Cool
11-S

Larry Silverstein, el magnate que alquiló las Torres Gemelas días antes del 11-S y convirtió la Zona Cero en el proyecto de su vida

El nombre de Larry Silverstein quedó unido para siempre al de las Torres Gemelas apenas seis semanas antes de que los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaran el mundo. El magnate inmobiliario acababa de firmar un contrato de 3.200 millones de dólares (2.757 millones de euros) para explotar durante 99 años el World Trade Center. Aquella operación debía ser la culminación de su carrera, pero terminó convirtiéndose en el proyecto que marcaría el resto de su vida.

Silverstein tenía entonces 70 años y empezaba a pensar en la jubilación. El contrato firmado en julio de 2001 le concedía la gestión de las Torres Gemelas, de los edificios 4 y 5 del complejo y de cerca de 40.000 metros cuadrados de superficie comercial. También le imponía una obligación que nadie imaginaba que tendría que asumir tan pronto: reconstruir los inmuebles si estos eran destruidos.

Una cita médica le salvó la vida

Tras hacerse con el control del World Trade Center, Silverstein comenzó a desayunar casi todas las mañanas en Windows on the World, el exclusivo restaurante situado en la planta 107 de la Torre Norte. Después se reunía durante varias horas con los inquilinos del complejo. El 11 de septiembre debía repetir aquella rutina. Sin embargo, su mujer había concertado para él una cita médica y se negó a cancelarla, pese a que el empresario insistió en que tenía demasiado trabajo. Esa decisión terminó salvándole la vida.

Las Torres Gemelas en el día del atentado. (FotoEP)

«Le dije a mi mujer: Cariño, cancela la cita. Tengo muchísimo que hacer en el World Trade Center. Se enfadó y me dijo que tenía que ir. Al final, eso me salvó», recordaría años después, así recogió el Manhattan Institute. Silverstein se encontraba todavía en casa cuando el primer avión impactó contra la Torre Norte. Encendió la televisión y pudo ver en directo cómo el segundo aparato chocaba contra la Torre Sur.

El magnate describió posteriormente aquella jornada como «el peor día de su vida». Pero, lejos de retirarse, decidió reconstruir el complejo casi inmediatamente. Su esposa también fue decisiva entonces: sabía que Silverstein no sería capaz de abandonar el proyecto y le animó a seguir adelante.

Una batalla de miles de millones

La reconstrucción dio paso a años de litigios con las aseguradoras. El principal debate consistía en determinar si el impacto de los dos aviones debía considerarse un único siniestro o dos ataques diferentes, una distinción que condicionaba las indemnizaciones. Las resoluciones judiciales obligaron finalmente a las compañías a aportar alrededor de 4.600 millones de dólares para las nuevas construcciones.

A las disputas económicas se sumaron los enfrentamientos políticos, los cambios de diseño, la búsqueda de inquilinos y la dificultad de levantar un nuevo distrito financiero sobre un lugar convertido también en espacio de memoria. La transformación completa ha requerido más de 20.000 millones de dólares de inversión pública y privada.

Monumento Nacional al 11-S. (Foto: AdobeStock)

El resultado es un nuevo complejo con cerca de 930.000 metros cuadrados de oficinas, medio millón de pies cuadrados de comercios, un intercambiador de transporte, el Museo y Memorial del 11-S y un centro de artes escénicas. El sur de Manhattan, que muchos creyeron condenado tras el atentado, ha recuperado más de 230.000 puestos de trabajo y su población prácticamente se ha triplicado en 25 años.

El último rascacielos de la Zona Cero

A sus 95 años, Silverstein todavía no ha dado por terminada su misión. El último gran proyecto de la Zona Cero ya está en marcha: 2 World Trade Center, una torre de 55 plantas diseñada por el estudio Foster + Partners que se convertirá en la nueva sede mundial de American Express.

El edificio, cuya inauguración está prevista para 2031, supondrá la culminación del plan de reconstrucción diseñado tras los atentados. Silverstein pensó inicialmente que todo estaría terminado en 2020. Los retrasos, las crisis económicas y la retirada de potenciales inquilinos alargaron mucho más los plazos. Aun así, el empresario nunca renunció a completar lo que considera la gran obra de su vida.