Nicoletta Negrini: pasión, herencia y el alma de la gastronomía italiana en España
De Bolonia a España, Nicoletta Negrini ha acercado la auténtica despensa italiana con tradición y respeto al producto
Embajadora de la gastronomía italiana, ha unido Italia y España a través de Negrini
Hay viajes que se graban en el paladar, pero, sobre todo, en el corazón. Hace un par de años tuve la inmensa fortuna de viajar a Bolonia de la mano de una de mis grandes y más admiradas amigas: Nicoletta Negrini. Juntos recorrimos las entrañas de la fábrica de Embutidos Negrini, respiramos el aroma inconfundible de su famosa mortadela tradicional y de su exquisita mortadela al tartufo, y compartimos mesa y confidencias con su hermano y sus padres. En aquel viaje no sólo descubrí el milagro del aceto balsámico que elabora con mimo su madre, o los secretos de las bodegas y restaurantes de la zona; allí entendí el verdadero significado de la palabra familia vinculada a la tierra.
Nicoletta llegó a España en 1990 y, desde entonces, su misión ha sido educar nuestro criterio y traernos la excelencia de su país. Reconocida por la lista Forbes como una de las 100 mujeres más influyentes en España, hoy nos sumergimos en la historia de la auténtica embajadora de los productos de la despensa italiana. Una mujer que no concibe la cocina sin emoción: «La gastronomía no es sólo alimentar, es un acto de amor y cultura», suele recordar con esa pasión tan suya.
El origen de una saga: el respeto sagrado al producto
Para entender la envergadura de este imperio del sabor, es obligatorio viajar al origen, a la Emilia-Romaña. Todo comenzó en 1955, cuando Angelo Negrini fundó su empresa en Renazzo di Cento, un pueblo a pocos kilómetros de Bolonia, la ciudad considerada unánimemente la capital mundial de los embutidos. Desde aquel primer día, las premisas de la casa fueron innegociables: un riguroso respeto a la tradición y al producto, máxima calidad y una cuidada elaboración artesanal. Con ese ADN impregnado en las venas, tres generaciones de la familia Negrini han llevado a la empresa a ser una referencia absoluta en la industria alimentaria italiana e internacional, distribuyendo felicidad gastronómica en todo el mundo.
Cuando uno tiene la oportunidad de ver de cerca sus procesos, comprende que en la alta gama no existen los atajos. Su icónica mortadela de Bolonia o esa bendición que es la mortadela al tartufo no son fruto de la casualidad, sino del tiempo y del ojo experto del artesano. «La tecnología ayuda, pero el ojo del artesano y el respeto a los tiempos de cocción lenta son sagrados», nos confiesa Nicoletta al rememorar los secretos de su casa. Es esa misma paciencia infinita la que emplea su madre para criar un aceto balsámico que requiere años de maderas nobles y mimo, demostrando que el orgullo familiar es el motor de cada una de sus referencias.

La revolución de la despensa italiana en la península
Cuando Nicoletta aterrizó en la Península Ibérica en 1990, el panorama de la cocina italiana en nuestro país estaba encasillado en una visión muy industrial y desvirtuada de la pasta y la pizza. El reto era mayúsculo, casi una misión diplomática: «Llegué a España con una maleta y un propósito: demostrar que la cocina italiana va muchísimo más allá», explica con una sonrisa. Hizo falta mucha pedagogía, recorrer restaurante por restaurante y hablar cara a cara con el sector HORECA para romper prejuicios y descubrirnos la verdadera textura de una burrata fresca, el crujido de unos buenos grissini o los matices de un Lambrusco de calidad, un vino que merecía ocupar un lugar de honor y no los estantes de gran consumo a los que nos habían acostumbrado.
Esa constancia y ese amor ciego por transmitir los valores de su tierra han llevado a Negrini al liderazgo indiscutible en la península ibérica como el mayor importador de alimentos y vinos italianos. Su exclusivo catálogo es hoy una tentación inabarcable que contiene más de 1500 referencias de productos, fruto de una esmerada y exquisita selección personal. Nicoletta no se detiene; sigue recorriendo la geografía italiana de norte a sur, metiéndose en pequeños obradores en una búsqueda constante de los mejores productores. De este modo, completa la oferta de embutidos que ellos mismos producen con otras joyas típicas italianas creadas bajo el sello y la garantía de la marca Negrini, como la burrata, provolone, mozzarella de búfala, ricotta, mascarpone, pesto, aceto balsámico, Parmigiano Reggiano, vitel tonné o grissini, entre muchos otros.

Influencia, liderazgo y la resistencia del sabor auténtico
El peso de Nicoletta en el sector no ha pasado desapercibido. Su inclusión en la prestigiosa lista Forbes es el reflejo de una trayectoria impecable en un entorno que, históricamente, ha estado dominado por hombres. Sin embargo, para ella, este reconocimiento va mucho más allá de las cifras de negocio o las posiciones de poder: «La influencia real no es el poder, sino la capacidad de inspirar y de transformar la cultura gastronómica de un lugar». Y vaya si lo ha logrado. Su figura ha dignificado el papel de la mujer en la distribución y la alta gestión agroalimentaria, aportando una sensibilidad y una intuición que se palpan en cada alianza estratégica que firma.
En un mercado actual marcado por la inmediatez, la globalización y la peligrosa tendencia de primar el precio sobre el origen, la filosofía de Negrini se erige como un faro de resistencia gourmet. El consumidor moderno, cada vez más formado y exigente, busca historias reales detrás de lo que se lleva a la boca. Busca honestidad y trazabilidad. El futuro, por tanto, pertenece a quienes no traicionan sus raíces. Este futuro ya es un presente con la incorporación, hace dos años, de su hijo Giovanni, cuarta generación, que dejó su trabajo en inversión y finanzas para continuar con la tradición de la familia Junto a ellos, un equipo de 200 profesionales, algunos de los cuales llevan más de 30 años en la empresa.
Disfrutar de unos días con Nicoletta Negrini es aprender a mirar la gastronomía con los ojos de quien sabe disfrutar de los placeres sencillos pero perfectos. Si tuviera que quedarse con un último instante, con un bocado que resuma su existencia, lo tiene claro: una lasca fina de mortadela al tartufo recién cortada, un trozo de focaccia crujiente, unas gotas del aceto balsámico de su madre y una copa de vino italiano para brindar por la amistad. Por los viajes que nos unen y por la suerte de tener a la auténtica embajadora de Italia compartiendo su pasión en nuestra mesa. Grazie, amica mía.
