74 Festival Internacional de Cine de San Sebastián (SSIFF)

Todos hablan del vestido joya de Penélope Cruz… y un pequeño descuido remata un look que no convence del todo

Penélope Cruz
Penélope Cruz. (Foto: EP)
Ana Márquez

Penélope Cruz continúa su particular ruta por algunos de los grandes festivales internacionales de cine. Después de verla hace solo unos días en Toronto, la actriz española aterrizaba este sábado en Donostia para presentar The Invite (La invitación), la nueva película de Olivia Wilde. Y, como era de esperar, su paso por la alfombra roja no pasó precisamente desapercibido.

Para la ocasión, Penélope escogió un minivestido de la colección de Alta Costura primavera-verano 2026 de Miss Sohee, la firma de la diseñadora surcoreana Sohee Park. Un diseño negro de escote palabra de honor construido a partir de un corsé estructurado que se ajusta al cuerpo y se remata con delicados frunces de acabado sedoso.

Pero si algo convierte el vestido en una auténtica pieza joya es su decoración. Incrustaciones, bordados y aplicaciones brillantes en tonos dorados y plateados recorren el busto y se multiplican sobre la falda hasta formar un jardín de motivos florales. Un trabajo artesanal muy ligado al universo de Miss Sohee, que ha hecho del corsé y del bordado dos de sus grandes señas de identidad.

Penélope Cruz
Penélope Cruz. (Foto: EP)

Sobre el papel, el vestido lo tiene todo para funcionar. Puesto, sin embargo, el resultado genera alguna duda. La silueta excesivamente rígida no termina de realzar la figura de Penélope y la acumulación de pedrería y aplicaciones, aunque espectacular de cerca, hace que el conjunto pierda parte de la sofisticación que cabría esperar de una pieza de Alta Costura. Más que elevar el diseño, tanto brillo termina dándole un acabado algo menos refinado de lo esperado.

Y luego está ese pequeño detalle que, una vez visto, cuesta ignorar. Penélope completó el look con unas sandalias negras de tacón en las que varios dedos sobresalían por la parte delantera. Un descuido aparentemente insignificante, sí, pero visualmente poco favorecedor y especialmente llamativo en una alfombra roja donde cada detalle cuenta. Porque esta vez no es cuestión de que falten joyas, bordados o brillo. Quizá, precisamente, hay demasiado de todo.