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Patricia Beurkens, diseñadora de lencería, recuerda el día que Madonna apareció en corsé: «Demostró que sensualidad y poder no están reñidos»

Madonna
Madonna y Patricia Beurkens, directora creativa de Hunkemöller. (Foto: EP)
Ana Márquez

La lencería lleva siglos contando mucho más de lo que parece. Los corsés hablan de una época en la que el cuerpo femenino debía ajustarse a un determinado ideal, hasta que Madonna convirtió esta prenda en una declaración de poder sobre el escenario. Una revolución que sigue vigente décadas después, cuando la artista continúa en lo más alto de la música y acaba de coronarse como una de las grandes protagonistas de los MTV Awards, donde se llevó tres premios: colaboración, baile y artista del año. Ahora, aquella lencería que Madonna sacó del dormitorio para llevarla al escenario forma parte de un lenguaje de moda mucho más libre: ya no se trata sólo de enseñar, sino de decidir cómo queremos llevarla.

Con motivo de los 140 años de Hunkemöller y la recuperación de parte de su archivo para crear The Heritage Collection, Patricia Beurkens, directora creativa de la firma, se detiene en la evolución de una industria que ha acompañado (y también condicionado) la relación de las mujeres con su propio cuerpo. De los corsés y las ballenas a los encajes que se llevan bajo una americana, la lencería se ha convertido en un lenguaje de moda que habla de libertad, identidad y, sobre todo, elección.

Desfile 140 aniversario Hunkemöller. (Foto: Marijke Aerden)

La lencería como reflejo de cada época

«La lencería es casi un documento social», explica Beurkens. «Nos habla de lo que se esperaba de las mujeres y, cada vez más, de lo que ellas querían llegar a ser». Los archivos históricos permiten comprobar cómo han cambiado no sólo las prendas, sino también los códigos sociales asociados a ellas.

Los corsés, por ejemplo, hablaban de estatus, control y de un determinado ideal de silueta. Después llegaron nuevas formas de entender el cuerpo y el movimiento. «En los años 20 llegó una nueva libertad de movimiento. La feminidad tan estructurada de los años 50 respondía a otro ideal social, mientras que en los 60 empezó a cuestionarse la idea de que las mujeres tuvieran que vestir de una determinada manera», señala.

Por eso, al recuperar piezas del pasado, Beurkens no cree que se trate de volver literalmente atrás. «Lo que merece la pena recuperar no es la parte de restricción, sino el cuidado y la intención que había detrás de esas prendas». Entre los elementos que más le han llamado la atención están las estructuras de los antiguos corsés, las ballenas, los cordones y la artesanía, pero también la suavidad del algodón, los lazos y los encajes delicados.

El cambio fundamental, a su juicio, está en quién tiene ahora el control del relato. «Antes, un corsé moldeaba el cuerpo para adaptarlo a un ideal; hoy puede ser una forma de expresar fuerza, sensualidad o simplemente una manera de jugar con el estilismo». Y añade: «Ese paso de dejar que la sociedad decida cómo debe ser nuestro cuerpo a elegir nosotras mismas cómo queremos sentirnos en él dice mucho de cómo han evolucionado las identidades de las mujeres».

(Foto: Hunkemöller)

De Madonna a Rihanna: cuando la lencería dejó de esconderse

Uno de los grandes puntos de inflexión llegó en los años 80, cuando Madonna llevó el corsé al escenario y convirtió una prenda tradicionalmente íntima en parte de su vestuario. Para Beurkens, aquel gesto fue mucho más que una cuestión estética.

«Madonna hizo visible la lencería en un momento en el que se esperaba que permaneciera oculta», explica. «Al llevar el corsé al escenario, lo convirtió en una forma de apropiación: pasó de ser algo que se escondía a convertirse en una declaración».

La importancia de aquella ruptura está también en haber separado sensualidad y sometimiento. «Demostró que sensualidad y poder no tienen por qué estar reñidos», apunta la directora creativa. Madonna cuestionó la idea de que una mujer que muestra su cuerpo esté necesariamente sometiéndose a la mirada de los demás. «Podía utilizar los códigos de la lencería en sus propios términos».

Una idea que, décadas después, continúa evolucionando con artistas como Rihanna. Pero, según Beurkens, existe una diferencia importante entre aquella provocación y el momento actual. «Hoy la lencería está mucho más integrada en la moda, la escena y también en el día a día». Un cuerpo bajo una americana, un encaje bajo una prenda transparente o un sujetador convertido deliberadamente en parte del estilismo ya no tienen por qué resultar transgresores.

La nueva tendencia: enseñar lencería sin que sea necesariamente una provocación

La tendencia actual no consiste únicamente en recuperar el encaje o los corsés, sino en cambiar la manera de entenderlos. La ropa interior puede formar parte del look sin que eso implique necesariamente una declaración sexual.

«Las mujeres más interesantes no se limitan a enseñar lencería; la utilizan para expresar quiénes son», sostiene Beurkens. Y ahí encuentra uno de los grandes cambios respecto a décadas anteriores: «Hoy vemos una mayor diversidad de cuerpos, edades, identidades y formas de vivir la sensualidad».

En lugar de hablar de una única manera de llevar lencería, la diseñadora apuesta por una idea mucho más amplia: la intención. «La conversación tiene menos que ver con el impacto o el escándalo y más con la capacidad de decidir sobre una misma».

También por eso prefiere hablar de diseñadores y de nuevas propuestas creativas antes que de una celebrity concreta como referente. Cita, por ejemplo, la colaboración con Tess van Zalinge y su manera de integrar la lencería en prendas exteriores a través de transparencias, capas y estructuras. «Ya no es sólo algo que llevamos debajo de la ropa; puede convertirse en una parte intencionada del look sin perder su intimidad».

Una idea que también se está viendo en las grandes pasarelas. Prada, Fendi y otras firmas han recuperado slips, corsés, encajes y códigos tradicionalmente asociados a la ropa interior, pero trasladándolos a una estética contemporánea.

Desfile 140 aniversario Hunkemöller. (Foto: Marijke Aerden)

¿Corregir el cuerpo o acompañarlo?

Quizá el cambio más importante se encuentre precisamente aquí. Durante décadas, buena parte de la lencería se diseñó para modificar la silueta: levantar, reducir, comprimir, moldear. Hoy la conversación es diferente.

«Para mí, lo primero es acompañar el cuerpo», afirma Beurkens. «La lencería nunca debería hacer sentir a una mujer que tiene que corregirse. Debería acompañarla, moverse con ella y permitirle sentirse cómoda y segura consigo misma».

Eso no significa que las prendas que transforman la silueta hayan desaparecido. Un push-up, un corsé o una prenda de control pueden seguir teniendo un papel, pero la diferencia está en quién decide utilizarlos y para qué. «Un buen sujetador push-up, un corsé o una prenda de control pueden cambiar la forma en la que una mujer se siente y eso puede ser maravilloso», reconoce. La clave, insiste, está en la intención: «La prenda debe potenciar una sensación que ella elige, no imponerle un único ideal».