Lanzarote?

Saramago nació el 16 de noviembre de 1922 en Azinhaga, una pequeña localidad del Ribatejo, en Portugal. Sus padres eran campesinos. Fue un estudiante destacado, pero la falta de recursos económicos de la familia lo llevó a una escuela profesional donde se formó como cerrajero mecánico. Trabajó años en ese oficio antes de convertirse en periodista, editor y, finalmente, novelista.

Su primer libro data de 1947, pero su carrera literaria como narrador de peso arrancó décadas después, con Memorial del Convento (1982). A esa obra le siguieron El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), El evangelio según Jesucristo (1991) y Ensayo sobre la ceguera (1995), entre otras. Sus textos están publicados en más de 80 países y traducidos a aproximadamente 45 idiomas. Antes del Premio Nobel recibió el Premio Camões en 1995, el más importante de la literatura en lengua portuguesa.

El traslado a Lanzarote en febrero de 1993 fue una respuesta a la censura del Gobierno portugués, que bloqueó la candidatura de El evangelio según Jesucristo al Premio Europeo de Literatura por considerarlo ofensivo para la fe católica. En la isla canaria, según la Fundación José Saramago, inició los Cadernos de Lanzarote, un diario personal en cinco volúmenes donde registró sus reflexiones sobre Portugal, Europa y el mundo desde aquel rincón atlántico.

¿En qué contexto expresó Saramago su idea del pesimismo?

La frase «Soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es», la expresó el premio Nobel en distintas entrevistas y declaraciones a lo largo de su vida, como respuesta habitual cuando cuestionaban su tono sombrío en su literatura y en sus declaraciones públicas.

Saramago rechazaba que esa postura fuera un defecto de carácter o un error de perspectiva. Para el escritor portugués era, a su juicio, la consecuencia natural de observar el mundo con atención.

En otro de sus registros habituales, documentado en 1997, durante la ceremonia de investidura de uno de sus múltiples doctorados honoris causa amplió la misma idea. «Yo soy alguien que, cuando escribe, simplemente levanta una piedra y mira lo que hay debajo. No es culpa mía si a veces salen monstruos», afirmó, ya que para él, así la literatura era como un mero acto de observación.

¿Qué significa el pesimismo de Saramago en su obra?

El pesimismo de Saramago no es indiferencia; más bien puede verse como una forma de compromiso. Fue miembro del Partido Comunista Portugués durante décadas y nunca dejó de pronunciarse sobre desigualdad, poder y democracia.

Sus novelas más conocidas son alegorías de esa mirada. Ensayo sobre la ceguera (1995) narra una epidemia de ceguera que desintegra la civilización; Ensayo sobre la lucidez (2004) plantea una sociedad que vota en blanco como acto de resistencia.

Saramago murió en Lanzarote el 18 de junio de 2010, a los 87 años. La frase sobre la realidad y la culpa lleva décadas circulando porque dice, con una sola oración, lo que la mayor parte de su obra desarrolla en miles de páginas.