España, Arantxa Sánchez Vicario y Barcelona 1992: así éramos, así soñábamos y así nos equivocábamos
Este es el escenario de 'Lo Nuestro', la nueva novela del periodista Enrique Llamas. Un relato que nos pone frente a nuestra propia vida, el paso del tiempo para todos y las consecuencias de nuestras decisiones.
En el año 1992 muchos de los adultísimos de hoy acabábamos de aprender a leer, habíamos sido reina de las fiestas en una verbena popular castellana cualquiera, –los más– veíamos Oliver y Benji en la televisión y también observábamos qué algo sucedía en Barcelona porque no paraba de salir en las noticias.
Y lo que pasaba era que se iban a celebrar los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, una cita donde el actual rey Felipe VI portaría la bandera española con la delegación deportiva pertinente y llenaría nuestras casas de deseos de éxito y prosperidad. Un paseo del joven Príncipe de Asturias que hizo reventar de orgullo a la infanta Elena de Borbón, que lloró ante toda España, incumpliendo las normas de la reina Victoria Eugenia de no moquear en público.
Los adultísimos de hoy supimos por las noticias, y ver con gusto a Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos diseñada por Javier Mariscal, que con aquella apuesta deportiva, Barcelona se había convertido en una ciudad renovada y cosmopolita, hoy más provinciana que nunca al ser prisionera del independentismo catalán.
Este es el escenario de Lo Nuestro, la nueva novela del periodista Enrique Llamas (Zamora, 1989), quien ya ha cosechado éxitos con sus páginas en Todos estábamos vivos –en el espacio de la movida madrileña– o Los Caín –ambientado en un pueblo de Castilla–, que nos pone frente a nuestra propia vida, el paso del tiempo para todos y las consecuencias de nuestras decisiones.
Las consecuencias de nuestras decisiones
Este relato, en el que hace un cameo Arantxa Sánchez Vicario, está protagonizado por tres jóvenes: Polo, Jaime y Clara, éstos dos últimos hermanos y pertenecientes a una familia humilde del extrarradio de Madrid que compraba cacao en polvo o Nesquik porque era más barato. Y es que en los años 90, sólo había dos opciones, la cara y la barata. Es decir, o tenías Chabel o tenías Barbie, así que si eres de los primeros es que tu familia era obrera.
Polo, sin embargo, otro de los protagonistas y amigo íntimo de Jaime, tiene 31 años y pertenece a una familia acomodada de Madrid, de la que huía todo el tiempo porque estaban en contra de la bohemia precaria de la vida periodística de su hijo. Fue a Barcelona a cubrir los Juegos Olímpicos, y al regresar a la casa de alquiler vio que su amigo Jaime –también su compañero de piso– le abandonaba para cambiar completamente de vida. Una vida que creía que quería.
El dinero también esconde infelicidad
Clara es otro de los personajes centrales de Lo Nuestro. Fan de la tenista, se escapa en autobús hasta Barcelona para poder verla, sólo equipada con una sudadera muy cara para aquellos tiempos, cuando ahorrábamos los duros en huchas de lata con el logo de Caja Rural. Allí, en la ciudad de los Juegos Olímpicos, descubrirá que el dinero también esconde infelicidad y sufrimiento, que la riqueza también sabe de desgracia y violencia, aunque sí compren Cola-Cao.
Es verdad que Llamas no conoció el contexto de los Juegos Olímpicos de Barcelona, que era un niño; pero para ello se ha documentado y ha charlado con tantas personas como le ha dado la vida. Mira atrás, observa tiempos no vividos desde la madurez, y nos la cuenta a través de unos personajes que podrían ser nuestros padres, primos o hermanos mayores porque todos vieron por televisión un momento histórico para España.
El cameo de Sánchez Vicario
Momentos de aperturismo e internacionalización, donde España mostró al mundo que se puede ser local y también global. Aunque todo tiene su parte oscura, por supuesto, al igual que los tiempos de hoy, frívolos y superficiales. «Está ambientado en un país que evolucionó mucho y muy rápido, pero a un precio muy alto», comenta el autor.
Sobre la presencia de la tenista, una de las más conocidas para el gran público, Llamas explica que «si hubiera inventado a Sánchez Vicario no me hubiera quedado mejor. Ella representaba todo, joven talentosa, trabajadora, mujer… todo. Cuando su carrera acaba, su imagen se desploma por los problemas con el fisco, con sus padres, con su pareja. Necesitaba entender cómo alguien que ha tenido todo es capaz de dinamitarlo. Para mí su figura representa muy bien lo que pasó en este país en este periodo».
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