La reflexión de John Wayne, actor estadounidense: «El coraje es estar muerto de miedo, pero aun así tener el valor de ensillar»
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La película que más ha influido a Quentin Tarantino es este western de John Wayne
No tenía fama de ser un gran actor, pero John Wayne es una figura trascendental en la construcción del mito del hombre norteamericano. Una leyenda del western que, al igual que las historias sobre justicieros y forajidos, atesora anécdotas y citas a menudo un tanto apócrifas. Hoy, la reflexión que rescatamos define a la perfección no sólo su trabajo, sino también un estilo de vida que le hizo disolverse en uno con el ideal cinematográfico de cada uno de sus personajes.
La mayoría de las críticas hacia las interpretaciones de Wayne rondaban siempre la misma diatriba. La estrella no se fundía entre sus personajes; proyectaba su propia personalidad de hombre patriarcal de moral inamovible. Por eso, tanto en La diligencia (1939) como en Centauros del desierto (1956) o El hombre que mató a Liberty Valance (1962), su voz, tono, cadencia y forma de caminar o moverse son exactamente iguales. Él es sus personajes y quizás por eso, para el séptimo arte, ha resultado ser una idea tan inmortal como ellos. Y al igual que cualquier icono trascendental, las frases que dijo en vida resuenan todavía como la lección de vida que podría decir en cualquier momento un héroe. La que nos atañe en el presente artículo habla de la definición de la verdadera valentía, no como la ausencia de temor: todo reside en afrontar la adversidad asumiendo las dificultades y seguir adelante.
John Wayne y el arte de enfrentarse al miedo
La frase en concreto dice así: «El coraje es estar muerto de miedo, pero aun así tener el valor de ensillar». El entrecomillado no proviene de ninguna de sus grandes películas. Aunque no existe un registro exacto sobre el momento en el que pronunció dichas palabras, la sentencia suele asociarse al duro momento en el que enfrentaba su batalla personal contra el cáncer en 1964.
Por aquel entonces, los grandes estudios y sus asesores le pidieron que mantuviese en secreto la enfermedad para mantener la imagen de «tipo duro e invencible». Por suerte, John Wayne era tan indomable como sus personajes; convocó una rueda de prensa y animó a la gente a hacerse chequeos médicos.
Su última aparición pública fue en los Oscar de 1979
La cita cobra todavía más peso en un contexto posterior. En 1979, Wayne estaba profundamente enfermo tras un nuevo diagnóstico de cáncer de estómago. El actor llevaba meses hospitalizado y, a pesar de que los médicos le recomendaron no asistir a la gala de los Oscar, finalmente se colocó su esmoquin y salió al escenario a presentar el premio a la Mejor Película, recibiendo una emotiva ovación que duró varios minutos.
Al final de su carrera, en 1970, Wayne terminó llevándose el Oscar al mejor actor principal por su papel en Valor de ley (1970).
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