Brian Lavio, fundador de Centro de Valores y la nueva forma de proteger el lujo: «No queríamos hacer otra caja de seguridad»
Dua Lipa impacta en el concierto de Shakira con un vestido transparente y joyas de Bvlgari de 61.800 euros
El Ferrari 550 Maranello de Michael Jordan bate récord al venderse por 2,4 millones de euros
¿Qué hace alguien cuando aquello que posee empieza a valer demasiado como para dejarlo en casa? La respuesta puede ser un reloj, una colección de vino, una obra de arte, documentos familiares, joyas o incluso objetos cuyo valor no se puede medir únicamente en dinero. Esa es la pregunta sobre la que Brian Lavio y sus socios construyeron Centro de Valores, un espacio privado de alta seguridad en Madrid que reúne cajas de seguridad, custodia de arte, conservación de vino y servicios para facilitar operaciones con bienes de valor. Pero Lavio no habla de su proyecto como de una simple cámara acorazada. Su planteamiento es otro: «Lo que hay aquí no es nuestro. Nosotros somos los conserjes». Una frase que resume una filosofía basada en que el centro no debe decidir cuándo el propietario puede acceder a sus bienes, sino poner la seguridad, la tecnología y los servicios necesarios para que pueda protegerlos y utilizarlos cuando lo necesite.
«No queríamos hacer otra caja de seguridad»
Brian Lavio llega al proyecto desde el mundo del lujo y, especialmente, de la relojería. Durante años trabajó en un sector en el que el valor de una pieza puede multiplicarse por su exclusividad, su historia o simplemente por la demanda del momento.
De esa experiencia nació también una necesidad personal. Había utilizado diferentes lugares para guardar sus propios objetos y tenía claro que el modelo tradicional podía mejorarse.
«Yo conocía muy bien las necesidades de alguien que compra un reloj, una joya o cualquier objeto de valor. Cuando empecé a pensar en este proyecto, tenía muy presentes todas las expectativas que yo mismo había tenido como cliente».
El resultado fue Centro de Valores, concebido desde el principio como algo más amplio que una caja bancaria. «No queríamos hacer simplemente una caja de seguridad. Tampoco queríamos hacer un almacén de arte. Queríamos crear un espacio para que las personas pudieran disfrutar de sus cosas y protegerlas en el tiempo».
«Lo que hay dentro no es nuestro»
Ahí está, probablemente, una de las claves del discurso de Lavio. Su modelo parte de una diferencia fundamental respecto a la concepción tradicional de las cajas de seguridad. «En un banco, la caja de seguridad formaba parte de toda la relación bancaria. Nosotros planteamos justamente lo contrario: aquí custodiamos cosas que no son nuestras».
Y lo resume de una manera mucho más gráfica: «Nosotros somos los conserjes».
La comparación no es casual. Para el empresario, el centro tiene que poner la infraestructura y la seguridad, pero el propietario debe conservar el control sobre aquello que guarda. «Si lo que hay dentro no es nuestro, el cliente tiene que poder venir cuando él quiera, no cuando nosotros digamos».
Por eso el horario es una parte importante del servicio. El centro funciona durante el día y, cuando la puerta principal se cierra por la noche, existe la posibilidad de organizar accesos extraordinarios. «Si un cliente necesita venir a las tres de la mañana, nos avisa con antelación y nosotros estamos aquí para recibirle».
La seguridad empieza antes de entrar
El sistema no se limita a una puerta blindada. De hecho, una de las obsesiones del proyecto ha sido reducir el tiempo que el cliente permanece expuesto en el exterior. «Lo primero que queremos es que las personas estén fuera, expuestas al mundo exterior, el menor tiempo posible». Por eso los clientes que llegan en coche pueden acceder directamente al interior y continuar hasta la zona de espera. A partir de ahí comienza una sucesión de controles.
La tecnología también juega un papel protagonista. Lavio explica que el centro cuenta con sensores capaces de detectar vibraciones, cambios de temperatura o movimientos y con sistemas que permiten establecer auténticos perímetros invisibles. «No todo es como en las películas, con láseres cruzando una habitación. Podemos crear muros virtuales que no se ven».
En determinados puntos, el sistema analiza incluso el volumen y la densidad de aquello que atraviesa una zona determinada. «Puede pasar un gato, pero no puede pasar una persona. El sistema analiza qué está atravesando ese muro invisible».