Cine

‘Carta blanca’: el cine español rescata la Guerra del Rif con un legionario ‘rojo’ como héroe indiscutible de la película

La película adapta la novela de Lorenzo Silva y se contextualiza en la también conocida como la segunda guerra de Marruecos

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Imagen de 'Carta blanca'. (Tornasol Films)
Paula M. Gonzálvez

Carta blanca, la película que adapta la novela de Lorenzo Silva, aplica un patrón recurrente en la industria cinematográfica nacional: la ficción histórica española vuelve a recurrir, una vez más, al marco de la guerra y al prototipo del héroe de izquierdas caracterizado por su sensibilidad moral, para confrontarlo así con una visión dogmática de la derecha.

Sin embargo, en el caso concreto de Carta blanca, al hacerlo incurre en una evidente contradicción: el propio relato demuestra que la extendida percepción por la que se asocia casi de manera sistemática a la Legión con la extrema derecha es un error burdo. Es más, el concepto fundacional de la Legión pasaba por no pedir explicaciones ni identidades reales a los reclutas, para atraer voluntarios a una unidad donde la probabilidad de morir era altísima. Por tanto, el grupo era variopinto.

Carta blanca se contextualiza en la guerra del Rif, también conocida como la segunda guerra de Marruecos. En el árido territorio del Rif, el ejército español libró una de sus contiendas más duras y amargas. Corría el año 1921 cuando la incursión del general Manuel Fernández Silvestre desembocó en el Desastre de Annual, un sangriento naufragio militar que dejó cerca de 12.000 soldados españoles muertos en las arenas del norte de África. La caída en cadena de las posiciones defensivas de Igueriben y el asedio de Monte Arruit derivaron en capitulaciones trágicas y ejecuciones masivas que conmocionaron a la opinión pública metropolitana.

De aquellas cenizas nació una espiral de violencia que convulsionó los cimientos del sistema político de la Restauración, bajo el reinado de Alfonso XIII, y empujó la posterior investigación del Expediente Picasso. En medio de aquel convulso escenario, la recién fundada Legión Española de Millán-Astray se convirtió en un refugio para muchos hombres, al garantizar el anonimato bajo la promesa de no indagar en el pasado de sus reclutas.

Ese es el marco bélico en el que se encuadra Carta blanca, la ambiciosa adaptación cinematográfica de la novela de Lorenzo Silva, con un guion escrito a cuatro manos junto al guionista Daniel Corpas. La película fue uno de los títulos adelantados en el festival Lo que viene.

Dirigida por Gerardo Herrero y producida por Tornasol Media y Bruja del Sur Films, la cinta cuenta con la financiación pública del ICAA del Ministerio de Cultura -que le otorgó una ayuda general de 1,2 millones de euros- y el respaldo económico de RTVE o Canal Sur, entre otros.

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Iván Pellicer y Salva Reina en ‘Carta blanca’. (Tornasol Films)

El canon imperante, esta vez en las trincheras marroquíes

Carta blanca sumerge al espectador en un tenso thriller bélico que vuelve a recurrir a los confortables e inamovibles resortes de la ficción histórica española: situar la única brújula moral posible en Juan Faura (Iván Pellicer), un conveniente héroe de convicciones de izquierdas, alistado en el Tercio para escapar de la represión en la Península. Con él, como marca el canon imperante, conviven en las trincheras marroquíes un oportuno catálogo de aristócratas arruinados, delincuentes desalmados y ultranacionalistas de corte rígido y fanatizado.

El nudo dramático de la historia estalla cuando el pelotón se adentra en una expedición de venganza tras el Desastre de Annual. Cegado por el odio tras la muerte de su hermano, el sargento Antonio Bermejo (Víctor Clavijo) arrastra a sus hombres -Salva Reina, Joel Bosqued, Roberto Sebazco y Almagro San Miguel- a un ataque contra la población civil bereber tras recibir carta blanca de los altos mandos.

Filmada en los paisajes del desierto de Tabernas, la producción vuelve a contrastar la supuesta barbarie y dogmatismo castrense con la lucidez y superioridad ética de su atormentado protagonista de izquierdas. La altura moral y el espíritu crítico, de nuevo, bajo el mismo carné ideológico.

El largometraje evoca así un conflicto que condicionaría trágicamente el futuro de España. Aquella Guerra del Rif, que acabaría sofocándose años más tarde con el desembarco anfibio de Alhucemas en 1925, se convirtió en el terreno donde se curtió una estirpe de mandos militares conocidos como los africanistas, entre ellos Franco. Por tanto, a través de este viaje cinematográfico, Carta blanca revisa heridas del pasado para rescatar un cómodo esquema maniqueo.

La película, tal y como señaló Gerardo Herrero en Lo que viene, llegará a las salas de cine a finales de 2026 para trasladar a la pantalla una historia que combina thriller y western. Según el director, el estreno de Carta blanca será toda una novedad porque, a pesar de que «la guerra de África es el segundo acontecimiento más importante en la historia de España del siglo pasado, prácticamente no se ha hecho nada de ella».