Entrevista al director y actor de 'El último mono'

Juan Dávila y Joaquín Mazón: «No entiendo que compañeros del cine español denuesten tu trabajo por hacer una película con Leo Harlem»

"A ver si conseguimos dar un volantazo al cine español para ser más atrevidos en comedia"

"Liberar con la risa temas como la muerte, el cáncer o la ELA es necesario para vivir"

'El último mono': la película que destroza a feminazis y machirulos para reírse de nuestras propias trincheras en clave de comedia romántica

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Paula M. Gonzálvez

Que El último mono, recién estrenada en cines, funcione sin crear un rechazo inmediato es una proeza. Hacer comedia en España, con la fina piel de 2026, y atreverse a desarrollar personajes con matices que a cualquier espectador le pueden resultar familiares es un riesgo que Joaquín Mazón asumió al dirigir la película. Tanto como Juan Dávila, el actor protagonista. Ambos comentan en esta entrevista con OKDIARIO, tras la proyección de El último mono en el festival Lo que viene, el tono de la comedia, el trato que se le da al género en España y cómo algunos sectores del cine español intentan imponer su visión pedante del oficio.

El último mono pone frente a frente al círculo feminazi y al de la machosfera a través de los dos personajes protagonistas, con gags que se suceden con un ritmo arrollador. Una risa tras otra. Por eso, modular el tono del personaje de Juan Dávila era imprescindible. «Al principio tenía demasiada agresividad, pero fuimos encontrando cosas para humanizarlo y que no cayese mal de golpe, porque con el discurso que tiene es muy difícil», explica el actor. «Entender a los personajes y darles un recorrido es la clave, porque si te pasas de frenada, genera un pequeño rechazo que no permitiría reírse tanto», añade Joaquín Mazón.

Ese delicado equilibrio entre la incorrección y la empatía es también lo que define al personaje femenino interpretado por Susana Abaituia. Con ella, el equipo también buscó evitar los clichés habituales a los que se recurre cuando se retrata el feminismo en pantalla. «Podríamos haber caído en el error de que generara antipatía con sus reivindicaciones», comenta el director, que expresa su deseo de que El último mono sea de esas películas con las que «salgas de la sala diciendo ‘qué bien lo he pasado’ y que, después, cuando estés cenando esa misma noche con los amigos, empiece el debate; eso es muy sano».

Juan Dávila: «Ofendiditos siempre hay»

Si genera o no debate, aún queda en el aire, pero «ofendiditos siempre hay», como señala Dávila: «Estoy acostumbrado a que me insulten todos los días… abro Instagram y alguno me escribe ‘te voy a matar, te voy a reventar’. No creo que sea más fuerte que eso».

El último mono coge una parte de la polarización que se ve en el día a día para hacer humor. Porque sí, la comedia, como el drama, también puede abordar la crítica social. Sin embargo, existe el ninguneo sistemático de la comedia en parte de la industria que no trabaja el género -y no en el público, que ya deja claro que la respalda-. «A veces, si tratas el mismo tema desde el drama, parece que le das mucho más peso, y si lo haces desde la comedia, parece que le quitas importancia», lamenta el actor.

Juan Dávila añade una reflexión, desde la experiencia, sobre el valor terapéutico del humor. Lo ha podido comprobar en sus famosas giras, que se dispararon con La capital del pecado: «Trato temas como la muerte, el cáncer, la ELA, todo tipo de enfermedades raras o discapacidades, y liberarlo con la risa es necesario para vivir».

Tampoco los académicos parecen poner la comedia al mismo nivel que otros géneros, salvo excepciones. «Entiendo que igual unos premios tienen que apoyar películas que necesitan un poquito más de publicidad, y me parece bien. Lo que no me gusta, y por eso sí que no paso, es que para reivindicar tu trabajo hables mal del de otro», explica Joaquín Mazón.

Joaquín Mazón: «Si yo no hablo mal de tus películas, ¿por qué tú sí de las mías?»

El director entiende que todos están «en el mismo barco», y que si una película hace taquilla, es motivo de alegría para todo el cine español. Además, ayuda a generar el hábito de ir al cine en el espectador, como se está comprobando en este preciso instante en las salas, con récord de asistencia. «Yo estoy muy feliz con que la gente vaya al cine. Lo que no me cabe en la cabeza es que compañeros del cine español denuesten tu trabajo por hacer una película familiar con Leo Harlem», desarrolla.

Este asunto le «toca un poco las narices» a Mazón: «Si yo no hablo mal de tus películas, ¿por qué tú tienes que hablar mal de las mías? Me parece un ejercicio muy feo. No digo que sea así en general, pero pasa, y cuando una película funciona, es bueno para el resto». Pasa, y Juan Dávila no sabe si es por «frustración, envidia o el querer estar en el lugar del otro», porque lo cierto es que la comedia española suele hacer mejor taquilla que el resto de producciones.

Y, lejos de eludir las comparaciones con referentes del género como Santiago Segura, Joaquín Mazón las abraza. «Me flipan las películas de Santiago Segura», señala, y se muestra optimista sobre el impacto comercial cuando se compara el aire fresco de El último mono con el de Torrente: «Ojalá me comparen con Torrente. Lo admiro mucho, para mí sería un honor. Hablé con Santiago Segura hace un tiempo y comentamos ‘a ver si conseguimos darle un volantazo al cine español para que seamos un poco más atrevidos o arriesgados en la comedia».

‘El último mono’: actores sí, ‘influencers’ no

Finalmente, el director también aprovecha para reivindicar el trabajo del actor que ha picado piedra para conseguir un papel, en medio de una industria que cada vez hace más hueco en el casting a quien pueda promocionar la película ante un buen número de seguidores en redes sociales. De hecho, Joaquín Mazón enfatiza la trayectoria de Juan Dávila, al que muchos le siguen colgando la etiqueta de ex policía monologuista para restarle valor como intérprete.

«Indudablemente, Juan es protagonista de esta película porque tiene éxito como monologuista, pero es que detrás de eso hay un actor con herramientas. Tiene una carrera de picar piedra durante años y años, y se ha preparado mucho, igual que María Hervás», menciona, en referencia a la actriz que también reivindicó en su momento públicamente el trabajo actoral frente al boom de quienes no han trabajado el oficio.

«Un cirujano no llega y dice ‘se me da bien el juego, puedo operar a corazón abierto’, aunque no sean comparables los trabajos. Un actor, formado, tendrá herramientas para crecer, ir de menos a más y tener una carrera larga», sentencia el director de El último mono.