Filipa Sáragga, artista portuguesa, reflexiona sobre la maternidad en su obra: «No ha sido nada fácil para mi»
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El arte nos enseña que hay momentos de la vida que pueden canalizarse a través de un lienzo. Con esta filosofía, la artista portuguesa Filipa Sáragga d’Orey ha aterrizado en Madrid con su primera exposición internacional denominada Las tres hijas. Referente al arte contemporáneo, la artista ofrece una muestra que explora la maternidad, la familia, la fe y el proceso creativo con el que arquitectura, lenguaje e imagen se entrecruzan. La exposición Las tres hijas estará presente en la Galería Jorge Alcolea, situada en el corazón del Barrio Salamanca, hasta el próximo 3 de noviembre. Antes de la apertura, nos sentamos a hablar con ella de las primeras veces en Madrid y de cómo esta ciudad se convirtió en el punto donde comenzó a germinar la idea de hacer su primera exposición en el extranjero, que hizo expandirse una pequeña idea pintada en un lienzo.
Dos obras, una a cada lado de la puerta, conceden al caminante por la calle Claudio Coello las primeras pistas de lo que ofrece la colección Las tres hijas. Los más de 20 lienzos cubren las paredes de la galería. «No hay un orden para verlas, quiero que la gente las mire sin saber mucho qué significa cada obra, así tendrá una interpretación personal», explica Filipa. No hay orden, pero sí que aparece entre ellas una línea narrativa que discurre a través del color, la forma y la aparición triple de un mismo objeto en el lienzo, que cambia su forma cuando saltas a la siguiente pintura. «Pueden ser tres barcos, tres caballos o tres niñas», expresa la artista.
Es la primera vez que su obra sale de Portugal, y reconoce que siente una mezcla de nervios y emoción; «la verdad es que esta ciudad me ha tratado genial, y eso me tranquiliza», confiesa. Su relación con la ciudad comenzó por convencimiento de su marido; «él fue quien me dijo: «Tienes que ir a España, a las exposiciones internacionales, porque en estas ferias es donde se hacen contactos de verdad». Vinieron, pero con la intención de traer una colección de libros infantiles con fines benéficos en los que ha trabajado aportando la narración y las ilustraciones.
«Lo intenté mover aquí con una compañera, que me animó a venir a Arco y al Salón de Arte Moderno». Ahí fue donde conoció a Jorge Alcolea, quien en aquel momento estaba como curador de una de las exposiciones del encuentro. «Nos conocimos y miró mi trabajo, pero, ya sabes, por simpatía, yo pensaba. Aun así, fui corriendo a imprimir una muestra de mi colección para mostrársela». La respuesta fue más positiva de lo que se esperaba. «Pero esto me encanta, yo quiero esto. Tú vas a exponer en Madrid», respondió.
Confiesa que su marido ha sido una figura determinante tanto en la expansión al extranjero de sus exposiciones como en su vida. Pedro d’Orey procede de una familia tradicional portuguesa vinculada al vino, la cría de caballos y al toreo. De hecho, guarda parentesco con uno de los toreros más conocidos de Portugal, compartiendo cartel con los Peralta y los Domecq en España. «Nuestra historia es curiosa», confiesa, «porque yo estaba en un muy mal momento y empecé a manifestar al hombre que quería dibujándolo. Lo raro es que yo siempre me había imaginado casada con un hombre rubio, y el que aparecía en las pinturas era moreno de ojos verdes. Cuando vi a Pedro, supe que era él».
La maternidad como voluntad
Después vinieron sus tres hijas, Asunción, Dulce y Carmo, que hoy representa de forma literal y metafórica en su colección. Mirando cronológicamente la construcción de la muestra, Filipa nos señala al gran lienzo que se encuentra en la pared izquierda de la galería, una obra que representa un campo presidido por una extensión cuadrada en la que la artista representa toda su familia en diferentes planos y que fue la primera pintura de la colección. «Esta pieza me llevó 3 meses y medio», tras lo que añade: «La primera es siempre la que demora más tiempo porque tiene más atención, ya que es la que va a sembrar el camino a las otras».
El resto de las obras, efectivamente, se desarrolla entre paisajes imaginativos que discurren entre praderas y lagos y un elemento común, representado con una superficie de cuadros que aparece siempre en el suelo de todas sus obras. «Todo empieza por aquí, una alfombra que hizo mi madrina y sobre la que jugaban mis tres hijas. Los cuadrados representan la alfombra vista de otras maneras».
La maternidad es la intención más importante que se encuentra tras la colección Las tres hijas. La voluntad de dibujar un aspecto de su vida tan significativo confiere a la colección una atmósfera más personal; más aún cuando Filipa nos cuenta su relación con la maternidad. «Ha sido muy difícil para mí ser madre», apunta. La pérdida de dos embarazos y la enfermedad que contrajo tras dar a luz a su primera hija hicieron que para ella materializar este proceso fuese una terapia, la representación de un momento que «gracias a Dios, después de haber pasado todo esto, me dio dos hijas maravillosas», expresa. «Todos se pusieron muy contentos cuando vieron la colección. Fue muy bueno porque he invertido mucho tiempo de mi vida en esta colección».
El proceso de creación
Ha sido un proceso de casi dos años en el que Filipa ha trabajado «sin descanso, sin fines de semana, ni festivos, ni nada» para dar forma a esta colección, pero no ha estado sola. Además del incondicional apoyo de su familia, Filipa estuvo profesionalmente acompañada por un conocido curador de arte. «Él es muy bueno, trabaja en galerías estupendas y me ayudó a estudiar, a mirar muchos artistas y a cuestionar todo lo que hacía».
La colección habla tanto de familia como de fe. La religión forma una parte determinante y muy influyente en la vida de la artista, un aspecto que materializa a través de la representación de elementos como iglesias o cruces, que aparecen en muchas de las obras, concretamente en el retrato de toda su familia. «Al final, la colección es una representación de mi familia, es una oración de gratitud a Dios porque he sido madre, pero también representa un proceso que me ha llevado a pensar más alto, a cuestionar todo, la propia historia del arte. Me ha hecho elevar los niveles de trabajo», reflexiona.
Esta exposición rompe con las fronteras de su país y representa su primera muestra organizada en el extranjero. El día de la inauguración, figuras como el embajador de Portugal acudieron a acompañarla en un día tan especial en su carrera. Con ello, una pregunta inevitable que hacemos a la artista es: ¿a dónde te gustaría ir, o sea, llegar con esta exposición?
«No soy muy ambiciosa; aprendí con la vida que no podemos hacer muchos planes porque no controlamos nuestra vida, no sabemos si mañana estaremos aquí. Estoy viviendo este momento que es muy bonito, de profunda gratitud por mi marido y por mis hijas. Mi madre siempre me dice que es bueno no tener mucha expectativa. «Hacer la baja, porque después, cuando las cosas buenas acontecen, es increíble. Entonces pienso que es por eso que estoy viviendo de una forma serena el día de hoy», responde. Con esto, cierra un proyecto crucial en su carrera que cruza a la perfección dos de los pilares que han marcado su carrera: ilustración y palabra.
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