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Un experto en emetofobia: «A menudo comienza en la infancia»

La emetofobia es un trastorno psicológico que se produce por el miedo intenso a vomitar o a presenciar el vómito de otras personas. Esto puede llegar a condicionar la vida cotidiana de quienes lo padecen. Los especialistas advierten que esta afección suele pasar desapercibida durante años porque muchos pacientes no identifican sus síntomas como una fobia específica y los atribuyen a problemas digestivos o de salud física.

La psicóloga jefa de la Clínica Schön de Bad Bramstedt, Nadine Dapp, explica qué es lo que contribuye al desarrollo de la emetofobia, a quiénes deben acudir las personas afectadas y cómo se puede tratar con éxito esta afección.

Nadine Dapp señala que muchos pacientes conviven durante años con esta fobia sin recibir un diagnóstico adecuado». Además, enfatiza que este trastorno va más allá de una repulsión al vómito y que «las personas afectadas desarrollan conductas de evitación que pueden alterar profundamente su alimentación, relaciones sociales, viajes o incluso su vida laboral». Los estudios iniciales muestran que el porcentaje de población que desarrolla este trastorno es del 0,1%.

Problemas en la vida diaria

En algunos casos, los pacientes evitan zonas comunes como restaurantes, medios de transporte público o aglomeraciones por miedo a sentirse enfermos o encontrarse con alguien que vomite. Una situación que puede derivar en aislamiento social, elevados niveles de ansiedad y una vigilancia constante sobre cualquier sensación física relacionada con posibles náuseas, resalta Dapp. «Un trastorno que puede comenzar en la infancia tras una experiencia desagradable vinculada al vómito o a una enfermedad gastrointestinal, generalmente alrededor de los 10 años; aunque no existe una causa exacta identificada», indica esta psicóloga en una entrevista en el diario alemán Berliner Morgenpost.

Lentitud de los diagnósticos

Nadine Dapp resalta que «uno de los principales problemas es el desconocimiento de este problema, tanto entre la población en general como entre algunos profesionales sanitarios». Esto provoca que los síntomas puedan confundirse con problemas digestivos, trastornos alimentarios o ansiedad. Por tanto, el retraso del diagnóstico desencadena que muchas personas no reciban una atención adecuada hasta pasados unos años desde la aparición de los primeros síntomas.

Tratamientos

Los expertos destacan que la terapia cognitivo-conductual, especialmente mediante técnicas de exposición gradual, constituye uno de los tratamientos con mejores resultados para reducir el miedo y recuperar la funcionalidad cotidiana. Por otro lado, insisten en la importancia de identificar sus síntomas de forma temprana y buscar ayuda profesional especializada para evitar que aumente el trastorno y afecte a los límites personales del individuo, a su vida social o laboral.