Entramos en el restaurante favorito de Morante de la Puebla, entre cabezas de toro y fotos históricas: «Aquí está como en casa»
Morante de la Puebla es un cliente habitual del restaurante Venta Mauro
Se trata de un local gastronómico ubicado en el municipio sevillano de Villamanrique de la Condesa
Morante de la Puebla se ha convertido, por méritos propios, en una de las grandes figuras del toreo contemporáneo. Después de más de dos décadas de alternativa, el sevillano ha construido una trayectoria repleta de tardes memorables que lo han llevado a ocupar un lugar privilegiado entre los aficionados. Su personalidad en el ruedo, marcada por un concepto del toreo tan clásico como imprevisible, ha dado lugar a hitos que ya forman parte de la historia de la tauromaquia, como la primera Puerta Grande de su carrera en la Plaza de Toros de Las Ventas o el histórico indulto firmado en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Una forma de entender el toreo que despierta admiración, pero también una enorme curiosidad por conocer cómo es el diestro cuando abandona el albero.
Porque, si hay algo que caracteriza a Morante fuera de los ruedos, es precisamente la discreción con la que ha protegido siempre su vida privada. Son contadas las ocasiones en las que habla de su día a día y aún menos los lugares que frecuenta cuando no está vestido de luces. Esa reserva ha contribuido a alimentar el interés que genera todo lo relacionado con su figura. Sin embargo, en COOL hemos tenido la oportunidad de visitar uno de los restaurantes donde el torero suele hacer parada siempre que puede, un establecimiento que encaja a la perfección con su manera de entender las tradiciones andaluzas y donde su presencia forma parte ya de la historia del propio negocio.

Se trata de Venta Mauro, ubicada en el municipio sevillano de Villamanrique de la Condesa, una de las localidades con mayor tradición rociera de Andalucía. No es un restaurante cualquiera. Su ubicación estratégica la ha convertido desde hace años en una parada casi obligatoria para numerosas hermandades durante el camino hacia la aldea de El Rocío, especialmente en los días grandes de la romería. Pero más allá de esa condición de punto de encuentro para peregrinos y rocieros, el establecimiento ha conseguido hacerse un nombre propio gracias al ambiente familiar que se respira en cada uno de sus rincones y a la estrecha relación que mantiene con algunas de las figuras más reconocidas del mundo del toro.
Basta con atravesar la puerta para comprender que Morante de la Puebla ocupa un lugar privilegiado entre esas paredes. Durante nuestra visita pudimos comprobar que la decoración está profundamente ligada al universo taurino y rociero, hasta el punto de que buena parte de las fotografías, cuadros y recuerdos que cubren las paredes están dedicados al propio diestro. Instantáneas de algunas de sus faenas más recordadas conviven con ilustraciones, carteles y otros objetos que reflejan el cariño que tanto los propietarios como muchos de los clientes sienten por el torero. Lejos de parecer una exposición preparada para el visitante, el conjunto transmite la sensación de haber ido creciendo con el paso de los años, incorporando nuevos recuerdos conforme avanzaba la carrera del maestro.
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El local dispone de dos salones interiores y una amplia carpa cerrada donde suelen celebrarse comidas y reuniones de mayor tamaño. Sin embargo, si hay un espacio que define la personalidad de Venta Mauro es su barra. Allí el ambiente resulta mucho más cercano y desenfadado, con clientes habituales que entran y salen, conversaciones que giran alrededor del campo, los caballos, el Rocío o los toros y un trato que conserva el carácter de las ventas andaluzas de toda la vida. Es precisamente esa atmósfera, alejada de cualquier artificio, la que explica por qué Morante ha encontrado en este restaurante uno de sus refugios habituales lejos de los focos.
Según ha podido saber COOL, el torero acostumbra a reunirse en Venta Mauro con varios amigos y con destacadas figuras del mundo taurino, aprovechando los momentos en los que su agenda se lo permite. Además, el restaurante forma parte de una de sus paradas habituales durante la romería de El Rocío, una cita especialmente significativa para él. De hecho, fuentes cercanas al establecimiento nos confirmaron que el pasado 22 de mayo, alrededor de las 06:30 horas, Morante pasó por allí junto a la Hermandad de La Puebla del Río, compartiendo ese momento con el resto de peregrinos antes de retomar el camino hacia la aldea, una escena que los habituales del lugar viven con absoluta naturalidad.

En la cocina tampoco hay espacio para estridencias. La carta apuesta por la gastronomía tradicional andaluza, con una selección de platos donde el protagonismo recae en la calidad del producto y en una elaboración sencilla, sin artificios. Durante nuestra visita pudimos comprobar que los arroces, las carnes y la pata de pulpo son algunas de las propuestas más demandadas por quienes se sientan a la mesa, una impresión que coincide con las opiniones que numerosos clientes han dejado en Google. «Excelente materia prima bien cocinada», «Los platos que pedimos, cada cual mejor», «Cocina tradicional de mucha calidad», «La comida estaba riquísima, casera y con mucho sabor» o el rotundo «Se come brutal» son solo algunas de las valoraciones que acumula un restaurante que ha conseguido convertirse en mucho más que un lugar donde comer: un punto de encuentro donde conviven la tradición, la afición taurina y el espíritu rociero que define buena parte de la identidad de esta zona de Sevilla.