Jose Food Vibes, influencer gastronómico: «Ser creador de contenido es más difícil y exigente que mi antiguo trabajo como consultor»
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En un mundo en el que los influencers están tomando el control, surge una pregunta inevitable: ¿realmente funcionan? Su presencia ya se ha instalado en alfombras rojas, galas de premios e incluso en uno de los sectores más exigentes: la gastronomía. El objetivo está claro: generar conversación, posicionar marcas y llenar mesas. Pero, lejos de esos perfiles que sólo buscan intercambios o una comida gratis, existe una nueva generación de creadores que está profesionalizando el contenido gastronómico y transformando la manera en la que descubrimos restaurantes.
Hace unos meses, desde COOL hablábamos con Kino Jerez, uno de los perfiles gastronómicos más destacados de redes sociales, que ya nos adelantó la realidad que existe detrás de las cámaras. Ahora damos un paso más y nos adentramos en el universo premium de este fenómeno. Charlamos con Jose Food Vibes y con Carmen, creadora del perfil Una chica que viaja, dos voces que han marcado este 2025 y que prometen seguir creciendo en 2026.
La primera gran pregunta sobre los influencers es clara: ¿en qué ayuda realmente un creador de contenido a un restaurante? Jose Food Vibes lo tiene claro: «Hasta hace no mucho, la publicidad solo se concebía en formato de anuncio de televisión o radio. Los jóvenes sienten eso como algo lejano que no conecta con su realidad. Las redes sociales y los creadores han transformado la publicidad. La han convertido en una recomendación de tú a tú, similar a la que te daría un colega».
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Y la realidad es evidente. El consumo de televisión tradicional cae año tras año, mientras TikTok e Instagram se han convertido en el nuevo buscador para las generaciones más jóvenes. Ya no se busca en Google dónde cenar. Se busca en redes sociales. «Su decisión de dónde salir a comer se basa en lo que encuentren aquí. Por eso se dice que si un negocio no está en redes, parece que ‘no existe’», añade Jose.
Pero este trabajo va mucho más allá de grabar un plato bonito y subirlo a Instagram. Detrás existe una estrategia muy medida. «Lo que más disfruto es contar la historia que esconde cada restaurante. Más allá de los platos, me centro en el contexto, la historia, los fundadores o el chef. Eso humaniza los negocios y genera ese sentimiento emocional de pertenencia que tanto buscamos las nuevas generaciones», explica.
En paralelo, también existe un nicho de influencers más regional y cercano. Ahí destaca Carmen desde Una chica que viaja, especializada en gastronomía y escapadas por el norte de España. «La gente piensa que esto es vivir de ir a comer. Está bastante idealizado. Se ve la copa de vino y el plato bonito, pero no la estrategia, el análisis de datos, la producción o la responsabilidad que implica recomendar un sitio», explica.
En su caso, además, hay una intención clara de poner en valor la identidad gastronómica del norte. «No se trata sólo de enseñar platos, sino de generar movimiento real y destacar el enorme potencial gastronómico que tenemos aquí», afirma. Y reconoce que muchos seguidores terminan cayendo en la tentación: «Muchas veces me dicen: ‘No sabía que me apetecía tanto ir hasta que lo vi en tu perfil’».
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Eso sí, hay una parte de esta profesión de la que casi nadie habla: el trabajo invisible. Porque detrás de cada vídeo hay horas de planificación, grabación y edición. Jose Food Vibes lo resume entre risas: «Ojalá fuese tan fácil como algunos lo pintan». Su caso sorprende especialmente porque estudió Matemáticas e Informática y trabajó durante cuatro años como consultor tecnológico antes de dedicarse por completo a las redes sociales.
«Comparando ambos trabajos, y aunque suene polémico, considero que ser creador de contenido es más difícil y exigente. Mantenerse relevante, generar ideas nuevas constantemente, depender de los algoritmos y cuidar tu salud mental mientras trabajas, no es sencillo», reconoce.
Y las cifras de tiempo hablan por sí solas. «En investigación y guion tardo unos 45 minutos. Después me desplazo y grabo durante unas dos horas y media. La edición suele llevarme unas tres horas. En total, unas seis horas por vídeo».
Además, deja claro que no todo vale. «Yo no publico sitios que no recomendaría a un amigo. No me siento en la potestad de hablar mal de un local y hacer daño. Si no me gusta, no lo subo, aunque haya perdido el tiempo de grabación».
Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿realmente los influencers llenan restaurantes? Y la respuesta parece ser sí. «La conversión es difícil de medir exactamente, pero sí se notan resultados. Hay sitios como Focacciamo, Dum Dum, Kazu o Yantar Sidrería que me han confirmado que, después de publicar contenido, notaron un aumento de reservas. Y eso es lo que más feliz me hace», explica Jose.
Carmen conoce perfectamente ambas caras del negocio porque, además de creadora de Una chica que viaja, también forma parte de proyectos hosteleros en Santander como El Sol, Bodega Montaña o Diluvio. «No me gusta atribuirme el crecimiento de nadie porque detrás hay un trabajo enorme del equipo, pero sí ocurre que, tras publicar, muchos restaurantes nos hablan de picos de reservas o fines de semana completos».
Y aquí llega el gran tema tabú: el dinero. Porque todavía existe una parte de la hostelería que sigue sin entender el impacto real de los influencers en las redes sociales. «En restauración aún domina una generación que no tiene interiorizadas las redes sociales y sigue confiando más en la publicidad tradicional», explica Jose.
Sin embargo, la situación cambia completamente cuando hablamos de grandes grupos. «Las grandes cadenas cuentan con equipos de marketing especializados y presupuestos destinados específicamente a creadores. Ahí sí entienden perfectamente el valor que tienen las redes sociales».
Carmen resume perfectamente el verdadero objetivo de esta nueva publicidad digital: «No se trata sólo de generar visibilidad. Se trata de generar movimiento sostenible. No buscar simplemente likes, sino mesas llenas».
Y quizás ahí esté la clave de todo. Porque puede gustar más o menos, pero mientras los influencers sigan llenando restaurantes y convirtiéndose en el buscador favorito de las nuevas generaciones, queda claro que los creadores gastronómicos ya no son el futuro. Son el presente.
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